Autor: POR FERNÁN RIOSECO, ABOGADO
Columnas de Opinión: La gran feminización: Kohlberg vs. Gilligan
Columnas de Opinión: La gran feminización: Kohlberg vs. Gilligan ristóteles nos advirtió A en La Política que la ley es razón sin apetito. Ese ideal weberiano de un Estado gélido, burocrático y predecible es lo que gran parte del electorado buscó restaurar al elegir a José Antonio Kast.
Sin embargo, tras apenas un mes de gestión, el gobierno parece haber olvidado que la racionalidad técnica, por muy correcta que sea en el papel, es políticamente estéril si no se administra con las formas que exige la convivencia democrática. Loocurrido con la exdirectora del SernamEG y el desprolijo anuncio sobre el alza de combustibles revela un patrón preocupante.
La Moneda parece operar bajo el esquema de Lawrence Kohlberg en estado puro: una ética de la justicia abstracta, donde la facultad legal de remover a un funcionario de confianza o la necesidad fiscal de ajustar precios se imponen por su propia lógica, sin considerar el contexto humano ni el vínculo social. Pero Chile ya no es el país de la racionalidad purista. Como planteó Helen Andrews, los espacios públicos han sido capturados por una nueva gramática del poder. Es aquí donde la figura de Carol Gilligan y su ética del cuidado se vuelven ineludibles.
El error de Kast no ha sido aplicar la ley -lo cual es su deber-, sino haber ignorado que, en una sociedad feminizada, la justicia de Kohlberg sólo es sostenible si se acompaña de la prudencia de Gilligan. La ética del cuidado no es, como cree el coro de tragedia griega de la derecha tradicional, una invitación a la moralina o al sentimentalismojurídico que paraliza al Estado. Al contrario, es una herramienta técnica de gobernabilidad. Un estadista con "carrete" habría comprendido que la remoción de una funcionaria con una enfermedad catastrófica requería del rito administrativo-como el feriadolegalpara proteger la legitimidad del acto. Ignorar esto no fue un signo de firmeza, sino de analfabetismo emocional y político. El Gobierno ha caído en la trampa: intenta ser gélido al decidir, pero termina siendo sentimental al reaccionar ante la crítica, "pausando" medidas que ya anunció. Ha olvidado que el Estado es un cirujano que, si bien debe operar, no puede hacerlo sin anestesia. La falta de ritos -la Cadena Nacional, la altura de estadista, la gradualidadha transformado decisiones racionales en agresiones percibidas. Para que Kast logre su promesa de orden, debe entender que la política no se agota en la planilla Excel del Ministerio de Hacienda ni en el rigor técnico de sus asesores. El Estado debe volver a ser predecible, sí, pero esa predictibilidad requiere equilibrar el Animus del mando con el Anima de la prudencia.
Si Kast no profesionaliza su círculo de hierro con quienes entiendan que el poder es tanto justicia como cuidado del vínculo ciudadano, su administración corre el riesgo de ser recordada no por su orden, sino por una ineficiencia disfrazada de rigor que no supo leer los tiempos de la gran feminización. C3 Autor: POR FERNÁN RIOSECO, ABOGADO.