Autor: Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés
Columnas de Opinión: Fake news, autoridades y responsabilidad
Columnas de Opinión: Fake news, autoridades y responsabilidad a semana pasada circuló con fuerza en redes sociales una supuesta declaración del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) L que, con el paso de las horas, se confirmó como falsa. Lo preocupante no fue solo la existencia de la noticia errónea, sino quiénes contribuyeron a amplificarla: personas con cargos públicos, autoridades comunales y regionales que la difundieron sin verificar su origen, contexto o veracidad. Este tipo de situaciones abre una reflexión que va más allá del episodio puntual. Nos obliga a pensar en la responsabilidad pedagógica y social que tienen las autoridades en una sociedad democrática. Porque gobernar no es solo administrar recursos o tomar decisiones políticas: también implica modelar conductas ciudadanas. Las redes sociales han difuminado las fronteras entre lo personal y lo institucional. Sin embargo, cuando una autoridad publica información, incluso desde su cuenta personal, esa comunicación nunca es neutral. Tiene peso simbólico, credibilidad y capacidad de impacto. La ciudadanía asume, con razón, que quien ocupa un cargo público dispone de más herramientas para acceder a información confiable o, al menos, que tendrá el criterio de corroborarla antes de compartirla. Difundir información falsa desde posiciones de poder genera varios daños simultáneos. Primero, contribuye a la desinformación general. Segundo, polariza el debate público. Y tercero, deteriora la cultura cívica, porque normaliza la idea de que la verdad es secundaria frente a la rapidez o la conveniencia de ciertos puntos. Desde una perspectiva pedagógica, las autoridades son referentes. Enseñan, aunque no lo pretendan, a través de sus acciones. Si comparten sin verificar, transmiten que la responsabilidad informativa es opcional. Si rectifican tarde o no rectifican, enseñan que el error no requiere hacerse cargo. En cambio, cuando verifican fuentes, reconocen equivocaciones y corrigen públicamente, promueven valores democráticos esenciales: honestidad intelectual, rigor y respeto por la ciudadanía. La alfabetización digital en todas su formas no puede recaer solo en escuelas o familias. También debe ser practicada por quienes lideran comunidades.
Antes de publicar, existen preguntas básicas que deberían formar parte del hábito institucional: ¿ Cuál es la fuente original? ¿ Es un canal oficial? ¿ Hay confirmación en otros medios confiables? ¿ Podría esto generar daño si es falso? No se trata de exigir perfección, sino responsabilidad. Equivocarse es humano y difundir sin cuidado desde el poder es negligente. Autor: Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés. C Columna