Autor: JOAQUÍN AGUILERA R.
Situación laboral de población en pobreza se deteriora y suman casi 20 mil desempleados desde 2017
Situación laboral de población en pobreza se deteriora y suman casi 20 mil desempleados desde 2017 En 2017, una de cada cinco personas en situación de pobreza estaba desempleada. Siete años después, lejos de mejorar, esa proporción aumentó a una de cada cuatro, de acuerdo con los datos recién divulgados de la Encuesta Casen 2024. Del total de personas en situación de pobreza, un 24,8% estaba desocupado. Dicha cifra representa un incremento desde el 23,4% observado en 2022, y mucho más pronunciado respecto del 19,8% que se veía en 2017. En términos absolutos, esto significa que, en los últimos siete años, el país sumó poco más de 19.400 personas en condiciones de pobreza y sin trabajo. No son las únicas muestras de deterioro.
Según los detalles que proporciona Casen para este mismo período, la composición del empleo en aquellos que sí tienen un puesto de trabajo ha mutado, con una disminución en la proporción de asalariados es decir, con un contrato desde 62,9% a 55,7%, mientras aquellos que se desempeñan por cuenta propia, usualmente ligados al ámbito informal, pasaron de 35,2% a 41,2% del total. Peores trabajos, menos ingresos Un deterioro en las condiciones laborales para la población de menores ingresos está directamente relacionado con su riesgo de caer en pobreza. De hecho, uno de los datos que más preocupan a los expertos en la última Casen tiene que ver con el origen de sus recursos.
Para el 10% de menores ingresos (es decir, el primer decil), los ingresos del trabajo cayeron en 59,8% desde 2017, mientras los subsidios monetarios crecieron 93,8%, cuando se mide en montos reajustados al valor de noviembre de 2024 (son variaciones reales, descontando la inflación). Significa que, en este decil y usando montos comparables, el ingreso laboral promedio disminuyó a casi un tercio de su valor: desde $130.711 en 2017 a $52.577 en la actualidad (ver gráfico). Algo similar ocurre con los ingresos autónomos, que además de salarios y remuneraciones contemplan utilidades, dividendos u otras rentas que no tengan que ver con beneficios fiscales: el promedio para el primer decil es de $93.302, y en 2006 era de $138.601. La directora del Departamento de Economía de la U. Diego Portales, Marcela Perticará, que integra el Panel de Expertos Casen, destaca que en la dimensión laboral es donde se observa un “contraste muy fuerte” entre hogares pobres y no pobres.
“Mientras en los hogares pobres severos menos de un tercio tiene al menos una persona ocupada, en los no pobres esta proporción supera el 90%. Esta diferencia es más determinante que cualquier transferencia o subsidio para explicar por qué algunos hogares logran salir de la pobreza y otros no”, asegura.
Paulina Henoch, economista e investigadora LyD que integró el comité de expertos para actualizar la metodología de la Casen, añade que el empeoramiento en las condiciones laborales se observa no solo en la pobreza por ingresos: “A pesar de que en casi todos los indicadores de la pobreza multidimensional existe una mejora, en el de ocupación y subempleo se presenta un deterioro”. Hay elementos en el deterioro del mercado laboral que se deben analizar más en profundidad: por ejemplo, “si eventualmente políticas como la PGU podrían estar generando efectos de reemplazo en los ingresos, llevando a que algunas personas opten por no trabajar”. Brechas abiertas Además de un retroceso en la capacidad de la economía para crear puestos de trabajo, hay otro tipo de desafíos, como el cambio demográfico, que inciden en la relación entre trabajo y pobreza.
En los hogares de menores ingresos se han ido sumando más jubilados que no participan del mercado laboral, lo que en muchos casos “no coincide necesariamente con pobreza ni con falta de empleo, sino con una composición demográfica diferente”, remarca Marcela Perticará. Un análisis del Instituto de Políticas Públicas (IPP) de la U. Andrés Bello (UNAB) identifica que hay determinados grupos donde el deterioro del acceso al ZEUQSÁLEVDI trabajo es mucho más pronunciado.
Así, por ejemplo, aunque se observa que la tasa de ocupación general ha ido en aumento desde 2017 hasta ahora, la distancia entre la tasa de ocupación para el quintil de menores ingresos (27,4% ) y el mejor remunerado (81,7% ) ha aumentado considerablemente respecto de lo que se observaba en 2017, cuando las tasas eran de 30,9% y 74%, respectivamente. Esta brecha se replica al distinguir por sexo, donde además se suman dos fenómenos: en cada uno de los deciles, los hombres tienen más empleo que las mujeres; pero a mayor ingreso, menor distancia. Así, por ejemplo, la brecha de género en materia de ocupación es de 11,3% en el grupo de 20% de mayores ingresos (el quinto quintil), versus, por ejemplo, un 21,4% en el segundo quintil. Sandra Bravo, investigadora del IPP, sostiene que la heterogeneidad del deterioro laboral debe “analizarse con cautela”, considerando el impacto de otras variables como los cambios demográficos, migración o nuevas estructuras familiares.
