Autor: CÉSAR BARRÍA LARENAS DOCTOR (C) EN HISTORIA UDEC DIRECTOR SOCIEDAD CHILENA DE CIENCIAS GEOGRÁFICAS
Columnas de Opinión: Incendios e inundaciones: aprender a leer el territorio
Columnas de Opinión: Incendios e inundaciones: aprender a leer el territorio E n pocos días hemos visto dos rostros de una misma fragilidad territorial. Mientras el centro-sur enfrenta incendios que arrasan viviendas y paisajes, la zona central convive con lluvias intensas que transforman calles en ríos y dejan comunidades aisladas. Desde la Geografía y la Historia Ambiental, estos hechos no son episodios desconectados: expresan un mismo problema, la forma en que hemos ocupado y administrado el territorio. A menudo explicamos estos eventos como fenómenos "propios del verano" o como simples caprichos de la naturaleza. Sin embargo, tanto el fuego como el agua responden a geografías concretas: cuencas intervenidas, suelos impermeabilizados, laderas urbanizadas y ecosistemas empobrecidos. La Historia Ambiental muestra que el paisaje es un archivo vivo de decisiones humanas acumuladas. Cada canal desbordado, cada quebrada degradada y cada bosque reemplazado son huellas de procesos históricos que condicionan la magnitud de las emergencias. Los desastres no son solo climáticos: también son sociales y políticos. Por ello, la mirada centrada únicamente en la emergencia resulta insuficiente. Brigadas, albergues y reposición de servicios son esenciales, pero no explican por qué el riesgo se repite en los mismos lugares. La Geografía recuerda que la vulnerabilidad se construye: en planes reguladores débiles, en expansiones urbanas sin criterios de riesgo y en modelos productivos que reducen la resiliencia de los ecosistemas. En regiones como Ñuble y Biobio, donde la relación entre ciudad, campo y cuencas es estrecha, esta fragilidad se hace aún más evidente, especialmente en zonas periurbanas y rurales. Existe además un ámbito decisivo que casi no aparece en el debate: la educación. El sistema escolar enseña estos fenómenos como hechos naturales aislados, desvinculados de la historia del territorio. Se aprende a ubicar ríos y relieves, pero no a comprender cómo se transforman ni quiénes quedan más expuestos. Sin esa alfabetización territorial, las nuevas generaciones carecen de herramientas para exigir políticas públicas responsables y para participar activamente en la prevención. Los incendios y las inundaciones no comienzan con la primera chispa ni con la primera gota. Comienzan antes: con barrios levantados en zonas de riesgos, con cuencas degradadas y con una memoria territorial fragmentada. También comienzan cuando aceptamos la tragedia como inevitable y no como resultado de decisiones humanas que pueden ser corregidas. Cada temporada repetimos el mismo guión: conmoción, ayuda solidaria y luego olvido. Romper ese ciclo exige incorporar Geografía y la Historia Ambiental al debate público, para asumir que el territorio no es un escenario neutro, sino una construcción colectiva que puede -y debe-ser transformada. El desafío es doble. En lo técnico, fortalecer la planificación, la fiscalización y las capacidades locales, considerando la gestión integrada de cuencas y la protección de ecosistemas. En lo cultural y educativo, formar una ciudadanía capaz de leer su entorno, reconocer riesgos y defender paisajes más seguros y justos, con enfoque preventivo y comunitario. Aprender a leer el territorio es, finalmente, aprender a cuidarnos. Cada temporada repetimos el mismo guión: conmoción, ayuda solidaria y luego olvido. El desafío es doble. En lo técnico, fortalecer la planificación, la fiscalización y las capacidades locales, considerando la gestión integrada de cuencas y la protección de ecosistemas. En lo cultural y educativo, formar una ciudadanía capaz de leer su entorno, reconocer riesgos y defender paisajes más seguros y justos, con enfoque preventivo y comunitario. Aprender a leer el territorio es, finalmente, aprender a cuidarnos. Autor: CÉSAR BARRÍA LARENAS DOCTOR (C) EN HISTORIA UDEC DIRECTOR SOCIEDAD CHILENA DE CIENCIAS GEOGRÁFICAS. Cada temporada repetimos el mismo guión: conmoción, ayuda solidaria y luego olvido. El desafío es doble. En lo técnico, fortalecer la planificación, la fiscalización y las capacidades locales, considerando la gestión integrada de cuencas y la protección de ecosistemas. En lo cultural y educativo, formar una ciudadanía capaz de leer su entorno, reconocer riesgos y defender paisajes más seguros y justos, con enfoque preventivo y comunitario. Aprender a leer el territorio es, finalmente, aprender a cuidarnos.