Columnas de Opinión: Emergencia, empresas y el valor de las buenas prácticas
Columnas de Opinión: Emergencia, empresas y el valor de las buenas prácticas Las emergencias ponen a prueba mucho más que la capacidad de respuesta inmediata. Exponen la calidad de nuestras relaciones, la solidez de nuestras instituciones y el nivel de confianza que existe entre los distintos actores de un territorio. En esos momentos, se vuelve evidente que la coordinación no se improvisa y que la colaboración real se construye mucho antes de que llegue la crisis. Desde IRADE, una corporación sin fines de lucro que reúne a empresas diversas y promueve buenas prácticasempresariales, observamos que, frente a escenarios complejos, el rol de las empresas trasciende lo productivo. No se trata solo de mantener operaciones o proteger infraestructura, hemos visto cómo impulsan acciones para resguardar empleos, sostener comunidades y aportar desde sus propias capacidades de manera responsable y efectiva. En contextos de emergencia, las empresas que han incorporado buenas prácticas en su gestión, en sus relaciones laborales y en su vínculo con el entorno reaccionan mejor. Cuentan con canales de comunicación más fluidos, mayor capacidad de coordinación y una comprensión más profunda de su rol territorial. No necesariamente porque tengan más recursos, sino porque han invertido de manera sostenida en confianza, diálogo y una mirada de largo plazo. La experiencia de nuestro país lo confirma, ningún actor puede enfrentar desafíos de esta magnitud en solitario. La colaboración público-privada cuando es genuina y bien articulada permite compartir información clave, identificar brechas de forma ágil y coordinar apoyos que lleguen efectivamente donde más se necesitan. Chile ha demostrado en terremotos, incendios forestales o iniciativas como la Teletón, que la articulación entre el mundo público, privado y la sociedad civil es clave para movilizar capacidades, generar confianza y lograr impactos reales. En ese espacio, organizaciones como IRADE cumplen un rol habilitante: facilitar el encuentro, articular capacidades y promover una acción coordinada, sin representar intereses particulares. Cada emergencia que ha enfrentado la región del Biobío ha dejado aprendizajes que debieran traducirse en mejores prácticas, mayor preparación y una institucionalidad más robusta. En esta ocasión, la reconstrucción no es solo volver a lo anterior, se presenta como una oportunidad para fortalecer la cooperación, elevar estándares y avanzar hacia un desarrollo regional más resiliente y sostenible.
En esta fase, creemos que la colaboración del sector empresarial es clave para una recuperación efectiva, sostenible y con sentido territorial, y que avanzar en espacios concretos de articulación es la mejor forma de transformar ese compromiso en acción.
Desde ese rol, organizaciones como IRADE seguiremos promoviendo el diálogo, la coordinación y la confianza entre empresas, instituciones públicas y la sociedad civil, con una mirada de largo plazo puesta en el Biobío y en su capacidad de enfrentar unidos los desafíos que vendrán. BERNARDITA ROA ASTETE Gerenta General de IRADE. Opinión