COLUMNAS DE OPINIÓN: Hay algo allá adentro
COLUMNAS DE OPINIÓN: Hay algo allá adentro Cuando una desagracia se abate sobre Chile, especialmente de la Naturaleza, y ivaya que lo hace con frecuencia!, de inmediato se hace sentir la acción de personas anónimas que provenientes de todos los sectores de la comunidad, concurren a prestar ayuda, a paliar los primeros momentos de angustia y desolación que afecta a quienes, en muchos casos lo pierden todo. La vida, la casa, los enseres, y desfigura el lugar donde han sido felices y han conformado su hogar, criaron a sus hijos.
No me refiero al apoyo estatal, de las autoridades políticas, de las empresas, de los municipios, del comercio establecido, de los influencers, de los personajes televisivos e incluso de periodistas quienes acuden a los sitios del suceso con la mejor intención, pero claramente hablan más de la cuenta y contribuyen de alguna manera a desinformar. Tampoco pongo aquí a los bomberos, brigadistas, policías, militares. Estos últimos merecen artículos apartes por la labor que cumplen siempre, con enorme abnegación. Son los anónimos, la gente sencilla y corriente, que -incluso-puede estar con problemas económicos propios e igual aporta, acude, provee de comida, agua. Hay en ellos una fortaleza en nuestra vida en sociedad, y de paso, quizás sin pensarlo hacen suyo los preceptos cristianos: tuve hambre y me diste de comer. Emociona ese tesoro de solidaridad, ese viaje al corazón del humo y las tinieblas. Los incendios forestales que arrasaron con Penco, Lirquén, Punta de Parra y parte de Tomé a mediados de enero último dejaron una secuela de personas fallecidas y 5.000 casas arrasadas.
Hasta hace muy pocos días que pasé por los lugares más afectados había carpas protegiendo a los que no tenían otra opción, justo cuando el frio y las lluvias nos recuerdan que el verano se fue La vista nocturna de la bahía de Lirquén siempre es esplendorosa al bajar desde Tomé hacia Concepción; muchas veces fui a los locales típicos del puerto con los curantos deliciosos, y que a esta altura esperan que sus clientes vuelvan porque también lo necesitan. Aunque la tarea se ve difícil. Degustar en medio de la tragedia no es recomendable para nadie. Esa misma bahía -definida por el propio Pedro de Valdivia como la mejor bahía de las Indiasen carta al todopoderoso Carlos V, en cuyo nombre hacia la conquista. Y fue precisamente allí donde fundó Concepción, la ciudad una y otra vez destruida no solo por los hombres también por las fuerzas de la Naturaleza. A don Pedro le maravillaba, cuentan los escritos, que en esta parte de la geografía, bosques y ríos se encontraran con el mar. Son los anónimos, la gente sencilla y corriente, que -incluso-puede estar con problemas económicos propios e igual aporta, acude, provee de comida, agua. Hay en ellos una fortaleza en nuestra vida en sociedad No me gusta el mundo como está hoy. Demasiada soberbia de algunos gobernantes, por lo pronto. Demasiadas guerras. Me gusta Chile, por razones obvias. Más aun es un privilegio nacer y vivir en un país ordenado, democrático, respetuoso de los derechos humanos, con libertad de expresión, con preocupación por mejorar la vida de los que tienen menos. La gente que ayuda, sin esperar nada, está cambiando más aún la sociedad para hacerla libre, fraterna y justa. Si se piensa que vivo en un universo paralelo, que olvido los saqueos, los robos, las ropassucias y rotas que suelen donarse en diferentes tragedias. No las olvido. Estoy convencido que los seres humanos somos embutidos de ángel y bestia, como lo definió el gran Nicanor Parra. Se trata que aparezca el ángel y no la bestia. Aunque a veces es muy complejo. MÓNICA SILVA ANDRADE Periodista.