Autor: Dra. Francisca Salas, Directora Medicina UNAB
Cartas: Zamarreo: el daño que no siempre se ve
Cartas: Zamarreo: el daño que no siempre se ve Señor Director: Un zamarreo puede durar apenas segundos. A veces no deja moretones, heridas ni señales visibles. Pero dentro del cuerpo de un niño pequeño puede desencadenar hemorragias cerebrales, inflamación, lesiones oculares y daños neurológicos permanentes. Incluso la muerte. Los lactantes son especialmente vulnerables. Su cabeza es proporcionalmente más grande, el cuello aún no tiene la fuerza suficiente y el cerebro se mueve con mayor facilidad dentro del cráneo frente a movimientos bruscos. Por eso, una acción impulsiva de un adulto puede transformarse en una agresión con consecuencias irreversibles. Todavía hay quienes minimizan estas conductas bajo frases como “perdí la paciencia” o “solo fue un zamarreo”. Pero la evidencia médica es clara. La violencia física no corrige, no educa y no mejora la conducta infantil. Al contrario, aumenta el riesgo de problemas emocionales, dificultades conductuales y trastornos de salud mental a largo plazo. Un niño que crece expuesto a violencia aprende que quienes deberían protegerlo también pueden dañarlo. Esa experiencia altera la sensación de seguridad, afecta el desarrollo emocional y mantiene activados los sistemas de estrés del organismo. Las consecuencias pueden acompañarlo durante años. Criar es agotador. El llanto, las pataletas y la frustración forman parte del desarrollo infantil. Sentirse sobrepasado puede ocurrir. Lo importante es entender que la violencia nunca es una respuesta aceptable. Pedir ayuda, detenerse a tiempo y reconocer la pérdida de control también son formas de proteger a un niño. Autor: Dra. Francisca Salas, Directora Medicina UNAB.