Editorial: Deserción escolar: la fractura silenciosa
Editorial: Deserción escolar: la fractura silenciosa a deserción escolar suele avanzar sin estridencias. No irrumpe con la violencia de una crisis inmediata ni ocupa titulares permanentes, pero sus efectos son igual -o incluso másprofundos.
El reciente informe L del Ministerio de Educación, que sitúa a la Región de Antofagasta como la segunda con mayor tasa de desvinculación del país, confirma que estamos frente a una fractura silenciosa, persistente y estructural. Las cifras son elocuentes: más de 170 mil niños, niñas y jóvenes entre 5 y 24 años están fuera del sistema educativo sin haber completado la enseñanza media. En el norte, y particularmente en Antofagasta, el fenómeno alcanza niveles aún más críticos. No se trata de casos aislados ni de decisiones individuales desconectadas entre sí, sino de una tendencia que se ha ido acumulando en el tiempo y que responde a condiciones específicas del territorio. El primer error sería mirar este problema únicamente desde la escuela. La desvinculación escolar no comienza en el aula ni termina en ella.
Es, más bien, la expresión de un entramado de factores sociales, económicos y culturales que tensionan las trayectorias educativas, especialmente en zonas donde el desarrollo productivo avanza a un ritmo distinto al de las políticas públicas. La evidencia es clara: la deserción escolar en el norte requiere políticas focalizadas, pertinentes y territorialmente inteligentes.
No basta con ampliar cobertura o reforzar la obligatoriedad; es imprescindible generar estrategias de retención que consideren la diversidad de trayectorias, fortalecer programas de reinserción y, sobre todo, articular de manera efectiva el sistema educativo con el mundo del trabajo. La deserción escolar, especialmente en el norte, no es un fenómeno marginal. Es una señal de alerta.
Y como toda alerta persistente, lo grave es que aceptemos su "normalización". El ausentismo, la repitencia y el rezago no son eventos aislados, sino señales tempranas de un proceso de desconexión progresiva.. Un territorio que crece económicamente, pero que expulsa a sus estudiantes del sistema educativo, está hipotecando su futuro. El síntoma es muy grave. E Editorial El ausentismo, la repitencia y el rezago no son eventos aislados, sino señales tempranas de un proceso de desconexión progresiva.