Autor: Carolina Torres Moraga Carolina.torres@australtemuco.cl
La vida del sacerdote y bombero que eligió a Temuco como su hogar: "Mientras tenga fuerzas, seguiré sirviendo"
La vida del sacerdote y bombero que eligió a Temuco como su hogar: "Mientras tenga fuerzas, seguiré sirviendo" n una ciudad que celebra 145 años de historia y memoria compartida, el reconocimiento a sus ciudadanos destacados habla también de las vidas que, silenciosamente, han contribuido a sostenerla.
A sus 76 años, el padre Jaime Villalobos Farrán ha bautizado a miles de personas, acompañado a familias en el dolor más profundo y vestido el uniforme de bombero cuando la emergencia ha estremecido a Temuco. Su trayectoria no se explica desde un solo ámbito, sino desde una doble vocación que ha marcado su existencia: la sacerdotal y la bomberil. Nacido en 1949 en Huépil, cerca de Los Ángeles, llegó muy joven a Temuco para estudiar y terminó arraigándose definitivamente en esta tierra que lo acogió hasta convertirlo en un temuquense más. Con más de 55 años de ministerio apostólico, su servicio ha trascendido los límites parroquiales.
Es capellán regional del Cuerpo de Bomberos -institución en la que además es bombero honorario-, capellán del Centro Español y capellán de la Escuela Francia, espacios donde su presencia ha sido guía espiritual, acompañamiento y palabra oportuna en momentos decisiVos. Distinguido como Ciudadano Destacado en el marco del aniversario de la ciudad, el sacerdote afirma recibir el reconocimiento "sin merecerlo", pero lo asume como una invitación a seguir entregándose. Porque si hay una palabra que atraviesa su historia, tanto frente al altar como frente al fuego, es simplemente: servicio.
Padre Jaime, en el contexto de los 145 años de Temuco, una ciudad que celebra su historia y proyecta su futuro, ¿quésignificado personal y espiritual tuvo para usted serdistinguido como Ciudadano Destacado? Sentí una emoción muy grande.
Cuando me llamaron, me pregunté de rodillas frente al Señor: habiendo tanta gente buena y generosa en Temuco, ¿por qué se fijan en uno? He recibido muchísimos mensajes, alumnos de la universidad, personas que bauticé o casé.
Yo digo que no lo merezco, pero se lo ofrezco a Dios, porque Él me llamó a esta obra y la sigo continuando. -Usted no nació en Temuco, pero ha dedicado aquí más de medio siglo de su vida.
En una fecha tan simbólica como este aniversario, ¿cómo recuerda ese primer encuentro con la ciudad que terminaría convirtiéndose en su hogar definitivo? Nací en 1949, en Huépil en la Región del Biobío, soy descendiente de libaneses por parte de mi madre y estudié en Los Ángeles primero y luego en Concepción.
Vine a Temuco siendo muy joven en una visita con compañeros y me gustó tanto que dije: "Sea como sea, me vengo a estudiar acá". Entré a la Universidad de Chile, sede Temuco, a estudiar la carrera de Laboratorista Químico y ya han pasado más de cincuenta años. Esta ciudad me acogió, me dio amistades, estudios y cariño.
Eso no se paga con nada. -En medio de su formación universitaria, en tiempos complejos para el país, emerge su vocación sacerdotal. ¿ Cómo se fue gestando ese llamado que cambiaría el rumbo de su vida? Alrededor de 1973 se nos murió una compañera de carrera y me golpeó mucho. Pensé en lo frágil que es la vida. Fui a pedir una misa por ella y empecé a reflexionar más profundamente. Me acompañó en ese entonces el padre Marcos Uribe. Lo más difícil fue decírselo a mi mamá; le costó años aceptarlo. Pero cuando me ordené, aunque lloró mucho, después fue el hijo que tuvo más cerca. Incluso se confesaba conmigo todos los meses. -Susprimeros años deministerio lo llevaron a comunidades profundamente marcadas por la identidad mapuche y por un contexto social complejo. Mirado en perspectiva, ¿qué aprendizajes le dejó esa etapa fundacional de su servicio pastoral? Al principio sentí que no encajaba. Fui donde el obispo, en ese entonces monseñor Sergio Contreras y le dije que no podía. Él me respondió: "Encárnate, Jaime". Y entendí. Me metí en las comunidades mapuche, aprendí su idioma y costumbres. Fue un renacer para esas parroquias en las comunas de Ercilla y Collipulli. Construimos capillas, salones, comedores para niños y adultos. Siempre he creído que la fe sin caridad es fe muerta. -En Temuco también impulsó iniciativas concretas para jóvenes vulnerables.
