Editorial: Un compromiso con los adultos mayores
Editorial: Un compromiso con los adultos mayores ElEditorialn Ñuble, como en el resto del país, el envejecimiento dela población es unarealidad innegable. Cada vez más personas alcanzan edades avanzadas, aportando con su experiencia y memoria a nuestras comunidades. Sin embargo, este reconocimiento muchas veces contrasta con las dificultades que enfrentan a diario: soledad, acceso limitado a la salud, pensiones insuficientes y, en algunos casos, situaciones de maltrato o abandono. El buen trato a los adultos mayores no debe limitarse a gestos simbólicos o discursos ocasionales. Requiere políticas públicas eficientes que aseguren su bienestar integral: una atención de salud oportuna, programas de apoyo social, espacios de participación activa y, sobre todo, una cultura que valore su dignidad y experiencia. En la región existen iniciativas destacables de acom-pañamiento y cuidado, pero aún queda mucho por avanzar. Es fundamental fortalecer las redes comunitarias y familiares, fomentar la inclusión digital para reducir la brecha tecnológica y garantizar que las personas mayores puedan ejercer plenamente sus derechos. Como sociedad, debemos preguntarnos cómo queremos envejecer y qué trato esperamos recibir en el futuro. Respetar y cuidar a quienes nos precedieron es, en última instancia, una inversión en nuestra propia dignidad y en la calidad humana de la región. El desafío está claro: no basta con reconocer la importancia de nuestros adultos mayores, debemos asegurarles una vida plena, con respeto, protección y una participación activa en la vida socia. Garantizar el buen trato a las personas mayores también implica erradicar los estereotipos que los reducen a una carga o los invisibilizan. Es necesario comprender que el envejecimiento es una etapa más dela vida, llena de potencial y contribuciones valiosas.
En este sentido, los medios de comunicación, las instituciones públicasy la sociedad civil tienen el deber de promover una imagen positiva y realista de la vejez, destacando las historias de quienes, con esfuerzo y sabiduría, continúan aportando al desarrollo.. En una sociedad que envejece, garantizar el buen trato a las personas mayores no es solo una obligación moral, sino una responsabilidad colectiva.