Autor: Magdalena Cárcamo
"Sobrevivientes describen a las mujeres como las más fieras torturadoras"
"Sobrevivientes describen a las mujeres como las más fieras torturadoras" odrigo Cid Santos fue la ultima persona que entrevistó a Manuel Contreras Valdebenito, el hijo del "Mamo", quien murió en agosto del R 2025.
El periodista llegó a esa conversación buscando profundizar en la figura del máximo jefe de la DINA, pero lo que descubrió fue otra historia: la de un hombre solo, abatido por los problemas económicos y atravesado por el peso ineludible de su apellido. Ese encuentro es una de las escenas que recorren "El horror enmascarado: la doble vida de agentes de la DINA" (Ed. Planeta, 2026), donde aborda el contraste entre su participación en el aparato represivo y su vida cotidiana. Hombres y mujeres que torturaban y luego llamaban por teléfono a sus casas para coordinar -con cariñotemas domésticos. Dos planos que corrían en paralelo, sin tocarse. ¿ Cómo se sostiene esa convivencia? Esa es la pregunta que articula la investigación.
Cid es periodista y magíster por la Universidad Adolfo Ibáñez, ha desarrollado su trayectoria en TVN con foco en política, tribunales y derechos humanos, ámbito en el que fue premiado por su trabajo en memoria histórica.
Actualmente, es Subgerente de Regiones y miembro del directorio de TVN. -¿ Cómo surge el interés para escribir este libro? -A fines de 2024 llegó a mis manos un libro escrito por las hermanas Prats en el que relatan su largo camino de cincuenta años en busca de verdad, justicia y reparación por el homicidio del general Carlos Prats y de su esposa, Sofía Cuthbert, y expone con claridad la participación de la DINA, en particular de Manuel Contreras. Al leerlo, tuve la sensación de que aún había historias que no conocíamos y comencé a investigar al personaje más a fondo, considerando que en agosto de 2025 se cumplirían diez años de su muerte. Al revisar los expedientes, empecé a descubrir vínculos familiares y personales que desconocía. No sabía, por ejemplo, que agentes del organismo de seguridad se habían conocido como pareja y que incluso habían participado juntos en operativos. Conocía las causas más emblemáticas, pero no esta dimensión: agentes feroces y torturadores, y a la vez padres de familia. Intenté buscarle una explicación recurriendo a especialistas que han estudiado este tipo de fenómenos. -Además, realizaste la última entrevista al hijo de Mamo Contreras antes de morir. -Así es. Nos reunimos un domingo de febrero, fue una entrevista difícil de coordinar. Le conté del proyecto y nos juntamos en un café en Las Condes. Se quitó la gorra y estaba completamente calvo. Me dijo que por el calor ya no quedaba mucho pelo y que había optado por raparse. Fumó varios cigarrillos y me habló, básicamente, de sus penurias: de lo mal que lo había pasado, de una profunda sensación de abandono familiar.
No mantenía una buena relación con sus tres hermanas y me decía que, por llamarse como se llamaba, en algunos trabajos se daban cuenta de su parentesco y lo despedían. "Vivo prestado", me dijo. "Hoy día vivo en la pieza de un amigo; a veces mis amigos me prestan dinero". Por un lado, él toma cierta distancia de la figura de su padre y, por primera vez, reconoce delitos como la tortura, a partir de relatos de su propio padre. También habló del financiamiento de la DINA, de lo que hacían con el dinero obtenido en los allanamientos: que Contreras se quedaba con una parte y que Pinochet se quedaba con otra. También relató el momento en el que decidió escribirle una carta al Presidente de la República. En ella explicaba quién era, lo mal que lo estaba pasando por ser hijo de quien era, y solicitaba una pensión de gracia. Meses después, lo llamó una funcionaria del Ministerio del Interior para informarle que no tenía derecho a ese beneficio porque no había contribuido con nada de relevancia al país. Quedó profundamente impactado. Estaba convencido de que merecía esa pensión, porque sentía que, por un golpe del destino, no había elegido nacer en la familia en la que nació ni llevar el nombre que llevaba.
A eso se sumaban una serie de fracasos personales, una vida amorosa fallida, el desalojo del departamento que compartía con su madre, la pérdida de "Y entablaban conversaciones con las detenidas sobre temas domésticos, incluso sobre maternidad", relata el periodista que aborda la doble vida de los agentes de la DINA. Autor: Magdalena Cárcamo. Rodrigo Cid, autor de "El Horror Enmascarado": "Y entablaban conversaciones con las detenidas sobre temas domésticos, incluso sobre maternidad", relata el periodista que aborda la doble vida de los agentes de la DINA. No se necesita ser un monstruo de ciencia ficción para ordenar y ejecutar este tipo de delitos"., Me respondió: 'Lo que cuentan que se hizo es cierto.
