Autor: Alejandra Pozo Cortez Abogada y Consultora en gobernanza, compliance y desarrollo territorial
Columnas de Opinión: Antofagasta: una identidad por reconstruir
Columnas de Opinión: Antofagasta: una identidad por reconstruir ada aniversario de Antofagasta no solo nos invita a celebrar nuestra historia; también nos obliga a mirarnos con honestidad. Sostenemos una de las economías más relevantes del país, pero aún no consolidamos una identidad territorial acorde a esa riqueza.
La pregunta ya no es retórica, es urgente e inevitable: ¿ cuánto de este paisaje nos pertenece realmente y cuánto hemos permitido que se diluya bajo un pragmatismo económico que, visto desde el centralismo, nos reduce a una cifra de exportación? Fortalecer nuestra "antofagastinidad" exige que el enfoque ESG (ambiental, social y de gobernanza) deje de ser un PowerPoint corporativo elaborado por tomadores de decisiones que no habitan este territorio y se convierta en un verdadero contrato social entre industria, Estado y ciudadanía. Laidentidad local fue forjada por un entorno privilegiado, pero también por la resiliencia de quienes han decidido arraigarse en el desierto. La "E" de este compromiso demanda que empresas y autoridades comprendan que el paisaje no es solo un activo productivo, sino nuestro patrimonio esencial. La minería avanza hacia una sostenibilidad hídrica sin precedentes, según Cochilco, el uso de agua de mar en la industria regional se encamina a superar el 70% del consumo total, liberando fuentes continentales. Sin embargo, el progreso técnico no puede transformarse en una excusa para ignorar las heridas locales.
No hay identidad posible si playas y barrios del sector norte continúan bajo la sombra de crisis sanitarias, caracterizadas por la proliferación de microbasurales, escombros y desechos voluminosos que afectan el borde costero y espacios públicos, quemas ilegales de residuos, contaminación marina por basura doméstica y riesgos de contaminación fecal. La pertenencia se construye cuando el entorno se habita sin miedo, no cuando se acumulan promesas de remediación. Durante décadas, Antofagasta ha cargado con el estigma de ser una ciudad "de paso". La "S" del ESG nos desafia a transformar la transitoriedad en arraigo.
Iniciativas públicas como la inversión cercana a los $14 mil millones (impulsada por el MOP y el Gobierno Regional para renovar 1,7 kilómetros del borde costero) constituyen avances necesarios, pero todavía insuficientes para cerrar la brecha entre crecimiento urbano y calidad de vida. Laindustria debe asumir que el bienestar de quienes habitan la ciudad es tan relevante como su productividad. Fortalecer la identidad implica invertir en infraestructura digna -hospitales, escuelas y viviendasentendiendo que no son oportunidades de negocio, sino condiciones básicas para la cohesión social y la sostenibilidad. Nada de lo anterior es viable sin una "G" robusta. La Estrategia Regional Minera (ERMA) 2026 no puede quedar reducida a un documento de buenas intenciones; debe transformarse en el instrumento que articule una gobernanza ética y estratégica. El orden y la seguridad pública no son variables accesorias, sino requisitos para la convivencia y el desarrollo. Con un presupuesto municipal que supera los $210 mil millones, resulta legítimo exigir que el temor deje de inhibir el uso de espacios públicos que pertenecen, sin matices, a nosotros, los antofagastinos.
En este aniversario, el desafío es dejar de ser únicamente el "sueldo de Chile". Que el brillo de la Perla no provenga solo de su riqueza natural, sino de una gestión consciente, socialmente justa y ambientalmente responsable. Antofagasta ya no debe conformarse con promesas, porque un territorio que produce riqueza, pero no construye pertenencia, termina debilitando su propio futuro. Autor: Alejandra Pozo Cortez Abogada y Consultora en gobernanza, compliance y desarrollo territorial. Columna