Autor: C. GONZÁLEZ
Claves para restaurar el apoyo entre padres y profesores en la formación escolar
Claves para restaurar el apoyo entre padres y profesores en la formación escolar “Sin autoridad legítima, no se logra una disciplina internalizada; sin ella, no existe una comunidad escolar y, sin esa comunidad, la violencia ocupa el espacio”. Así lo plantea el académico e investigador José Joaquín Brunner en una columna publicada en “El Mercurio” hace unos días, a propósito de los casos de violencia escolar que han hecho noticia, como la muerte de una inspectora en un colegio en Calama apuñalada por un estudiante de 4º medio, quien además hirió a otras cuatro personas. A su juicio, buena parte de esta realidad en los establecimientos educacionales se da por la pérdida de la autoridad docente. Marcela Jarpa, directora de la Escuela de Pedagogía de la U. Católica de Valparaíso, comparte esa mirada. “La pérdida de autoridad docente no puede explicarse por una sola causa. Responde, más bien, a una combinación de factores culturales, institucionales, sociales e incluso políticos.
Entre ellos, destacan la fragilización de los vínculos entre escuela y familia; la normalización de formas de agresión o desautorización hacia los adultos de la comunidad educativa”. De hecho, diversas cartas en respuesta a la columna de Brunner destacan que se ha perdido la responsabilidad compartida con los padres: “Durante años existió un pacto implícito entre familia y colegio; ante una mala nota o una sanción, los padres respaldaban al profesor, reconociendo su labor formativa. Hoy, en cambio, se cuestiona al docente antes que corregir al estudiante”, comenta una lectora. “Los padres y apoderados cumplen un rol decisivo, porque la autoridad pedagógica del profesor no se sostiene solo dentro de la sala de clases: también requiere ser reconocida y respaldada desde el hogar”, dice Jarpa. Desplazamiento Ignacio Serrano, director del magíster en Dirección y Liderazgo para la Gestión Educacional de la U. Andrés Bello, plantea que “en muchos casos, la relación entre familia y escuela se ha tensionado porque ambas partes esperan de la otra más de lo que razonablemente puede dar.
Hay familias que han trasladado a la escuela funciones formativas básicas, y hay escuelas que han perdido seguridad para sostener criterios claros frente a la presión de los apoderados”. “El problema se vuelve especialmente serio cuando el profesor deja de ser visto como una autoridad profesional y pasa a ser tratado como un prestador de servicios expuesto a impugnación permanente. En esas condiciones, familia y escuela dejan de colaborar y comienzan a neutralizarse mutuamente.
Cuando los adultos se desautorizan entre sí, el principal perjudicado es el estudiante”. Hernán Herrera, presidente de la Corporación Nacional de Colegios Particulares (Conacep), comenta que si bien en los establecimientos que forman parte de la entidad todavía se mantiene el vínculo y compromiso del apoderado con el docente y los casos de violencia no son comunes, “es una realidad que existe y corremos el riesgo de que se vaya masificando”. A su juicio, la pérdida de autoridad docente se vio potenciada en gobiernos previos, cuando la Superintendencia y el Ministerio de Educación “generaron un efecto que fue muy nocivo, porque, aunque con la mejor intención, trataron de empoderar a los padres y a los alumnos. Y esto fue en detrimento principalmente de los profesores.
La señal que se les dio a los estudiantes era que existía una simetría entre el alumno y el docente”. Serrano complementa: “La autoridad docente se ha visto progresivamente desplazada por una lógica de regulación externa (... ). El problema no es que existan normas, sin o q u e m u c h a s v e c e s e s t a s descienden a un nivel de detalle que termina debilitando el juicio profesional de quienes están a cargo de la vida escolar cotidiana”. “Una autoridad sometida de manera permanente a validación burocrática pierde fuerza formativa y densidad simbólica”, puntualiza.
Delimitar con claridad María Alejandra Vargas, presidenta de la Asociación Nacional de Padres y Apoderados FIDE (Anapaf), sostiene que “se perdió el apoyo irrestricto a los profesores cuando nacieron todas estas instancias escolares, en que fue el Estado el que se hizo cargo de las sanciones a los alumnos y les quitó el poder a los profesores”. Por ello, afirma, “hay que revincular a los padres con las comunidades educativas, no solamente con los profesores. La comunidad educativa tiene que ser 100% unida y los padres suelen quedar afuera.
Hay que dar un sentido de pertenencia y también la oportunidad de conocer a quién está educando a tus hijos”. Así lo han venido haciendo desde hace algunos años en la Escuela Juan Madrid Azolas, de Chillán, y parte de la Red de Escuelas Líderes. Su directora, Margot Barrera, explica que junto con otras medidas que buscan potenciar el aprendizaje de los alumnos, el establecimiento tiene una serie de rutinas e instancias periódicas de entrevistas con los apoderados.
“Eso ha permitido abordar cualquier dificultad de una manera más dialogada, más reflexiva, más anticipatoria”. “Cuando logramos interactuar y nos conocemos, podemos visibilizar la intención del otro, integrar y buscar soluciones en conjunto”. Herrera enfatiza que restablecer el apoyo entre padres y profesores “exige reconstruir una confianza mínima, pero también delimitar con mayor claridad las responsabilidades de cada uno en la formación de niños y jóvenes”. Para Jarpa, hay un aspecto más profundo y relevante: “La necesidad de revalorizar la disciplina, los reglamentos y a las instituciones educativas como marcos legítimos de formación para el bien común”. Serrano puntualiza que en esta discusión “los propios profesores también tenemos una parte de responsabilidad.
No somos víctimas puramente pasivas de esta crisis; parte del deterioro de la autoridad escolar responde a debilidades internas del propio mundo docente: no siempre hemos estado a la altura de la profesión, ya sea por desidia o inconsistencia, por frustración o desesperanza”. Por eso, enfatiza que recuperar la autoridad docente “debe sostenerse en la seriedad profesional y la fidelidad a la vocación, renovada una y otra vez”. Autor: C. GONZÁLEZ.
N El deterioro en la relación entre familia y colegio es uno de los factores que, según especialistas, ha favorecido la pérdida de legitimidad del rol de los maestros y el aumento de casos de violencia al interior de los establecimientos. Restablecer el vínculo y fomentar confianzas son esenciales.
Debate en torno a la autoridad docente: Restablecer el apoyo entre padres y profesores “exige reconstruir una confianza mínima, pero también delimitar con mayor claridad las responsabilidades de cada uno en la formación de niños y jóvenes”, dice uno de los entrevistados.