Autor: Por Juan Paulo Iglesias
Elevando la discusión:
Elevando la discusión: La era de la confusión A veces parece que vivimos en los tiempos de Murphy, el de la ley. "Todo lo que pueda salir mal, saldrá mal". No prima el optimismo en estos tiempos y razones hay.
No sólo porque, como advierte la revista The Economist en su último número, "los escenarios más dolorosos que los analistas han temido por décadas" en relación al precio del petróleo "se están acercando" y el mundo está lejos de poder respirar tranquilo. Sino también porque las lógicas del pasado se siguen desmoronando. Vivimos en la "era de la fractura", como el título de ese libro de Neil Shearing, sobre el efecto de la geopolítica en la economía global.
O como escribía Martin Wolf hace algunas semanas en The Financial Times, "la mezcla entre una política caótica y una economía resiliente no puede durar". Y si el desorden mundial no fuera suficiente, por acá la política local también aporta lo suyo. Y, a la luz de lo que apuntan varios columnistas, las culpas recaen principalmente en el oficialismo.
No solo porque como escribe Óscar Contardo ha experimentado "un declive acelerado", sino también porque "se estrelló rápido contra el muro de los tiempos", según Max Colodro, el del "deterioro de la política, la ausencia de diseño estratégico, los personalismos y las desprolijidades". Un deja vù, pero desde la vereda de enfrenta, que sugiere, parafraseando a Mark Twain, que no sólo la historia rima, sino también la política.
Y el problema, agrega Colodro, es que los errores dejaron al gobierno "sin margen para insistir en seguir haciendo lo mismo". Hay un problema casi arquitectónico, sugieren algunos, pero no sólo simbólico, sino también real con la polémica sobre el "Segundo Piso". Un problema que no es nuevo, como recuerda María de los Ángeles Fernández y Fernando Rubilar, porque el asunto, dicen, "recoge una inquietud que ronda la clase política desde que Ricardo Lagos decidiera trasladar hacia ese lugar la asesoría presidencial". Y si bien, dicen, el espacio se justifica por su función de apoyo al presidente, "no deja de ser perturbador, sobre todo si (. .. ) se le presume todopoderoso". Todo depende, al final, del diseño de cada gobierno y del estilo del presidente, pero "los últimos sucesos", dicen, "han revelado que habría que poner más cuidado en las posibilidades de riesgo y de crisis". Y si de diseño se trata, para Cristóbal Osorio "hoy existe consenso de que el del actual gobierno presenta grises y fisuras profundas". Pero más que cambios de gabinetes, lo que hay, apunta, es "una crisis estructural (.. ) anclada en la naturaleza de nuestra cultural presidencialista". Como si de Luis XIV se tratara, hay algo del Estado soy yo en todo este asunto, porque el Poder Ejecutivo, apunta, opera "como una extensión de la personalidad del mandatario". Y si a eso se suma la "ilusión por la prescindencia de los partidos", el asunto se complica, porque acaba chocando "con una realidad insoslayable, que gobernar no es sólo gestionar la química de un equipo íntimo, sino también tender puentes con el Congreso". Mejor no olvidarlo. 2 Entre sospecha y desconfianza Como tampoco conviene olvidar que además de eso de que no hay que interrumpir a tu enemigo cuando está cometiendo un error, Napoleón decía también que cuando las palabras contradicen los hechos, algo no anda bien en un sistema político. Y algo de eso hay por estos lados. Se está volviendo una costumbre, dirán algunos. Y el problema, como decía Natalia Piergentili hace algún tiempo, es que "la confianza surge de la coherencia" y eso es lo que parece faltar. Nada menor, porque no cumplir con las promesas trae consecuencias, dice Óscar Contardo, y en el caso del actual gobierno, la más contundente "es el desplome" de su popularidad". Son tiempos veleidosos, desconfiados y sospechosos. Nada de dar el beneficio de la duda.
Para algunos, por ejemplo, como Javier Sajuria, se está actuando con alevosía, en referencia al ya famoso oficio de Hacienda. "Kast y su equipo", dice, "prometieron lo que no iban a cumplir" y "lo hicieron a sabiendas". No sólo buscan "beneficiar a los ricos, sino dejar en peor situación a los más vulnerables". Un exceso, lo de Sajuria, según Claudio Alvarado, porque "la realidad siempre es bastante más compleja" y olvida que la propia Comisión Asesora para Reformas Estructurales del Gasto Público convocada por el exministro Marcel encontró resultados inquietantes en la revisión de más de 700 programas públicos.
