Autor: Nicolás Maureira Royo prensa@latribuna.cl
Camila Rivera y César Soto: la historia de amor y esfuerzo detrás de academia de danza local
Camila Rivera y César Soto: la historia de amor y esfuerzo detrás de academia de danza local La danza y la música terminaron uniendo mucho más que dos disciplinas artisticas en la vida de Camila Rivera y César Soto.
Lo que comenzó como un proyecto levantado en plena pandemia, con clases online y salas arrendadas por horas, hoy se transformó en una historia familiar construida desde el esfuerzo, la perseverancia y el trabajo conjunto en Los Ángeles. Actualmente ambos lideran New Hope Dance, academia ubicada en la capital provincial que reúne a cerca de 90 alumnos entre niños, jóvenes y adultos. Sin embargo, detrás de las coreografías, galas y presentaciones, existe una historia marcada por sacrificios personales, momentos complejos y una apuesta de vida que terminó uniendo a toda una familia alrededor del arte. En entrevista con Radio San Cristóbal, Camila Rivera y César Soto compartieron parte de la historia de amor, esfuerzo y trabajo conjunto que existe detrás del proyecto artístico que ambos impulsan actualmente en Los Ángeles. LA NIÑA QUE QUERÍA BAILAR La relación de Camila Rivera con la danza comenzó desde muy pequeña. Mientras vivía en Santiago, empezó a participar desde los ocho años en talleres escolares, convirtién dose con el tiempo en una de las alumnas más entusiastas de su generación. "Yo estaba metida en todo. Ya cuando estaba en media, los profesores de educación física me pedían ayuda y yo lideraba a todos los cursos. Era una chiquitita de primero medio, pero me hacía cargo hasta de los de cuarto", recordó.
Aunque la idea de dedicarse profesionalmente al arte la acompañó desde joven, el camino no estuvo exento de dudas dentro de su entorno cercano. "Mis papás no me apoyaban mucho al principio porque pensaban que la danza no iba a ser rentable, pero no es así. A nosotros nos va muy bien gracias a Dios y también por hacer un buen trabajo", sostuvo. Tras titularse, decidió apostar definitivamente por el camino artístico que venía construyendo desde adolescente. "Fui a audicionar escondida de mis papás justo el día de mi cumpleaños. Mientras todos preparaban el cumpleaños en la casa, yo fui en la mañana y quedé. Ahí al otro año entré a estudiar danza", relató. Mientras estudiaba, trabajó en producción de eventos y en distintos colegios, experiencia que más tarde terminaría siendo fundamental para desarrollar sus propios proyectos. La pandemia marcó otro giro importante.
Mientras residía en Santiago, comenzó a levantar un pequeño espacio online de clases de baile a través de redes sociales, reuniendo alumnas de distintos lugares mientras continuaba trabajando en establecimientos educacionales. "NOS CONOCIMOS CANTANDO Y BAILANDO" En medio de ese proceso apareció César Soto, cantante angelino conocido por sus tributos musicales a Beto Cuevas y que, con el tiempo, terminaría siendo pieza clave en la historia que ambos comenzaban a construir. "Nos conocimos en el momento indicado. Yo cantando y ella bailando en un evento. Ahí nos fuimos conociendo de a poquito y después saliendo. Me gustó mucho cómo enseñaba y el trato que tenía con los niños", recordó César.
Hoy, ya casados, ambos impulsan el proyecto junto a su hija Allison, integrando la vida familiar a una iniciativa artística que nació durante la pandemia y que posteriormente tomó forma en Los Ángeles. "Yo conozco mucho la parte técnica, equipamiento, sonido y todo eso. Nos fuimos complementando en las galas y en los eventos", comentó César. Ese vínculo familiar terminó impregnando también el sello que hoy buscan transmitir en cada una de sus actividades.
CUANDO TODO PARECÍA CUESTA ARRIBA Aunque hoy cuentan con un espacio propio y una comunidad consolidada, los primeros años de Camila Rivera en Los Ángeles estuvieron marcados por incertidumbre y dificultades para encontrar espacios donde continuar desarrollando sus clases. "Hubo un momento en que me quise rendir.
