Editorial: Incentivos especiales
Editorial: Incentivos especiales n Ñuble, que exhibe alarmantes indicadores sociales y económicos, por ejemplo, en pobreza y empleo; contar con políticas y planes que permitan empujar su crecimiento es tan necesario como urgente.
A la región no le basta con crecer un poco más E que el promedio nacional para mejorar sustancialmente el ingreso de sus hogares, porque su PIB per cápita es mucho más bajo que el resto del país y porque su matriz productiva, muy dependiente de actividades primarias, genera mayoritariamente empleos de menores salarios. Frente al gran desafío de reducir las brechas económicas de Ñuble han surgido siempre las voces que claman por mayor ayuda de parte del estado. Lamentablemente, esas "ayudas" consisten, en su mayoría, en políticas asistencialistas, como los bonos y subsidios a los hogares, el apoyo a la pequeña agricultura o los concursos para emprendedores.
Para generar más riqueza no se debe fomentar la pobreza, sino que estimular el crecimiento, con medidas focalizadas en áreas competitivas, por ejemplo, la agroindustria y la industria maderera, dos de los motores de la economía local.
No es un misterio que la agregación de valor permite crear empleos de mejor calidad, pero en una región que envejece a paso firme, con una gran fuga de talentos y un enorme potencial de desarrollo agrícola y forestal, ese proceso requiere de incentivos especiales por parte del estado.
A partir de 2018, la creación de la región permitió poner el foco en mejorar su infraestructura habilitante para el desarrollo, como la pavimentación de caminos, obras de riego y ampliar el acceso a servicios básicos. De igual forma, sigue pendiente la construcción de embalses y superar el rezago de infraestructura de transmisión eléctrica. Sin embargo, el paso siguiente debe ser empujar el desarrollo de negocios, así como atraer inversiones que agreguen valor a la producción local e, incluso, de otras regiones.
Para ello, se requiere contar con herramientas de decisión regional que faciliten a los inversionistas el desarrollo de proyectos, por ejemplo, subvenciones del estado para la adquisición de activos o para la contratación de trabajadores, incentivos tributarios para la inversión o la articulación de los productores. Afortunadamente, entre las autoridades existe el convencimiento de que los escasos recursos para fomento se deben concentrar en rubros con ventajas competitivas y potencial de desarrollo, particularmente la agroindustria y la industria maderera.
Precisamente, el programa de atracción de inversiones IFI, que financia el Gobierno Regional y ejecuta Corfo; así como el Comité de Desarrollo Productivo Regional, instancia público-privada y descentralizada de administración de recursos de fomento productivo, han priorizado estos rubros en la selección de los proyectos a cofinanciar.
Los desafíos que enfrentan las empresas madereras, como el acceso a materia prima, así como las oportunidades de crecimiento que ofrece la construcción industrializada o la exportación de manufacturas, deben ser abordados con una mirada territorial; lo mismo la agroindustria, que necesita mejorar su cadena logística y acceder a mayores volúmenes de materia prima de mejor calidad, para responder a mercados globales cada vez más competitivos.
En ese sentido, diseñar políticas públicas focalizadas y eficientes, en conjunto con el sector privado, permitirá a la región dejar el rezago crónico.. No es un misterio que la agregación de valor permite crear empleos de mejor calidad, pero en una región que envejece a paso firme, con una gran fuga de talentos y un enorme potencial de desarrollo agrícola y forestal, ese proceso requiere de incentivos especiales por parte del estado. EDITORIAL