Editorial: PDA: una década de metas incumplidas
Editorial: PDA: una década de metas incumplidas I próximo 31 de diciembre de 2026 marcará el fin de un ciclo que prometía transformar el aire de Osorno. Tras diez años de vigencia del Plan de Descontaminación Atmosférica (PDA), la E sentencia del refrán "no hay plazo que no se cumpla" adquiere hoy un tono amargo para la zona. Lo que nació en 2016 como una herramienta para reducir el material particulado fino (MP2.5) a través del recambio de calefactores y la aislación térmica, agoniza hoy entre cifras deficientes y una preocupante orfandad administrativa. La realidad estadística es irrefutable: de los 15 mil subsidios de aislación térmica prometidos, no se ha alcanzado ni la mitad. Lo mismo ocurre con la meta de 25 mil recambios de calefactores. El financiamiento de 48 millones de dólares proyectado inicialmente nunca se ejecutó en su totalidad, dejando al descubierto una gestión deficitaria que atravesó a los gobiernos de Michelle Bachelet, Sebastián Piñera y Gabriel Boric. Esta desidia estatal se tradujo en la falta de revisiones periódicas y en la ausencia de una estrategia de transición hacia la matriz energética post-2026. El panorama futuro no es más alentador.
El proyectado PDA Macrozona Centro Norte, que pretende abarcar nueve comunas de las provincias de Osorno y Llanquihue, se encuentra actualmente estancado en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Expertos y autoridades locales advierten que este nuevo instrumento no solo llega tarde -difícilmente estará operativo para enero de 2027-, sino que además diluye los recursos. Desde el ámbito local, las críticas apuntan a una desconexión total con la realidad sureña. Se cuestiona la insistencia en excluir la leña de la solución habitacional sin ofrecer alternativas económicas y eficientes, considerando que las familias requieren calefacción durante ocho meses al año.
La falta de autoridades regionales en ejercicio y la centralización de las decisiones en Santiago solo profundizan la desconfianza de los dirigentes sociales, quienes ven con escepticismo cómo se intenta replicar un modelo que ya demostró su ineficacia en el territorio.
Lo cierto es que, a partir de 2027, Osorno corre el riesgo de quedar en un vacío operativo, sin herramientas para combatir la contaminación del aire.. A sólo meses de que expire el decreto que rige la estrategia ambiental en Osorno, el balance arroja menos del 50% de avance en ejes críticos y nulas garantías de continuidad. E Editorial