Autor: Carla Amtmann Fecci Alcaldesa de Valdivia
Columnas de Opinión: Recortes
Columnas de Opinión: Recortes s cierto: el gasto público siempre puede ser más eficiente. Es deber de los funcionarios y, sobre todo, de las autoridades, velar porque cada peso se invierta bien, en áreas E que impacten y contribuyan al desarrollo del país. En campaña, el entonces candidato Kast aseguró que recortaría seis mil millones de dólares en dieciocho meses. Ante las alertas que surgieron incluso desde su propio sector -incluida Evelyn Mattheifue enfático: aquello no implicaría recortar derechos sociales. La promesa era clara: eficiencia sin costo social. La idea detrás de ese planteamiento resulta, en apariencia, sencilla y atractiva: existe un exceso de gasto innecesario y, corrigiéndolo, sería posible alcanzar metas ambiciosas sin afectar a las personas. Pero cuando se llega al Gobierno, la realidad deja de ser un ejercicio teórico. La reciente recomendación del Ministerio de Hacienda de descontinuar una serie de programas es prueba de ello. Porque lo cierto es que el Estado, en su gran mayoría, destina recursos fundamentalmente a áreas esenciales. Y cuando se recorta, no se elimina lo superfluo: se retrocede. Y ese retroceso tiene consecuencias concretas en la vida de las personas. Programas de prevención en salud mental, alimentación escolar, o recursos para la salud municipal -que ya opera al límiteno son gastos prescindibles. Son líneas rojas. Son políticas públicas que sostienen la vida cotidiana de miles de familias y cuya reducción no pasa inadvertida: se siente, se sufre y se paga caro. Por eso, más que insistir en metas rígidas de reducción del gasto, lo responsable es reconocer que hay ámbitos donde simplemente no hay margen para recortar. No todo es ajustable sin costo. Resulta, además, contradictorio sostener que no hay recursos suficientes mientras, al mismo tiempo, se promueven rebajas tributarias que benefician principalmente a quienes más tienen. Chile necesita avanzar a través de acuerdos amplios, con diálogo y sentido de realidad. No con recetas simplistas ni con motosierras que terminan golpeando a quienes más necesitan del Estado. Desde los municipios lo vemos todos los días. Las necesidades crecen, se diversifican y se vuelven más urgentes. Y con menos aún simplemente no llegamos. Un recorte, en este contexto, no es un ajuste técnico: es un daño directo a las personas y ese es el límite que no se puede cruzar. Autor: Carla Amtmann Fecci Alcaldesa de Valdivia. C Columna