LA ARAUCANÍA BAJA EL DÉFICIT: La señal es buena, la tarea sigue siendo enorme
LA ARAUCANÍA BAJA EL DÉFICIT: La señal es buena, la tarea sigue siendo enorme 0 ue La Araucanía haya marcado la mayor disminución del déficit habitacional del país no es un dato menor.
En una region donde la vivienda se cruza con pobreza, ruralidad, crecimiento urbano desordenado y brechas históricas de inversión, una baja de 21% respecto de 2023 -según el estudio citado de la Cámara Chilena de la Construcciónes una señal concreta de que, cuando el Estado se organiza, fija metas y empuja ejecución, los resultados aparecen. Pero esa cifra, por sí sola, no puede convertirse en autocomplacencia. El propio gremio lo advierte: 46.733 familias aún no acceden a una vivienda adecuada. Dicho de otra forma: el indicador mejora, sí, pero el problema sigue siendo masivo y cotidiano. La tentación de celebrar como si el objetivo estuviera cumplido suele ser el primer paso para retroceder. Lo relevante de este momento es que la región parece haber encontrado un rumbo operativo: metas claras, proyectos que salen, y una articulación que empuja la entrega.
El seremi Patricio Escobar Salazar sostiene que la región cumplió anticipadamente la meta regional del Plan de Emergencia Habitacional -13.533 viviendasy que el horizonte de esta administración es dejar más de 21 mil viviendas construidas y entregadas al 11 de marzo, además de 6.500 en construcción y 5.500 prontas a iniciar, lo que permitiría hablar de más de 33 mil viviendas gestionadas en total. Si ese flujo se sostiene, estamos ante un cambio de escala que no se veía hace tiempo. La pregunta, entonces, no es si hay que reconocer el avance: hay que hacerlo.
La pregunta de fondo es otra: ¿ cómo convertimos este empuje en una política de continuidad y calidad, más allá del calendario político y de los ciclos de los anuncios? Porque la vivienda -como se dice con razónno empieza ni termina en un gobierno. Se construye a lo largo de administraciones completas, con decisiones que no se ven en una ceremonia de entrega de llaves: suelo disponible, permisos, diseño urbano, servicios sanitarios, transporte, equipamiento público, mantención y cohesión social.
Y ahí viene el desafío que suele quedar fuera del titular: no basta con sumar números; importa dónde, cómo y para quién. ¿ Las nuevas soluciones están integradas a la ciudad o empujan más periferia? ¿ Llegan con escuelas, salud, áreas verdes, locomoción? ¿ Se está cuidando el estándar para que la "solución" no se transforme en un problema de hacinamiento o deterioro a diez años? En regiones como La Araucanía, el éxito real no es solo construir; es construir bien y con futuro. También está el punto que asoma una y otra vez: la clase media y los sectores medios emergentes.
Si el déficit disminuye concentrándose principalmente en los más vulnerables, es un avance social incuestionable; pero si al mismo tiempo los sectores medios quedan atrapados entre arriendos imposibles y créditos inaccesibles, 61 el malestar se reacomoda, no desaparece. Una política habitacional madura tiene que sostener el ritmo en vivienda social, pero también abrir carriles reales para quienes no califican en un extremo ni pueden pagar en el otro.
En ese contexto, la extensión del Plan de Emergencia Habitacional por cuatro años es una oportunidad -no una garantía -. Es una oportunidad para que el próximo gobierno tome lo avanzado, lo mejore y lo proteja de la lógica del "borrón y cuenta nueva". Y es una oportunidad para que la región discuta, con datos y sin propaganda, cuáles son las trabas que siguen frenando: tiempos de permisos, disponibilidad de suelo urbano, costos de construcción, infraestructura sanitaria, y coordinación efectiva con municipios. La noticia de la baja del déficit es buena. Es una de esas señales que, en medio de la crisis de confianza, vale la pena subrayar: cuando se trabaja con metas y gestión, se puede. Pero el listado de cifras también debe leerse como un recordatorio: 46.733 familias siguen esperando. Y mientras esa cifra exista, el relato correcto no es "misión cumplida", sino "vamos en el camino, pero falta lo más difícil": sostener el ritmo, elevar la calidad y asegurar continuidad. Porque al final, la vivienda no es un número en una lámina. Es estabilidad, dignidad y barrio. Y en La Araucanía, esa sigue siendo una deuda demasiado grande como para convertirla en trofeo de temporada. T20. La noticia de la baja del déficit es buena. Es una de esas señales que, en medio de la crisis de confianza, vale la pena subrayar: cuando se trabaja con metas y gestión, se puede. Pero el listado de cifras también debe leerse como un recordatorio: 46.733 familias siguen esperando. Y mientras esa cifra exista, el relato correcto no es "misión cumplida", sino "vamos en el camino, pero falta lo más difícil": sostener el ritmo, elevar la calidad y asegurar continuidad.