Tal vez está aumentado en algunos grados por parte de quienes narran las historias, pero fue cierto"., "Sobrevivientes describen a las mujeres como las más fieras torturadoras" esa misma propiedad por parte de sus hermanas, y el hecho de que su madre hoy viva en una casa de reposo en la comuna de Las Condes. Era una persona profundamente atormentada. -¿ No había también algo de ingenuidad en esa petición? -Hay que tener audacia e incluso cierta pérdida de la noción de la realidad. Me envió fotografías familiares para mostrar una época que disfrutó mucho: Fines de semana en Las Rocas de Santo Domingo, paseos entretenidos, recuerdos felices. Como si se tratara de un hogar común y corriente. Y yo pensaba en la paradoja: el jefe de esa familia no era un padre cualquiera, sino el hombre más temido de Chile. Eso cambió a comienzos de los '90, cuando asumió públicamente la defensa de su padre.
Según su propio relato, esa decisión terminó por sepultarlo. "Transmitió una profunda sensación de desamparo" -¿ Lograste, en algún momento, empatizar con él como hijo y pensar que, más allá de todo, él no eligió el contexto ni la familia en la que nació? -Me llevas a un terreno complejo. Más que empatizar, lo que vi fue a una persona profundamente atribulada, que no tenía problemas en contar lo mal que estaba. No parecía tener nada que ocultar. Reconocía delitos como la tortura.
Yo le pregunté: hay relatos que son horrorosos, brutales; ¿ qué te pasa cuando escuchas eso, cuando además apuntan directamente a tu padre? Me respondió: "Lo que cuentan que se hizo en los cuarteles es cierto.
Tal vez está aumentado en algunos grados por parte de quienes narran las historias, pero fue cierto". Es alguien que terminó asumiendo una responsabilidad que le habría correspondido asumir a su padre, al menos respecto de los crímenes imputados. Mostró cierta empatía con las víctimas y reconoció que esos delitos marcaron la historia de Chile.
En el fondo, transmitió -de manera honesta o no, eso es imposible saberlouna profunda sensación de desamparo. -Sobre el "Mamo" se ha escrito y dicho mucho. ¿ Qué nuevos hallazgos, a tu juicio, aporta esta investigación? -Aparecen escenas cotidianas, testimonios de personas que lo vieron interactuar en el ámbito familiar.
Hay quien relata: "Vi al Mamo tirado de guata en el suelo jugando con los nietos, como lo haría cualquier abuelo cariñoso". O el consuegro que habla de un hombre deferente, que cada quince días le enviaba una botella de whisky a su casa. Sabía que era militar, que trabajaba en el aparato burocrático de la dictadura, pero no sabía más. Se enteró cuando vio la cara del Mamo publicada en una revista, en el Paseo Ahumada y dicen que casi se desmayó. Él había conocido al "otro" Contreras: una persona que disfrutaba conversar, dominar la situación y acomodarse según el interlocutor que tuviera enfrente. Conocer esas dimensiones más humanas y privadas permite entender que quienes cometen este tipo de crímenes no son seres especiales. Son personas comunes y corrientes, de carne y hueso. No estamos hablando ni siquiera de personas con trastornos mentales.
El abuelo que se revolcaba con sus nietos era el mismo que diseñaba la persecución y el exterminio de personas da cuenta de eso: no se necesita ser un monstruo de ciencia ficción para ejecutar este tipo de delitos. -En tu libro, la actual miembro del directorio de TVN, Marcia Scantlebury -detenida por la DINArelata una escena impactante: la misma mujer que la tortura estando embarazada luego le pide ayuda para tejer un chaleco para su guagua. ¿ Cómo explicas una ambivalencia tan chocante? -Respecto de las mujeres, son las propias sobrevivientes quienes las describen como las más fieras torturadoras. Formaron parte de un escalafón que, desde muy temprano en la DINA, se estructuró bajo el mando de Manuel Contreras.