Dije: 'No quiero seguir, no es para mí'. Apenas con las salas ya se me venía todo encima, porque se me cerraron las puertas de ese lugar y yo no conocía más espacios para arrendar", recordó. En medio de ese escenario, César tomó una decisión que terminaría cambiando el rumbo de ambos.
Tras comenzar trabajando en salas arrendadas por horas y abrirse camino de manera independiente, decidieron apostar por abrir una academia propia en la capital provincial. "Él me dijo: 'Vamos a abrir una academia'. Y así fue.
Yo creo que fue un salto de fe y que Dios respaldó todo el trabajo de años", comentó. *GODI La primera gran apuesta llegó posteriormente con una gala en el Teatro Municipal de Los Ángeles, presentación que superó ampliamente las expectativas que tenían como pareja y equipo artístico. "Sobrellenamos el teatro. Tuvimos que decirle a la gente que ya no podía seguir entrando para que estuvieran cómodos, pero muchos igual quisieron quedarse de pie", recordó Camila. Con los recursos obtenidos tras aquella presentación, comenzaron a acondicionar el espacio que actualmente utilizan para desarrollar sus actividades. "Nosotros mismos pintando y maestreando", agregó César. UNA FAMILIA CONSTRUIDA ALREDEDOR DEL ARTE Con los años, la iniciativa pasó a transformarse en mucho más que una academia de danza. Según relatan, la academia se convirtió también en un lugar de contención emocional para varios de sus alumnos.
Camila recordó que algunos niños llegaron después de sufrir episodios de bullying en sus colegios, mientras que muchas mujeres adultas buscaban simplemente un momento personal fuera de sus responsabilidades diarias. "Queremos que la gente, independiente de su edad, brille, sea libre y feliz. Tratamos de cuidar mucho el ambiente y darles ese valor para que crean en ellos mismos", afirmó.
Actualmente también trabajan con alumnos neurodivergentes, incluyendo niños y jóvenes con diagnósticos de autismo e hiperactividad, además de desarrollar actividades solidarias durante fechas especiales y campañas benéficas vinculadas a incendios forestales, personas en situación de calle y Teletón. Según explican, uno de los principios que buscan mantener en cada presentación tiene relación con el cuidado de la infancia y las edades de sus alumnos. "Nosotros queremos que eso se conserve. Cuidamos mucho desde el vestuario hasta los movimientos de los niños. No se sexualiza a ningún niño, sino que todo se hace de forma creativa y acorde a su edad", explicó Camila. El vínculo con sus alumnos también se ha fortalecido fuera de las clases. Incluso mantienen un grupo llamado "Ohana", palabra hawaiana asociada al concepto de familia. "Llegan de vacaciones con regalitos, recuerdos o mensajes. El vínculo es súper bonito y eso igual nos emociona mucho", comentaron. Actualmente, New Hope Dance funciona en Colo Colo 217, segundo piso, en Los Ángeles. Además, la academia prepara su gala de quinto aniversario "Viajando por el mundo", programada para el próximo 14 de agosto en el Teatro Municipal. También mantienen actividad en Instagram bajo el usuario @newhopedance. cl y en YouTube a través del canal "New Hope Dance Chile". Autor: Nicolás Maureira Royo prensa@latribuna.cl. En entrevista con Radio San Cristóbal, la pareja relató las dificultades económicas y personales que enfrentó antes de levantar un espacio ligado al baile y la música junto a su hija Allison en Los Ángeles. Actualmente, New Hope Dance funciona en Colo Colo 217, segundo piso, en Los Ángeles. Además, la academia prepara su gala de quinto aniversario "Viajando por el mundo", programada para el próximo 14 de agosto en el Teatro Municipal.
También mantienen actividad en Instagram bajo el usuario @newhopedance. cl y en YouTube a través del canal "New Hope Dance Chile". CAMILA RIVERA Y CÉSAR SOTO junto a su hija Allison, familia que levantó un espacio artístico en Los Ángeles tras comenzar con clases online y salas arrendadas durante la pandemia.