Autor: Camila Bañales Seguel Ing. Agronoma. Dra. Ciencias Ambientales Colaboradora de Colectiva Justicia en DD.HH.
Columnas de Opinión: Agua sin Agenda
Columnas de Opinión: Agua sin Agenda Desde 2010, gran parte del centro-sur de Chile arrastra un déficit de precipitaciones cercano al 30%, una de las mega-sequías más persistentes registradas en Chile. El 47,5% de la población de Chile vive en comunas con escasez hídrica.
Sin embargo, la reciente selección de los Centros de Interés Nacional (CIN) deja una señal inquietante: el cambio climático no figura como línea prioritaria explícita y la crisis del agua que atraviesa la minería, la energía, la agroindustria y las ciudades no cuenta con un centro cuyo foco principal sea enfrentarla.
Hoy no existe un CIN dedicado específicamente al cambio climático, como lo fue el CR2 (Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia), o uno centrado en crisis hídrica como el CRHIAM (Centro de Recursos Hídricos para la Agricultura y la Minería). La paradoja es evidente. Mientras el Estado reconoce la urgencia climática en discursos y planes, su política científica no asegura financiamiento estructural para las áreas que definen nuestra adaptación y resiliencia. Los incendios recientes vuelven a recordarlo con crudeza. En enero de 2026, más de 38 mil hectáreas fueron arrasadas en pocos días, en un contexto de calor extremo que había sido pronosticado. El riesgo no llegó por sorpresa: fue anticipado. Lo que faltó no fue información, sino una base científica estable que sostenga preD vención, planificación y decisión pública. Aquí se juega algo más profundo que una adjudicación. El cierre del CR2 implica debilitar infraestructura crítica de datos, como CAMELS-CL, que integra series hidrológicas y meteorológicas de más de 500 cuencas del país. Estos datos alimentan estudios de caudales, riesgos y seguridad hídrica utilizados por municipios, servicios públicos y comunidades. Perder esa continuidad no es eficiencia: es retroceso. Es posible que convivan fondos "abiertos" con áreas prioritarias, pero esa agenda debe ser definida por el Estado. Sin una política científica de largo plazo, los centros quedan forzados a planes precarios que implican fragmentación y pérdida de capacidades. La ciencia climática y del agua no es un lujo académico: es infraestructura estratégica para reducir riesgos y fortalecer la preparación del país. Sin una política científica de largo plazo, los centros quedan forzados a planes precarios que implican fragmentación y pérdida de capacidades. Autor: Camila Bañales Seguel Ing. Agronoma. Dra. Ciencias Ambientales Colaboradora de Colectiva Justicia en DD.HH.. ENFOQUE Sin una política científica de largo plazo, los centros quedan forzados a planes precarios que implican fragmentación y pérdida de capacidades.