Autor: TERESA LEIVA UBILLA
Guardianes del cielo oscuro: escolares de Andacollo fiscalizan las luminarias
Guardianes del cielo oscuro: escolares de Andacollo fiscalizan las luminarias El cielo de Andacollo es privilegiado. En él se pueden observar constelaciones completas debido a su altura y clima seco, que “espanta” las nubes. En las cercanías se encuentran observatorios como Cerro Tololo, Mamalluca y SOAR. Por eso, hace once años, la Escuela Patricio Lynch decidió que el taller de astronomía que tenían sus alumnos no podía quedarse en la sala; era necesario vincularse con la comunidad. Junto a la profesora, Andrea Castillo, crearon la primera “Brigada de Protección de los Cielos” de la Región de Coquimbo.
Compuesta por escolares de entre quinto y octavo básico, la labor de la brigada, además de la divulgación científica, consiste en levantar datos para denunciar luminarias en su comuna que incumplen la normativa y que afectan la observación.
En la actualidad, la ley exige que en zonas de especial protección astronómica, como Andacollo, las pantallas publicitarias y focos deportivos se apaguen a medianoche, que las luminarias apunten hacia el suelo, y que contengan máximo 1% de luz azul, que es la más contaminante. Valentina Arancibia (23) fue de las primeras integrantes del taller. Hoy, como astrónoma, forma parte del programa de investigación del Observatorio Aura, y ocasionalmente va a monitorear los talleres de su escuela. “Fue difícil generar conciencia en la comunidad, porque la mayoría de las personas relaciona luz con seguridad”, declara. Pero hoy, gracias al trabajo de la brigada, Andacollo tiene uno de los “mejores cielos para ver las estrellas”, asegura. “El año pasado incluso cambiaron las luces del estadio”, añade. El propósito de la brigada es que todos puedan disfrutar de mirar las estrellas y proteger la vida nocturna de la fauna nativa del sector, según explica Castillo, su impulsora. Según recuerda, todo comenzó cuando, tras solo un año de haber inaugurado el taller, decidieron participar en un concurso de iluminación sostenible organizado por la Seremi de Medio Ambiente. Había que realizar un informe diagnóstico de las luminarias del sector y se llevaron el premio principal, que consistía en un telescopio pequeño para cada alumno y una visita al Cerro Tololo. “Entonces pensé, ¿y por qué no hacemos esto siempre?”. Aprender a identificar En el taller no solo visitan observatorios cercanos, sino que aprenden de astronomía y están constantemente fiscalizando el alumbrado del sector. “Me di cuenta de que solo necesitaban un celular para ir anotando dónde estaban las luminarias que no cumplen con la normativa, así que les enseñé a identificarlas”, cuenta la profesora. Siguiendo ese ejemplo, surgieron otras dos brigadas, una en Río Hurtado y otra La Higuera. Hoy, estas se integran no solo por escolares, sino también por universitarios y todo tipo de aficionados a la astronomía.
Florencia Araya (11), participante del taller de Andacollo, quien cursa sexto básico, explica cómo fiscalizan: “Las que no cumplen no son de luz cálida y miran hacia el cielo”. Respecto al taller agrega: “Mi parte favorita es cuando la profesora nos hace trivias. Por ejemplo, pregunta cuál es el ADIDEC planeta más grande y nos tenemos que parar en su nombre que está escrito en un papelógrafo en el suelo. Si lo hacemos bien, nos da un dulce”. Además, dice le gusta realizar afiches para las ferias y eventos de los que participan. Uno de estos eventos es el Astroday que se realiza en La Serena. En las cinco versiones en las que han participado, Castillo ha incentivado a que sean los alumnos quienes exponen en el stand. “La concientización llega mejor si viene desde un niño”, declara.
Tomar el taller no es obligatorio ni genera ni un tipo de recompensa académica, pero aún así el año pasado se inscribieron 22 niños entre quinto y octavo básico de los aproximadamente 250 alumnos que tiene la escuela.
Su directora, Jeanette Godoy, explica: “Los niños llegan contando lo que hacen a sus casas por eso la comunidad se involucra”. En 2020 la profesora Andrea Castillo ganó el premio Night Sky Defenders, entregado por la Asociación Internacional de Cielos Oscuros de Estados Unidos y en 2022 ganó el premio chileno de la fundación Camiseteados. Además, en 2024, la Universidad de La Serena le donó a la Escuela Patricio Lynch el primer sensor de contaminación lumínica del sector. Este registra la luz artificial y puede alertar si aparecen luminarias nuevas.
Alison Cáceres (11), quien formó parte del taller en 2025 en quinto básico y planea seguir este año, comenta: “Me gusta porque salimos y aprendemos haciendo juegos () Ahora siempre me fijo en las estrellas”. Autor: TERESA LEIVA UBILLA. N Niños de quinto a octavo básico son los encargados de monitorear las luces de su comunidad para ver si cumplen con la normativa de protección medioambiental. Siguiendo su ejemplo, se han creado otras dos agrupaciones en la región. Alumnos de la escuela Patricio Lynch Los alumnos también participan en ferias científicas, como esta en Coquimbo.