Concluye que “los resultados ponen de relieve el desafío de fortalecer el rol del empleo como principal mecanismo de generación de ingresos, sin perder de vista la necesidad de considerar los factores demográficos y estructurales que subyacen a estas dinámicas”. Deuda formativa Una de las tendencias más claras en la inclusión laboral por grupos tiene que ver con el nivel educativo: a mayor calificación, más empleo.
Entre 2022 y 2024, el único incremento significativo en la tasa de ocupación se produjo en las personas con educación superior, desde 71% a 81%. “Sugiere que la recuperación del empleo ha beneficiado con mayor intensidad a los grupos con mayor capital humano”, plantea el informe UNAB. Esto sugiere que en el menor nivel educativo hay más probabilidades de vivir en pobreza, plantea Andrés Barrios, director del Human Development Lab de la U. de los Andes.
“Tenemos que invertir en los trabajadores para mejorar su productividad, hacerlos más atractivos para las posiciones laborales con más demanda en el mundo de hoy”. VAD La investigadora sénior del Centro de Estudios Públicos (CEP) Sylvia Eyzaguirre integró el grupo de expertos que recomendó la nueva metodología para medir pobreza, que llevó el indicador hasta 17,3%. Cree que es un avance relevante, pues visibiliza un problema que pensábamos resuelto, con señales claras de dónde avanzar.
Sylvia Eyzaguirre, CEP: “ES UNA LLAMADA DE ALERTA” ¿ Qué tan relevante fue el impacto de los subsidios? “Yo estoy haciendo algunos ejercicios, y sin subsidios la tasa de pobreza hubiera sido 24%. Entonces, logras bajar 7 puntos con subsidios, es harto. Lo que llama profundamente la atención, y es preocupante, es que en todos los déciles aumentó el ingreso autónomo y por trabajo, con excepción del primero, el más pobre.
La reducción es brutal: en 2017 el ingreso por trabajo del décil 1, en promedio eran $130 mil, y en 2024 fueron $52 mil”. ¿No hay un riesgo de dependencia a esos aportes? “Es muy bueno que los subsidios logren reducir siete puntos la tasa de pobreza.
Es una excelente noticia (), la pésima noticia es lo que está pasando con el mercado laboral”. ¿Cómo analiza la variación en las cifras de desigualdad? “La desigualdad de ingresos del trabajo aumenta de forma exponencial, precisamente por esta caída tan tremenda que tuvieron en el primer décil (). Esa enorme desigualdad se logra subsanar gracias a los subsidios, pero solamente si uno toma el 10% más vulnerable y el 10% más rico. Si uno mira el coeficiente Gini, que se construye de una manera distinta, no se observa mucha variación”. “Es una llamada de alerta: los subsidios funcionan bien, pero no podemos superar la pobreza vía subsidios.
Lo que tenemos que hacer es activar el mercado laboral para darle más y mejores oportunidades a las poblaciones más vulnerables”. Autor: JOAQUÍN AGUILERA R.. Aunque la tasa nacional de personas con carencias disminuye, este grupo ha ido aumentando sus cifras de desempleo y los recursos que provienen de salarios se han reducido casi dos tercios en siete años.
LA CAÍDA EN LOS INGRESOS DEL TRABAJO EN SECTORES VULNERABLES PREOCUPA A EXPERTOS: VAD La investigadora sénior del Centro de Estudios Públicos (CEP) Sylvia Eyzaguirre integró el grupo de expertos que recomendó la nueva metodología para medir pobreza, que llevó el indicador hasta 17,3%. Cree que es un avance relevante, pues visibiliza un problema que pensábamos resuelto, con señales claras de dónde avanzar.
Sylvia Eyzaguirre, CEP: “ES UNA LLAMADA DE ALERTA” —¿ Qué tan relevante fue el impacto de los subsidios? “Yo estoy haciendo algunos ejercicios, y sin subsidios la tasa de pobreza hubiera sido 24%. Entonces, logras bajar 7 puntos con subsidios, es harto. Lo que llama profundamente la atención, y es preocupante, es que en todos los déciles aumentó el ingreso autónomo y por trabajo, con excepción del primero, el más pobre.
La reducción es brutal: en 2017 el ingreso por trabajo del décil 1, en promedio eran $130 mil, y en 2024 fueron $52 mil”. —¿No hay un riesgo de dependencia a esos aportes? “Es muy bueno que los subsidios logren reducir siete puntos la tasa de pobreza.
Es una excelente noticia (…), la pésima noticia es lo que está pasando con el mercado laboral”. —¿Cómo analiza la variación en las cifras de desigualdad? “La desigualdad de ingresos del trabajo aumenta de forma exponencial, precisamente por esta caída tan tremenda que tuvieron en el primer décil (…). Esa enorme desigualdad se logra subsanar gracias a los subsidios, pero solamente si uno toma el 10% más vulnerable y el 10% más rico. Si uno mira el coeficiente Gini, que se construye de una manera distinta, no se observa mucha variación”. “Es una llamada de alerta: los subsidios funcionan bien, pero no podemos superar la pobreza vía subsidios. Lo que tenemos que hacer es activar el mercado laboral para darle más y mejores oportunidades a las poblaciones más vulnerables”. Sylvia Eyzaguirre integró la comisión de expertos que actualizó la metodología Casen.