Autor: Rodrigo Gutiérrez Director alterno, Instituto Milenio de Biología Integrativa, iBio
Cartas: ¿Qué pasa con la ciencia?
Cartas: ¿ Qué pasa con la ciencia? Cuando discutimos sobre calidad de la educación superior, solemos mirar planes de estudio, infraestructura o acreditaciones. Pero pocas veces ponemos el foco en un punto decisivo: la calidad de los profesionales que forma una universidad depende, en gran medida, de la calidad de sus profesores. Y la calidad de un profesor universitario no se sostiene solo en repetir contenidos conocidos. Depende de su capacidad para actualizar el conocimiento, incorporar nuevas tecnologías y enseñar desde la frontera de su disciplina. En otras palabras, depende de que sea también un investigador activo. Un académico que investiga en biotecnología no enseña genética como una fotografía del pasado, sino como una herramienta viva para comprender vacunas, terapias génicas o agricultura sustentable. Un profesor que trabaja en inteligencia artificial no se limita a explicar algoritmos: muestra cómo estos transforman la medicina, la industria y la educación. Del mismo modo, un investigador en pedagogía puede reemplazar métodos obsoletos por estrategias basadas en evidencia. Separar investigación y docencia empobrece a ambas. La investigación sin estudiantes se encierra en sí misma; la docencia sin investigación corre el riesgo de convertirse en repetición. Las universidades que investigan forman profesionales más críticos, creativos y preparados para resolver problemas reales. Por eso, invertir en ciencia no es un lujo académico ni un gasto accesorio. Es invertir directamente en la calidad de quienes educan y, por tanto, en la calidad de quienes mañana tomarán decisiones por el país. Sin ciencia, la educación pierde su luz; y un país que apaga esa luz no puede ver por donde caminar en el futuro. Autor: Rodrigo Gutiérrez Director alterno, Instituto Milenio de Biología Integrativa, iBio. CARTA