EDITORIAL: Del discurso a la práctica
EDITORIAL: Del discurso a la práctica nes claras, accesibles y permanentes para separar y disponer correctamente los residuos. A ello se suma un desafío cultural. Durante décadas, el modelo de consumo ha privilegiado lo desechable, lo inmediato, lo práctico. Cambiar esa lógica implica modificar conductas profundamente arraigadas, lo que requiere tiempo, información y, sobre todo, coherencia entre el discurso y las políticas públicas. En este contexto, el rol del Estado, los municipios y el sector privado resulta clave. Por ejemplo, en Curicó está el programa Resimple, el cual esta semana anunció su ampliación a otras zonas de la ciudad. La implementación de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) es un paso relevante, pero su impacto dependerá de su correcta aplicación y de la capacidad de articular a todos los actores involucrados. Reciclar no resolverá por sí solo la crisis ambiental, pero sí constituye una pieza fundamental dentro de un cambio más amplio hacia la sostenibilidad. Es, en esencia, un acto de responsabilidad compartida: con el entorno, con las futuras generaciones y con nosotros mismos. En tiempos donde el cambio climático y la crisis ambiental han dejado de ser advertencias lejanas para transformarse en realidades palpables, el reciclaje se instala no como una opción, sino como una necesidad urgente. Sin embargo, pese a los avances en conciencia ciudadana y a la mayor disponibilidad de puntos limpios en distintas comunas del país, Chile aún arrastra una deuda significativa en materia de gestión de residuos.
Cada día, toneladas de desechos terminan en vertederos que, en muchos casos, operan al límite de su capacidad o en condiciones que generan impactos negativos en el entorno y en la calidad de vida de las personas. En ese escenario, reciclar aparece como una acción concreta, al alcance de la mayoría, pero que todavía no logra consolidarse como un hábito transversal.
La pregunta es inevitable: ¿ por qué, si sabemos que reciclar es necesario, aún nos cuesta tanto hacerlo? Parte de la respuesta radica en la falta de educación ambiental sostenida, pero también en la ausencia de sistemas eficientes que faciliten esta tarea. No basta con apelar a la buena voluntad de la ciudadanía si no existen condicio.