Autor: Luis Toledo Mora, periodista y máster en Protección Civil y Gestión de Emergencias
Columnas de Opinión: Tecnología que salva vidas
Columnas de Opinión: Tecnología que salva vidas E I lunes pasado, un dron se convirtió en protagonista silencioso de un rescate que pudo terminar en tragedia. La embajadora de Chile ante las Naciones Unidas, la puertomontina Paula Narváez, y dos familiares, fueron arrastrados por la corriente tras volcar su kayak en el río Maullín. La búsqueda se extendió por horas, con equipos de emergencia de Carabineros, Bomberos y el Bote Salvavidas desplegados en tierra y agua. Fue entonces cuando la tecnología marcó la diferencia: un dron permitió localizar a las víctimas y guiar a los rescatistas hacia ellas. La imagen aérea, precisa y veloz, se transformó en el hilo que unió la angustia con la esperanza. Este episodio no es aislado. En la Región de Los Lagos, donde la naturaleza es tan generosa como desafiante, la tecnología se ha convertido en un aliado indispensable para quienes responden a cada emergencia. Los drones, equipados con cámaras térmicas, permiten detectar cuerpos en la oscuridad o bajo la vegetación. Los detectores de gases alertan sobre fugas y la presencia de sustancias tóxicas, protegiendo tanto a víctimas como a rescatistas. Otro tipo de cámaras térmicas permiten a Bomberos localizar focos de calor al interior de murallas o en instalaciones eléctricas cuyos cables no están a la vista. Los nuevos vehículos de Bomberos amplían la capacidad de respuesta en escenarios cada vez más complejos. Lo mismo ocurre con el Bote Salvavidas, que cuenta con equipos de buceo y comunicaciones, visor térmico, robot submarino y la reciente incorporación de un dron marítimo capaz de lanzar elementos. Cada herramienta es, en el fondo, una extensión de la solidaridad humana. La tecnología no reemplaza la vocación de servicio ni el valor de quienes acuden al llamado, pero sí multiplica sus posibilidades de éxito y reduce los riesgos. En un territorio marcado por ríos caudalosos, volcanes activos y condiciones meteorológicas muchas veces complejas, contar con estos recursos no es un lujo, sino una necesidad para proteger la vida de nuestros residentes y visitantes. Sin embargo, también hay desafíos. La dependencia tecnológica exige capacitación constante. Los costos de implementación son altos y los organismos del voluntariado deben realizar grandes esfuerzos para adquirir estos equipos. Por ello, es fundamental incrementar los aportes del Estado a través de subvenciones para su financiamiento. Como sociedad, debemos invertir en aquello que muchas veces no se ve hasta que ocurre la emergencia. El rescate de nuestra coterránea Paula Narváez nos recuerda que la tecnología puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Pero también nos invita a reflexionar sobre el valor de anticiparse, de dotar a nuestras instituciones de las herramientas necesarias para enfrentar lo inesperado. Autor: Luis Toledo Mora, periodista y máster en Protección Civil y Gestión de Emergencias. Columna