Columnas de Opinión: ¿Está viejo el Viejo Mundo?
Columnas de Opinión: ¿ Está viejo el Viejo Mundo? Joaquín García-Huidobro n el palacio de la ResiF-dencia de Würzburg pintó Tiépolo un gigantesco fresco, probablemente el más grande del mundo. En él se exponen los cuatro continentes entonces conocidos. Asia, África y América se representan con figuras exóticas, en cambio Europa se muestra como una madona en un trono. Todo a su alrededor da cuenta del esplendor cultural de ese continente que es presentado como la cumbre de las artes, las ciencias y la religión. Hoy, sin embargo, esa posición de privilegio aparece cuestionada. En el siglo XX, Europa tuvo que ceder paso al predominio científico de los Estados Unidos. Ciertamente en sus museos e iglesias se guardan las más notables obras de arte que conocemos, pero todas pertenecen al pasado. En cuanto a la religión, Europa es un continente marcado por la secularización.
La mayoría de nosotros, que desde niños fuimos criados en la admiración por el Viejo Mundo; los que estudiamos su derecho y su filosofía, y nos hemos alimentado de su literatura, desde Homero hasta Evelyn Waugh pasando por Shakespeare y Cervantes, nos vemos forzados a reconocer, con cierta pena, que Europa ya no es aquello que fue. Hace casi un mes, Marco Rubio se los recordó en un discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, pero los europeos lo tomaron muy mal. Para colmo, observamos con pesar la ruptura de la alianza atlántica. Esa estrecha unión entre los Estados Unidos y Europa que durante más de cien años parecía indestructible, hoy está seriamente cuestionada y muchos piensan que ya es cosa del pasado. Los datos son conocidos. Los Estados Unidos les han notificado a los europeos que, de ahora en adelante, deben empezar a preocuparse ellos mismos de su seguridad y del resto de sus problemas. Es interesante observar las reacciones, porque en muchos programas de conversación política han reconocido que durante años ignoraron las peticiones y advertencias norteamericanas. Lo que hizo Donald Trump fue simplemente sacar la necesaria conclusión de una historia que no era ninguna novedad. Pero hay más.
Un espectáculo que a nosotros los latinoamericanos nos llama mucho la atención cuando recorremos Francia o Bélgica es ver la cantidad de cementerios de soldados norteamericanos que dieron su vida para salvar a Europa, tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial. Cuando uno ve esos miles de tumbas, no puede menos que indignarse cuando escucha las constantes críticas de los europeos a Norteamérica y el desprecio con el que muchos miran a la primera potencia mundial. Por supuesto que es muy legítimo y a veces necesario criticar su política exterior, pero esa permanente ingratitud es difícil de explicar. El caso alemán es particularmente ilustrativo de la superficialidad con la que Europa ha manejado sus asuntos. Con una ingenuidad asombrosa, Angela Merkel promovió una amplia política de inmigración sin preocuparse, al mismo tiempo, de gestionar las tensiones que inevitablemente traería consigo, particularmente entre los sectores de menores ingresos en lasociedad. Hoy se extrañan del auge de Alternativa para Alemania y hacen lo posible por aislar a esa agrupación. Como si esa inocencia fuese poca, junto con eliminar las centrales nucleares se entregó en manos de los rusos para abastecerse de gas. Nuevamente vemos buenas intenciones y una pésima ejecución. Ya antes la Sra. Merkel había abolido el servicio militar obligatorio. Ahora, cuando Putin y Trump vinieron a despertarlos, los jóvenes protestan contra las iniciativas que quieren reinstaurar el servicio militar.
Uno se pregunta: ¿ cómo se van a defender de los rusos si las cosas se complican? Para enfrentar los mayores gastos de defensa, el gobierno de Merz consiguió modificar una regla constitucional sagrada: el freno a la deuda pública. Pero todos sabemos que la estabilidad económica alemana se funda, en gran parte, en esa norma que impide gastar lo que no se tiene.
Los líderes europeos no dejan de reunirse y de hacer declaraciones, como si ellas tuvieran el mismo peso que habrían tenido hace cien años, pero ¿ cuánto influyen en realidad? Algunos se alegran al constatarlo, otros lo vemos con pesar.
Me temo que si los europeos no vuelven a mirar con atención la pintura de Tiépolo que les indica las claves de su grandeza tendremos que concluir que el Viejo Mundo ha envejecido de manera irremediable. Carta política. Carta política