En una ciudad universitaria como esta, ¿qué lugar ocupa la educación en su mirada de desarrollo humano y social? -Un día vi a un alumno estudiando bajo un farol porque no tenía luz en la pieza que arrendaba. Me dolió mucho. Con ayuda de amigos y empresarios habilitamos casas. Más de veinte jóvenes se titularon: abogados, ingenieros, técnicos. Hasta hoy me dicen "abuelo". Eso demuestra que cuando la comunidad se une, se logran cosas grandes. -Junto al sacerdocio, usted abrazó la vocación de bombero, otra forma deservicio. En una ciudad que ha crecido y enfrentado múltiples emergencias, ¿cómo dialogan en usted estas dos misiones? -Entré como voluntario en 1984. Primero fui sacerdote y después bombero. Miraba a los muchachos trabajar y me llamó el servicio. Hice todos los cursos, participé en rescates y luego fui nombrado capellán de la Compañía Germania, del Cuerpo de Bomberos de Temuco y hoy capellán regional. Para mí, bomberos es una gran familia. No estamos por un sueldo, sino por servicio, igual como ocurre con el sacerdocio. -En estos 145 años, Temuco ha cambiado en infraestructura, en población y en desafíos. Desde su mirada pastoral y ciudadana, ¿cómo definiria el alma profunda de esta ciudad? -Es una ciudad enclavada en un lugar privilegiado, con el Cerro Ñielol como pulmón. Pero su verdadera alma está en su gente: juntas de vecinos, iglesias, clubes, bomberos. Aquíse une el pueblo mapuche y el no mapuche.
Debemos crecer en tolerancia y respeto porque todos tenemos un rol que cumplir, por más pequeño que pudiera parecer. -En tiempos donde muchas veces prima el individualismo, ¿qué rol deben asumir las instituciones-la Iglesia, las organizaciones sociales, las universidadespara fortaleceruna cultura de servicio y comunidad? -Evangelizar y servir. La Iglesia debe evangelizar a los pobres y, a través de ellos, tocar el corazón de quienes tienen más para que ayuden con humildad. Hoy en día hay mucha cesantía y necesidad. Sin trabajo hay hambre y sin dignidad hay violencia. Necesitamos inversión, seguridad y educación fortalecida.
Las universidades deben formar profesionales sensibles a los problemas sociales de la actualidad. -Padre, si proyectamos la mirada hacia el Temuco de los 150 0 incluso de los 200 años, ¿cómo sueña usted esta ciudad que ha marcado su historia personal? Mi sueño es ver a futuro una ciudad planificada, segura, con casas más dignas, con espacios verdes y un centro renovado. Que los proyectos se concreten y que nadie les ponga freno. Que sea una ciudad de hermanos, no de individualismos. Finalmente, si hoy pudiera abrazar simbólicamente a Temuco en su aniversario número 145, ¿qué le agradecería y qué promesa le haría de aquí al futuro? Le agradecería el haberme acogido y querido. Y le prometo que, hasta que el Señor me llame y mientras tenga fuerzas, quiero seguir sirviendoa la comunidad. Mi deseo es que mi despedida de este mundosea con una eucaristía y que los bomberos me lleven al cementerio. Definitivamente, mi esperanza es que mi cuerpo vuelva al polvo aquí, en el polvo de Temuco. 03 Autor: Carolina Torres Moraga Carolina.torres@australtemuco.cl.
Distinguido como Ciudadano Destacado en los 145 años de la ciudad, el padre Jaime Villalobos -capellán regional de Bomberos y párroco en la zona de Pillanlelbún y Cajón - repasa más de cinco décadas de entrega pastoral y social. Desde comunidades mapuche hasta rescates en emergencias, su historia es la de una doble vocación marcada por la fe, la acción y el compromiso con la capital regional. Padre Jaime Villalobos Farrán, Ciudadano Destacado de Temuco: FOTOS: CAROLINA TORRES M.