Autor: Texto, Jimena Silva Cubillos. Fotografías, Cristóbal Palma.
Motor literario
Motor literario 14 M ediante una invitación a participar de un concurso de arquitectura, enfocado en darles un orden definitivo a numerosas construcciones en el Colegio Tabancura, fue que el arquitecto José Ignacio Valdivieso (39) terminó liderando el proyecto de su flamante biblioteca, un volumen de 450 m 2 que forma parte de un conjunto mayor de edificios, patios y jardines que se han transformado en el alma del lugar.
La iniciativa, precisa, fue concebida en el contexto de los 50 años de historia de este establecimiento fundado en 1970, y buscó completar la infraestructura construida principalmente durante esa década y a fines de los años 90, en la comuna de Vitacura, en un terreno próximo al río Mapocho, con vista a la cordillera de los Andes y cerros como el Manquehue, indiscutibles hitos del paisaje de Santiago.
En total, el encargo involucraba tres edificios y el paisajismo que los rodea: uno destinado a deportes que reemplazó a un antiguo gimnasio; un nuevo pabellón de salas de enseñanza básica, y esta biblioteca, todas obras desarrolladas por Valdivieso Arquitectos (@jignacio_valdivieso), firma fundada por José Ignacio en 2018, luego de ejercer y ser socio de José Domingo Peñafiel. Cada una es un volumen independiente, pero estas últimas dos edificaciones, que constan de dos pisos, están conectadas de manera directa en el nivel superior por una pasarela. La lógica del proyecto consistió tanto en hacer construcciones nuevas como en darles una visión de conjunto, vinculándolas de manera armónica.
La biblioteca, en particular, se emplaza al centro del colegio y apartada de toda edificación; es la pieza articuladora, que relaciona lo antiguo con lo nuevo, conforma el patio de acceso y, mediante un leve giro en planta, abre vistas hacia el resto de las instalaciones, intentando además integrar la arquitectura con el paisaje y la naturaleza. Desde el punto de vista de la educación, fue gestada para fomentar el aprendizaje y la investigación de la comunidad del Tabancura.
En términos simples, es un cubo de dos pisos fuertemente contrastados: el primero se planteó transparente, como una vitrina de libros que sale al paso de los alumnos alberga textos de referencia como clásicos, novelas gráficas y de ciencia ficción, entre otros, mientras que el segundo es hermético, pues fue diseñado como área de estudio para los alumnos mayores, y aparece como una gran masa suspendida, que abre vistas controlaMotor literario Como un hito en los 50 años de vida del Colegio Tabancura surge este moderno, cúbico y versátil edificio proyectado por el arquitecto José Ignacio Valdivieso. Es un volumen independiente, que consta de dos pisos fuertemente contrastados; un diseño que nace para atraer a su comunidad, fomentar el acceso a los libros y el hábito lector. Además, abre y enmarca vistas, integrando interior y exterior. Texto, Jimena Silva Cubillos. Fotografías, Cristóbal Palma. ARQUITECTURA Este diseño maximiza espacialidad, luz natural y vistas.
Un vacío central conecta e inyecta luz natural a todos los niveles.. Como un hito en los 50 años de vida del Colegio Tabancura surge este moderno, cúbico y versátil edificio proyectado por el arquitecto José Ignacio Valdivieso. Es un volumen independiente, que consta de dos pisos fuertemente contrastados; un diseño que nace para atraer a su comunidad, fomentar el acceso a los libros y el hábito lector. Además, abre y enmarca vistas, integrando interior y exterior. ARQUITECTURA Motor literario Dos pisos contrastados contrastados y un subterráneo subterráneo tiene esta obra hecha con la colaboración colaboración del arquitecto arquitecto Pedro del Río. El segundo piso es zona de estudio; fue equipado con las sillas Cubo, de Juan Ignacio Baixas. La conexión entre niveles es parte de los atributos de este diseño arquitectónico. das a la lejanía.
En su interior, esta obra hecha en hormigón y ladrillos, con revestimientos de madera, mármol y baldosín de ladrillo, cuenta con un espacio central donde se ubica ubica el mesón del bibliotecario y los módulos de autoatención de los estudiantes, caracterizado caracterizado por un vacío de doble altura que conecta conecta visualmente ambos niveles. Así se logró logró incorporar luz natural a esos ambientes, pero también al piso subterráneo destinado a sesiones de cuentacuentos, pues se aprovechó aprovechó la pendiente propia del terreno.
Un sistema de escaleras de madera laminada laminada configura la circulación vertical de este edificio, conectando todos los sectores hasta llegar a la cubierta o quinta fachada, donde hay una terraza-mirador, a la que solo tienen acceso profesores y alumnos de cuarto medio. medio. Desde ahí, mientras estudian o trabajan en proyectos grupales, pueden observar otras áreas del colegio, los cerros aledaños y la imponente cordillera de los Andes.
“Como oficina, nos preocupamos mucho de integrar la arquitectura con el paisaje; pensamos y diseñamos diseñamos el interior y el exterior al mismo tiempo, porque se viven en simultáneo, condición que es muy presente en un colegio donde permanentemente hay un paso entre aulas y patios, por señalar algunos recintos y espacios”, acota José Ignacio Valdivieso.
En términos arquitectónicos, continúa, la estructura de este edificio es llevada al borde: borde: “Los pilares dispuestos a distancia estrecha estrecha y constante marcan el ritmo del volumen y su carácter solemne, conformando una fachada fachada porosa y permeable que permite acceder acceder a la zona de la biblioteca desde cualquier cualquier dirección, lo que acentúa el sello versátil versátil con que se perfiló este proyecto”. VE).