Autor: Claudia Contreras Directora Colegio del Bosque
Cartas: Volver a encontrarnos
Cartas: Volver a encontrarnos · En el último tiempo, distintas situaciones de violencia y tensión vividas en espacios educativos han abierto nuevamente una conversación urgente sobre convivencia escolar, salud mental y bienestar socioemocional. Más allá de los casos particulares, pareciera existir una sensación compartida: muchas comunidades educativas están enfrentando altos niveles de agotamiento, desconexión y dificultad para vincularse. Frente a esto, quizás vale la pena preguntarnos no solo qué están aprendiendo hoy niños, niñas y jóvenes, sino también cómo y dónde están viviendo esos aprendizajes. Durante décadas, la escuela se ha ido volviendo un espacio cada vez más rígido, sedentario y centrado en resultados. En ese proceso, muchas veces hemos dejado fuera elementos esenciales para el desarrollo humano: el juego, el movimiento, la exploración, la experiencia compartida y el vínculo con el entorno. En nuestro caso, el aprendizaje al aire libre es parte central de la filosofía educativa del Colegio del Bosque. Más que realizar actividades fuera de la sala, entendemos este enfoque como una manera de aprender desde la experiencia, el descubrimiento y la relación con el territorio. Desde esa experiencia, hemos observado que cuando el aprendizaje incorpora el cuerpo, el recorrido y la conexión con elentorno, las dinámicas cambian. Ya sea en un bosque, una plaza, una huerta, una playa o caminando por la ciudad, aparecen más oportunidades para colaborar, conversar, observar y construir comunidad. No se trata únicamente de “estar en la naturaleza". Se trata de abrir la escuela al mundo real y comprender que el entorno también puede ser un espacio de aprendizaje y encuentro.
Cuando niños y niñas participan en experiencias más activas y conectadas con su contexto, muchas veces disminuyen las tensiones, aumenta la autonomía y se fortalecen habilidades fundamentales para la convivencia: la empatía, la escucha, el cuidado mutuo y la capacidad de resolver conflictos. Por supuesto, ningún enfoque educativo es una solución mágica para problemáticas complejas. Pero sí creemos que hoy necesitamos imaginar escuelas más humanas, más conectadas con sus territorios y con mayor espacio para el bienestar y los vínculos. Y eso no depende exclusivamente de contar con grandes recursos o paisajes naturales privilegiados. Muchas veces comienza recuperando patios, usando plazas cercanas, recorriendo barrios, desarrollando proyectos comunitarios o simplemente permitiendo que el aprendizaje ocurra también fuera de las cuatro paredes de una sala de clases. El aprendizaje al aire libre puede adoptar muchas formas y adaptarse a distintos contextos. Lo importante no es solo el lugar, sino la posibilidad de que niños, niñas y jóvenes vuelvan a relacionarse entre ellos, con sus comunidades y con el entorno que habitan. Tal vez parte del desafío educativo actual no sea solo enseñar más contenidos, sino volver a generar espacios donde las personas puedan sentirse parte de una comunidad. Porque la convivencia no se enseña únicamente desde un reglamento, se aprende viviéndola. Autor: Claudia Contreras Directora Colegio del Bosque.