La filantropía porteña (II parte)
La filantropía porteña (II parte) n el curso del siglo XX, la filantropía influyó notablemente en el creciE miento de Valparaíso.
Donantes generosos, familias e instituciones, forjaron un nuevo destino que transformó la caleta de comienzos de la vida republicana en un puerto y ciudad con rasgos distintivos en Sudamérica. "Gotas de Leche" fue una institución de beneficencia para atender la desnutrición y las carencias de los niños desde su nacimiento hasta la primera etapa de crecimiento. Con rifas, onces de camaradería, auxilio hospitalario, las damas porteñas establecieron sus actividades en Valparaíso, motivadas por las nobles ideas del médico francés León Dufour, que en 1894 fundó esta iniciativa en Fécamp, Normandía. En 1918, "Gota Central", se instaló de forma pionera en calle Blanco 1501, liderada por Mary Fitz Henry, esposa del abogado Ángel Guarello. Sus iniciativas fueron pilares importantes para afianzar la política de salud pública en Chile, a través del Ministerio de Higiene y Seguridad Sanitaria. El edificio, obra del arquitecto suizo Augusto Geiger, permanece en ese sector de la ciudad. Al mismo arquitecto, debemos el diseño del edificio de El Mercurio de Valparaíso y el de los Tribunales en Plaza Justicia. El 13 de abril de 1923, en el restaurante "Le Lucien" de Valparaíso, se fundó el primer Club Rotario de Chile.
Liderado por Miguel Marín Nates, Aurelio Cruzat Ortega, Agustín Turner y Julio Navarro Monzó, promovió las ideas de bienestar comunitario del abogado norteamericano Paul Harris, que en 1905 concibió este anhelo de forjar "lazos de amistad entre los hombres", para fundar el Rotary International. Las iniciativas rotarias incluyeron becas estudiantiles, mejoras en plazas y ejes de urbanidad, apoyo a hospitales, y su acción permanece vigente por más de un siglo. Como muchas otras iniciativas, desde Valparaíso la idea se amplió a Santiago y otras provincias del E país. El Rotary de Valparaíso goza de reconocimiento social por la generosa labor que desarrolla, siguiendo la ruta benéfica que lo inspiró en sus orígenes a través del mundo.
En 1916, Isabel Caces, viuda en primeras nupcias del ciudadano norteamericano John Brown Diffin, poco antes de morir, redactó su segundo testamento con la voluntad de "Hacer algunas asignaciones con objeto de beneficencia, instrucción o piedad, nombrando como albaceas fiduciarias a sus hijas María Teresa e Isabel Brown Caces". El historiador Rodrigo Quijano señala: "El testamento tuvo como resultado generar un profundo compromiso colectivo al interior de la familia Brown, involucrando además de las hijas de Isabel Caces, a sus esposos -Rafael Ariztía y Rafael Brunet-, así como a Juan Brown, otro de sus hijos.
Esta determination familiar fue un factor decisivo para canalizar los aportes que hicieron posible la futura universidad" (Varios autores, "Capilla del Sagrado Corazón de Jesús”, p. 35). La visión y empuje del sacerdote Rubén Castro Rojas constituye un paso fundamental para que, la idea de construir un instituto técnico, madurara para dar forma a la Universidad Católica de Valparaíso -desde 2003 Pontificia-, cuya primera piedra se puso en los terrenos de las avenidas Brasil esquina Argentina en septiembre de 1925, encargándose el diseño de la emblemática casa central a los arquitectos Ernesto Urquieta y Gregorio Airola. Próxima a celebrar sus cien años de existencia -en 2028constituye una de las principales universidades del país. En la misma senda, podemos destacar el aporte de otro notable filántropo chileno, Federico Santa María Carrera.
En 1920 entregó su testamento cerrado, en las oficinas del Consulado de Chile en París, encarGOTAS DE LECHE VAL PARAISO gando a su amigo Ismael Tocornal traer una copia del ejemplar a Chile, para depositarlo en el Banco Anglo-Sudamericano en Valparaíso. Manuscrito en seis carillas, designó albaceas a Agustín Edwards, Juan Brown Caces, Carlos van Buren y Andrew Geddes.
El propósito de Federico Santa María se centró en entregar oportunidades académicas superiores para tender a una promoción y reconocimiento del "Desvalido provisorio". Por eso, destina todos sus bienes a formar "una Escuela de Artes y Oficios, con un internado y un externado; en el internado sólo se admitirían los alumnos que se hayan distinguido en las escuelas primarias por su inteligencia y laboriosidad; asimismo, se admitirán por cada provincia de Chile dos o más alumnos que se hayan distinguido. .. -Tambiénun Colegio de Ingenieros en todos sus ramos, civil, ferrocarriles, fábricas, minería, hidráulica, electricidad, etc. y todos los demás que el progreso implante. .. Es mi decidida voluntad que el cuerpo de profesores de los establecimientos sea en su totalidad compuesto de extranjeros, sin distinción de nacionalidades, y elegido y contratado por uno de mis albaceas, que se trasladará al efecto a Estados Unidos y Europa a cerciorarse cuidadosamente del valor científico y pedagógico de cada cual.
Esta exigencia se extiende a un periodo de diez años" ("Apuntes Biográficos de don Federico Santa María. .. ", pg. 147). Se encargó al arquitecto Josué Smith Solar el diseño y construcción de la sede en cerro Los Placeres, en los terrenos del ex Fuerte Pudeto, fiel a las características de un campus universitario, como los existentes en grandes ciudades del mundo.
Agustín Edwards, en calidad de albacea, se trasladó a Alemania, para contratar los servicios del profesor Karl Laudien, con gran experiencia en la recuperación de las escuelas de artes y oficios germanas, después de la Primera Guerra Mundial. Las clases y el régimen de internado comenzaron en 1931. Podemos darnos cuenta, en los dos capítulos presentados en El Mercurio de Valparaíso, del significado de la filantropía para la ciudad, la región y el país.
Asilos, hospitales y hospicios, iglesias, escuelas agrícolas, colecciones artísticas, biblioteca, instituciones de salud y bienestar solidario con la infancia, con becas a estudiantes, y con la formación de las Universidades Católica de Valparaíso y la Universidad Técnica Federico Santa María y, años después, la sede José Miguel Carrera, en El Olivar, son parte del legado del que la generosidad altruista da cuenta hasta hoy. No queda más que decirles, a ellos y a muchos más, que aportaron con su legado a construir un gran Valparaíso: ¡ Gracias! 03. POR JORGE SALOMÓ FLORES, HISTORIADOR JORGE SALOMÓ