COLUMNAS DE OPINIÓN: ¿Romper o reconstruir?
COLUMNAS DE OPINIÓN: ¿ Romper o reconstruir? C Columna ¿ Romper o reconstruir? E n cadena nacional, el Presidente Kast adelantó los principales contenidos del proyecto conocido como ley de "reconstrucción". Pero más allá de los anuncios, lo que queda es una duda legítima y profunda: ¿ esto es realmente un plan para ayudar a las personas que perdieron todo con los incendios o estamos frente a otra señal y medida que favorece sólo a las grandes empresas? No es un detalle menor. En su discurso, el mandatario repitió varias veces el verbo "romper": romper con la burocracia y otras cosas. Sin embargo, cuesta entender cómo ese tono calza con lo que el país necesita hoy. Porque reconstruir no es romper. Reconstruir es reparar, es apoyar, es volver a levantar a quienes lo están pasando mal. En este caso, además de los afectados por los incendios, a las miles de familias que hoy enfrentan las alzas de precios en combustibles y alimentos. Y ahí está el problema de fondo. Lo que se ha adelantado como "reconstrucción" tiene poco de eso. Más bien, se parece a una reforma tributaria disfrazada, que apunta a entregar rebajas de impuestos y estabilidad por décadas a grandes inversiones, mientras la gran mayoría de las personas sigue esperando medidas concretas. Una especie de blindaje para las grandes empresas y el uno por ciento más rico. Iván Flores García Senador por Los Ríos Chile necesita inversión y crecimiento, sin duda. Pero también necesita justicia.
Porque mientras se ofrecen garantías por hasta 25 años a proyectos millonarios, la clase media sigue lidiando con lo urgente: el alto costo de la vida, las deudas, la incertidumbre laboral, la dificultad para llegar a fin de mes. Los sueldos no alcanzan. Y esto no es una discusión teórica. En regiones como Los Ríos, la realidad es clara. Familias que enfrentan empleos inestables, pymes que luchan por sobrevivir, problemas de conectividad, brechas en salud y educación. Para ellos, este proyecto -tal como se ha adelantadono trae soluciones visibles ni alivios reales. Las pequeñas y medianas empresas, que sostienen el empleo local, tampoco aparecen como prioridad. No hay señales claras de apoyo directo, mientras sí se consolidan beneficios para grandes capitales que muchas veces ni siquiera impactan de forma concreta en el desarrollo de los territorios. Por eso es válido preguntarse: ¿ estamos reconstruyendo o estamos aprovechando una coyuntura para empujar cambios que benefician principalmente a unos pocos? Si queremos hablar en serio de reconstrucción, entonces hagámoslo bien. Pongamos al centro a la clase media, a las pymes, a las regiones. Porque reconstruir no es romper. Reconstruir es no dejar a nadie atrás..