Algunas estuvieron incluso bajo procesos de formación a cargo de Ingrid Olderöck, "La mujer de los perros". Sus funciones eran diversas: podían simular ser pololas de otros miembros para realizar seguimientos, pero también cumplían roles plenamente operativos. Y cuando participaban en sesiones de tortura, los testimonios las describen como especialmente duras, en particular contra otras mujeres, mostrando una escasa conmiseración con quienes estaban siendo brutalmente maltratadas. Hay relatos que señalan que, en ocasiones, les rasgaban el rostro sin mediar interrogatorio alguno. Y en ciertos momentos, entablaban conversaciones con las detenidas sobre temas domésticos, incluso sobre maternidad. Insultos en Punta Peuco -¿ Qué tipo de personas elegían para integrar la DINA? -En la primera selección que realiza Contreras escoge con extremo cuidado a los oficiales. En una estructura inicial altamente profesionalizada y alineada ideológicamente. Pero luego viene una segunda selección, mucho más residual. Los comandantes no enviaron precisamente a su mejor gente. Eso lo reconoce incluso el hijo de Manuel Contreras, así como jueces, abogados y policías que investigaron estos crímenes. Muchos de los enviados estaban próximos a ser expulsados de las instituciones, con antecedentes de alcoholismo, violencia intrafamiliar o conductas agresivas. A eso se suma otro escalafón: individuos que ya habían cometido delitos o que mostraban una disposición a ejercer violencia en cualquier circunstancia. Es el caso de Osvaldo Romo, reconocido como una persona sádica, que disfrutaba del sufrimiento que infligía a las víctimas. También aparecen intereses más banales: el enriquecimiento personal. Robaban todo lo que podían, incluso hay relatos de disputas entre agentes por una licuadora incautada durante un allanamiento. Lo que terminó configurándose fue, en muchos casos, delincuencia pura y dura, pero bajo el amparo del Estado. Y eso es lo más grave. Había una mezcla de perfiles muy marcada: oficiales que actuaban con convicción ideológica, con un fervor casi religioso; y otros que simplemente obedecían órdenes.
No existía deliberación ética interna: cumplían y procuraban hacerlo del modo más eficaz posible para destacarse ante sus jefes. -¿ Hasta qué punto esa doble vida de los miembros de la DINA permitió construir un relato familiar impermeable a los hechos? -Entrevisté a varios familiares y mi impresión es que la inmensa mayoría de los agentes separó de manera muy estricta la labor represiva de la vida familiar. Existía un compartimentaje marcado que impedía que esos dos mundos se mezclaran en el ámbito doméstico. Eso explica que, hasta hoy, los núcleos familiares de quienes cumplen condena por estos crímenes suelen ser sólidos; es muy raro ver a un exuniformado preso que esté abandonado por su familia. Cuando entré al pabellón Asistir de Colina 1 -donde hay cerca de 200 personas cumpliendo condenapude confirmar algo que ya se intuía: existe una negación absoluta de los crímenes y de la propia participación. No hay reconocimiento ni empatía hacia las víctimas.
Y ese mismo discurso se replica casi calcado en sus familiares. -Después de investigar el tema, ¿cómo definirías hoy la figura de Pinochet para quienes cumplen condena por violaciones a los derechos humanos? -Una de las situaciones menos conocidas es que el día en que murió Augusto Pinochet, testigos aseguran que en Punta Peuco hubo una explosión de gritos, insultos y abucheos. Muchos de los internos sintieron que quien había sido su máximo jefe los había dejado completamente abandonados. Entre quienes cumplen condena por delitos de lesa humanidad se repite una idea: se consideran el "pato de la boda" de la dictadura. La figura de Pinochet queda particularmente expuesta en la transcripción del careo con Manuel Contreras. Cuando se le confrontaba con afirmaciones de este último, su respuesta oscilaba entre la negación y el olvido: "No fue cierto.
Si fue cierto, no me acuerdo". Esa actitud contrastaba con la expectativa de Contreras, quien siempre esperó que Pinochet asumiera su responsabilidad, lo que -según su lógicatambién lo habría liberado a él. -Han pasado más de 50 años.
Hay quienes sostienen que volver sobre estos temas es reabrir heridas, profundizar divisiones y seguir polarizando al país. ¿ Por qué insistir en traer esta historia al presente? -Este libro aporta antecedentes y testimonios a una conversación que sigue siendo necesaria y que trasciende el tiempo. Hablar hoy de impunidad, de beneficios carcelarios o de derechos humanos no es una discusión del pasado, sino del presente. Además, las generaciones más jóvenes no conocen esta historia. Si hoy se pregunta quién fue Michael Townley, muchos no sabrían responder. El libro también deja claras ciertas señales de alerta.
Cuando se pone en cuestión la labor de la justicia -institución que hoy atraviesa una crisis profunda -; cuando se desacredita el trabajo de la prensa; cuando se relativizan o justifican los derechos humanos, se abre un espacio peligroso. Reconocer esos elementos es fundamental, porque en ese terreno fértil pueden volver a vulnerarse los derechos fundamentales. Y esa es, quizás, la lección que todavía no hemos terminado de aprender. No se necesita ser un monstruo de ciencia ficción para ordenar y ejecutar este tipo de delitos"., Me respondió: 'Lo que cuentan que se hizo es cierto. Tal vez está aumentado en algunos grados por parte de quienes narran las historias, pero fue cierto"., Autor: Magdalena Cárcamo.