LA QUINTA DE RECREO
LA QUINTA DE RECREO Antes de las ciudades-jardín, en Chile ya existía esa idea del oasis natural dentro de la ciudad, el deseo de combinar las ventajas del campo con lo urbano. La quinta de recreo fue su mejor logro.
Por_ Miguel Laborde Desde Desde tiempos inmemoriales, al llegar la primavera a los campos chilenos se alzaban ramadas, unas estructuras simples que servían de sombreadores para soportar los calores de las estaciones más cálidas, en momentos de recreación recreación y descanso. Con los vientos del otoño, ya secas sus ramas, desaparecían. La quinta de recreo fue su versión urbana, más sofisticada. En un siglo XIX de ciudades en crecimiento, fue lugar de canciones, bailes, gastronomía y vinos, chicha y pajarete, animado por el humor humor de tallas y payas, en una suerte de fiesta permanente. Ahí se manifestó un pueblo chileno que, sufrido y de recursos mínimos, igual logró sacar fuera sus sentimientos. Las familias campesinas, campesinas, que habían llegado a las ciudades en busca de mejor vida, tuvieron ese espacio de reencuentro consigo mismas, para evocar e idealizar la vida del campo que habían dejado atrás.
En Santiago, el ambiente de La Chimba fue el más propicio para su desarrollo y, como la quinta de recreo fue una gran institución artística y cultural de Santiago Norte, su creación popular más significativa debiera ser reconocida como Monumento Monumento Nacional.
Hoy es un patrimonio inmaterial porque los espacios disminuyeron, disminuyeron, pero en su apogeo, hasta los años 40 y 50 del siglo pasado, tenían árboles que, en verano y primavera, servían de sombreadores sombreadores para las mesas, las que rodeaban la pista a veces la terraza de la casa donde actuaban los bailarines. Eran, literalmente, una casa con jardín, cuya terraza posterior se había abierto al público.
Mientras la sociedad oficial intentaba intentaba ser más moderna e industrial al avanzar en el siglo XX, este mundo alternativo defendía un sentido de vida que venía de siglos atrás, del Valle Central y del Norte Chico, donde se habían fusionado lo indígena ancestral con las tradiciones hispanas, para dar lugar a una cultura chilena y mestiza. Era un mundo de raíz rural, que trajo el campesino a las ciudades; arte, pero también sabiduría popular. Su portador y su portadora, mirados en menos por su aspecto se mofaban de sus dientes a veces escasos al otro lado del río pudieron ser ellos mismos. Más felices, o menos infelices.
En los años 20,30 y 40, en tangos y boleros, en rancheras y cuecas, cuecas, cantaron su nostalgia, el dolor de haber perdido la Naturaleza Naturaleza generosa del campo, y también su rabia y su ira por haberse equivocado.
Lo hicieron en canciones de emociones vivas y desnudas, con una intensidad sentimental que la ciudad oficial caricaturizó bajo el apelativo de “cebolla”, pero es la canción propia de América Latina, original por esa intensidad emocional, la que llora el precio que pagó por haberse dejado atraer a la ciudad de las oportunidades, donde el futuro ya había comenzado. Sin embargo, descubrirían demasiado tarde que ese horizonte dorado, al final del arcoíris, no era para todos. En el campo eran campesinos. Protagonistas del paisaje, pero en la ciudad sólo pobres e ignorantes. Al decir de Gastón Soublette, Soublette, ese pueblo con historia se transformó en masa desarraigada una vez que se trasladó a las grandes ciudades de América Latina. La quinta de recreo fue una sabia creación. Algo tenía de la chingana chingana indígena, y mucho de las chacras coloniales que rodeaban las ciudades, abastecedoras de frutas y hortalizas; es la misma chingana de antes, pero con toques urbanos. Acogedora, como un minúsculo oasis suburbano, a veces con árboles frutales que venían de la Colonia, fue un respiradero gozoso para el pueblo chileno. Un ánimo lúdico, casi orgiástico, animaba a esa población de raíces indígenas y andaluzas que no tenía espacio adecuado en la ciudad oficial. Aquí podía ser libre y espontánea, con cuequeros y payadores, cantoras folcióricas y arpistas, que animaban estos lugares donde el espectáculo siempre era en vivo.
Cerca de la calle Domínica, al fondo de la calle Loreto, a lo largo de Santa Filomena y también más al poniente, en la Avenida Recoleta, algunas habían sido quintas familiares en una época en que por la mala calidad de las carreteras la “segunda casa” estaba estaba muy cerca, en los alrededores. Por eso se dice que esas quintas de Recoleta fueron “el primer barrio jardín” que conoció Chile. Tal fue su éxito que, hasta la despectiva sociedad chilena, al menos en parte, empezó a cruzar el río para vivir esta experiencia de sentimientos en vivo. En los años 40 fue ahí donde el naciente folclor urbano pudo encontrar en terreno adecuado, una tierra propicia para germinar y crecer.
Es cierto que a veces había excesos, ebriedad, desenfreno, algún altercado que terminaba en un cuchillazo mortal, pero, por desgracia, desgracia, esto siempre ha sucedido en los espacios de recreación de las ciudades.. LA QUINTA DE RECREO rJr. rjum No todo era relajo y recreación, canto y baile. También estaba la conversación, casual, de anécdotas, donde afloraban los resentimientos sociales, las críticas a los abusos. Comenzaron a visitarlas los líderes mutualistas, los anarquistas, que daban discursos o breves arengas, y repartían hojas informativas informativas que apuntaban al acontecer político. Al avanzar el siglo, al aparecer las industrias, tomaron relevancia los obreros, los sindicatos, un mundo popular más disciplinado y organizado que aspiraba a conseguir reformas sociales. Sus inquietudes eran diferentes a las originales, pero avanzaron juntas, en paralelo, confluyendo a veces.
A unos y otros benefició ese ambiente libre, espontáneo, sin censuras, donde la mayoría necesitaba algo que evocara el campo, el río y el trigal, un lugar donde comer y beber con otros y otras, juntos, sintiendo calor humano mientras se bebe del mismo vino en tanto se adormece el día y cae la noche.
No es casual que, en los años 80, al comenzar a aparecer peñas y escenarios para el canto nuevo y la música alternativa en general, también se instalaran instalaran al otro lado del río, en el Barrio Bellavista, último heredero del ambiente libre de las chinganas. tenía de la chingana indígena, y mucho de las chacras coloniales qe rodeaban las ciudades. abasiccedoras de frutas y hortalizas; es la misma chingana de anles, C() COIl toques urbanos.
Miguel Laborde es Director del Centro de Estudios Geopoéticos de Chile, director de la Revista Universitaria de la UC, colaborador estable «Diario El Mostrador», socio honorario Sociedad Chilena de Historia y Geografía, miembro honorario del Colegio de Arquitectos, además de autor de varios libros sobre historia, arte y cultura en Chile. Quinta de recreo El Jote (1960);1] Quinta de Recreo;0] EL NflO B1ENO La quinta (le recreo fue iiiia sabia creación. Algo 1 5_.