Columnas de Opinión: La salud mental no debe postergarse
Columnas de Opinión: La salud mental no debe postergarse Cada vez que una catástrofe golpea a una comunidad, como el incendio que ha afectado la Región del Biobío y del Nuble, la respuesta institucional y social es asegurar la sobrevida: primero salvar vidas, luego resguardar lo material. Es una reacción necesaria.
Sin embargo, en Chile seguimos cometiendo el mismo error: tratar la salud mental como un problema secundario, como si pudiera esperar hasta que "pase la emergencia". La evidencia muestra que esta omisión tiene costos humanos y sociales que no siempre se manifiestan de inmediato, pero que terminan emergiendo. La salud mental no es un lujo ni una etapa posterior de la reconstrucción. Debe ser parte de la primera respuesta. Ignorarla no solo aumenta el sufrimiento individual, sino que debilita la capacidad de recuperación de comunidades afectadas. Aun así, persiste la idea de que abordar la salud mental en contextos de desastre es complejo, costoso o exclusivo de especialistas. Esto no es así. Las intervenciones de primera línea, como los primeros auxilios psicológicos, son simples y efectivas, y están recomendadas a nivel internacional. Se basan en escuchar, validar, entregar seguridad y ayudar a resolver necesidades concretas. No requieren tecnología, sino voluntad, formación básica y decisión política. No todas las personas enfrentan las catástrofes de la misma manera. Existen grupos con mayor riesgo de desarrollar problemas de salud mental: niños, personas mayores y quienes viven con trastornos mentales. Esto exige una mirada focalizada.
En el caso de los niños, acciones como mantener rutinas, anticipar lo que ocurrirá durante el día, proteger espacios de juego y limitar la exposición a imágenes del desastre pueden marcar una diferencia en cómo enfrentan la experiencia. Tampoco se debe olvidar a los equipos de primera respuesta. Bomberos, personal de salud, voluntarios y trabajadores de emergencia sostienen a otros mientras enfrentan situaciones de alto impacto emocional. Debemos indispensablemente proteger a quienes protegen, cuidar a quienes cuidan. Las catástrofes no afectan solo a quienes lo pierden todo; afectan a comunidades completas. Vecinos, amigos, familiares y quienes observan cómo su entorno se transforma también experimentan miedo, angustia e incertidumbre. Pensar la salud mental solo en clave de "damnificados directos" es una mirada reducida que desconoce cómo opera el trauma a nivel comunitario. Por ello, es necesario generar acciones dirigidas a las comunidades afectadas, que las consideren en su conjunto. La emergencia no termina cuando se apaga el fuego. Ahí comienza otra fase, donde aparecen el duelo, la ansiedad, el insomnio y el desgaste emocional.. Cynthia Zavala Psiquiatra y directora Escuela de Medicina UNAB OPINIÓN