Por eso, dice, si bien "el gobierno tiene que coordinar y comunicar mejor su agenda", asumir "las peores intenciones ignorando la realidad no es serio". Pero más allá de ese cruce de opiniones, Juan Luis Ossa agrega otro elemento al debate actual, el de la postergada modernización del Estado, que debe partir, según él, de una pregunta básica: para qué existe el Estado. Y este, dice, fue creado para ponerse al servicio de las personas, no al revés.
Por eso, en el caso chileno, agrega, "un cambio al estatuto administrativo es tan relevante", porque permitiría que "los recursos limitados del Estado se usen donde deben usarse, (. .. ) con servicios que respondan a las necesidades de la ciudadanía". Y si eso se logra, apunta, "entonces la discusión bizantina sobre 'más o menos Estado' perderá su razón de ser". Pero si todo eso no fuera poco en estos tiempos inciertos, Pablo Ortúzar recoge otro elemento, la idea de Pablo Longueira de impulsar una Concertación de derecha.
Una que entiende, dice Ortúzar, "como un conglomerado político con una fuerte vocación social, cuya bandera sea el diálogo y los acuerdos, tan amplios como se pueda". "La única manera", dice Longueira, "de articular las fuerzas del Rechazo del 4S y evitar que el próximo presidente sea NEWSLETTER DE OPINIÓN Suscríbase al newsletter de Opinión, Elevando la discusión, los debates que marcaron la semana, para conocer los temas que fijaron agenda y las columnas de la semana. latercera. com LAKA un demagogo". Y más allá de que detrás de ello puede haber cierta nostalgia noventera, lo cierto, según Ortúzar, es que Longueira no está tan descaminado.
Después de todo, dice, "la dinámica política actual parece estar pavimentando el camino a una opción demagógica". Difícil negarlo. 3 Los peligros futuros El mundo está cambiando, pocos lo ponen en duda, y frente a esta nueva realidad, Thomas Friedman, en The New York Times, suma otro riesgo que se avecina. Según él, Estados Unidos y China, cuyos líderes se reunirán la próxima semana, "tienen un nuevo enemigo en común" y "no es la Unión Soviética", como cuando Nixon y Mao se reunieron en 1972.
Es una amenaza distinta, apunta, más vaga, "que se está extendiendo y podría desestabilizar al mundo entero", la del "uso maligno de la IA". Y por muy distópico que suene el asunto, en un mundo que, como escribía Óscar Contardo, "de un tiempo a esta parte se asemeja a un cómic, con villanos en ascenso", ya nada parece sonar improbable.
Pero distopías más, distopías menos, el avance de la IA abre también otros riesgos que, como la vida misma, también nos alcanzan: el del uso de esa herramienta en la comunicación política, como apunta Paula Walker.
Y allí la pregunta, dice, es si "¿ se crearán imágenes inexistentes (obviamente para que las cosas se vean más impactantes) o videos inexistentes, en contextos inexistentes? "Hay un sinfín de interrogantes", según Walker, en el uso de la IA "para la comunicación de gobierno" y "le tocará a la actual administración dar el ejemplo". Y hasta ahora, apunta, las señales no son positivas, porque todo parte del lenguaje, y este, el actual gobierno lo "usa mañosamente para impactar a la opinión pública". Culpa quizá, como dice Yanira Zúñiga, de esa lógica manipuladora y ambigua que guía muchas veces el "discurso político". Pero sea eso o no, el hecho es que cuando de discurso hablamos, el problema no sólo está en su lógica, sino a veces también en su ausencia. Y eso, según Valentina Verbal, es lo que le sucede por estos días a la izquierda. Anda perdida, dice. Sin rumbo.
Y no está claro, tampoco, según ella, si la "refundación" de la que habla Manuel Antonio Garretón en una entrevista en LT Domingo pasa por algo más cercano "al marxismo o a la socialdemocracia". Y frente a ese dilema, quizá vale mirar al pasado, dice Verbal, y no olvidar que una de las principales virtudes de la Concertación fue "no sólo ganar elecciones, sino ofrecerle al país un horizonte político compatible con la democracia y el mercado". Un camino posible. Autor: Por Juan Paulo Iglesias. Los debates que marcaron la semana