Autor: Por Gustavo Alex Tapia Araya, cronista y escritor
Palabras y olvidos
Palabras y olvidos omo un filtro de osmosis C inversa, que deja entrar agua y expulsa otra de distinta característica, la lengua acepta un proceso de ingreso y egreso de palabras al ritmo que le impone la sociedad. Mientras hoy acuden al uso los términos emoji (nipón) y avatar (hindú), agonizan poruña, cuchufleta, guatapique y chirimoyo. Un emoji es un jeroglífico, retroceso a los faraones. El avatar, por el mismo estilo: representación gráfica que significa reencarnación. La poruña fue ese cucharón almacenero con que cerníamos granos en la pesa del mesón, y la cuchufleta nada más y nada menos que una mentira, hermana de chamullo y del cagüín. El changüí también fue un cahuín, la capotera una serie de golpes en la espalda con afán festivo propinada por la patota, y la mariguanza, teatro para hacer creer. El chinchoso un niño molestoso, y el amurrado otro enfurruñado. El cheque tuvo su lado B: el chirimoyo, un cheque sin fondos, ambos muertos por la digitalización del intercambio comercial. La guarifaifa solía ser la cosa. Y el cachencho una persona de facultades disminuidas. En el fútbol, a los malos para la pelota se les llamaba cachenchos, últimos escogidos para integrar el equipo de fútbol. "Lana", adjetivo para el individuo de inclinaciones folklóricas en su vestuario, hombre o mujer. A menudo la palabra se instalaba como un adjetivo para indicar carácter popular, contrapoder de la élite o del sistema capitalista.
Quizás si el ex arquero de Universidad Católica y comentarista televisivo Sergio Livingstone fue la última persona que en Chile utilizó el término "morrocotudo", adjetivo coloquial español utilizado para describir algo muy grande, extraordinario, intenso o impresionante. Un personaje abandonó su oficio antes que la palabra describiéndolo: el manicero, cosa que también ocurrió con el turronero. Pereció el cucurucho, común hasta los años 60, cuando los profesores ponían aquel a sus alumnos porros, palabra también fenecida. La teleserie cebollenta aludía a dramas llorones, especialmente los culebrones mexicanos. En la evaluación social de los individuos, el cuma fue el término antecesor del actual término flaite, aunque contenía más olor a delincuencia, a maleante. El aniñao era el actual choro, el matón y peleador. Cachivache es una cosa inútil, en buen o mal estado pero inútil al final. La palabra chalina sólo suena en boca de los abuelos, como los términos chaucha o contumelia. "Sacarle la contumelia" a alguien era aforrarle. Badulaque, una persona de mala conducta. El cafiola un proxeneta, un parásito. Un malón era fiesta en casa de amigos. Había merequetengue, había ritmo. También menjunje, alguna comida de mezcla indescifrable. Y el forrado, quien se súbito ascendía a la riqueza y contaba con todo. El patatús un desmayo, la botica una farmacia, el biógrafo sala de cine, la lipiria una infección estomacal y la pelela, la humilde y noble bacinica. Cz Autor: Por Gustavo Alex Tapia Araya, cronista y escritor. Linterna de Papel