Autor: Por Joaquín Fermandois
Columnas de Opinión: Encrucijada, escenario mundial
Columnas de Opinión: Encrucijada, escenario mundial Los acontecimientos que se suceden en torno a Venezuela obligan a tener aclaradas un par de nociones básicas de la arquitectura global de estos años no solo en América Latina, porque ello incide en especial en la posición de la próxima administración de nuestro Presidente electo. Que el mundo evoluciona y también retorna sobre sí mismo, es un hecho de la causa. En la política mundial, la situación de 1945 o de 1989 no iba a quedar congelada en un haz de posibilidades previsibles. Jamás ha sido así.
Como prueba de la centralidad del papel de EE.UU. desde el 1900 hasta ahora, el trastocamiento del orden mundial está principalmente vinculado al espectacular sismo político que ha venido ocurriendo en EE.UU., intensificado este último año.
Estamos envueltos en un cambio monumental de la autoconciencia norteamericana y de su posición ante el mundo, solo que todavía no sabemos si será una fase intermedia de una larga trayectoria que ha sido diferente, o si realmente va a transformar con drasticidad su posición internacional.
Si miramos 10 años atrás y lo comparamos con el presente, el resto de las potencias y grandes actores, así como otros procesos concomitantes a toda realidad histórica, evolucionaron de acuerdo con un patrón más o menos previsible, con tendencias de largo plazo: Rusia, China, la India, la relativa crisis de la Unión Europea que asomó su cabeza hace ya más de 30 años. América Latina, para qué decir.
En cambio, la evolución norteamericana, procediendo de algunos rasgos de su historia (aunque no dominantes en su aproximación al mundo), constituye el factor nuevo del cuadro internacional, que está teniendo consecuencias sísmicas. ¿Cómo entra Chile en esta ecuación? Toda evaluación debe asumir dos nuevas realidades que se hicieron manifiestas con los trastornos desatados principalmente por el torbellino de Washington. La primera es la devaluación del derecho internacional político y económico. ¿Que importa solo el poder? Mas, el derecho ha sido una trinchera no del todo ineficaz en favor del débil. En nuestro país esto ha sido un fundamento de su política exterior desde fines del XIX, y quizás desde OHiggins. La actual internacionalización de la economía, que ha traído no pocas ventajas, se apoya en una red de tratados que inevitablemente se marchitan en la circunstancia actual. El segundo es la declaración descarnada de la lucha de poder como principio absoluto de la relación entre las grandes potencias, con la posibilidad real de que el ejemplo cunda en escenarios marginales. Una de las anclas del sistema internacional con la que más nos hemos identificado es aquella de las democracias desarrolladas y, con excepciones, del liderazgo norteamericano. Quizás este polo no desaparecerá del todo, pero cada día está más eclipsado. Es dudoso que la democracia sobreviva con vigor si se esfuma allí donde por primera vez fue acunada. Aunque como sistema se ha extendido, su fortaleza será cada vez más endeble. En un mundo con deal menos con esa dirección, se conmina a países como Chile a escoger.
En lo concreto, esto lleva a un equilibrio entre dos potencias China y EE.UU. que no son idénticas para nosotros, pero con las cuales, mientras se posea un margen de maniobra, se debe transitar por un estrecho y peligroso desfiladero. Aun en una circunstancia en que se esté entre la espada y la pared, no se debe olvidar un horizonte estratégico que atesore algunos principios. Sin estos últimos, el aparente realismo solo va a desenmascarar una triste realidad: la sumisión ante otros más poderosos, que no se trata solo de las grandes potencias.
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