LA FUERZA Y RUPTURA pioneras en Chile de las artistas
LA FUERZA Y RUPTURA pioneras en Chile de las artistas CECILIA VALDÉS URRUTIA n Las sorprendentes hermanas Mira Magdalena (1859-1930) y Aurora (18631939) Mira fueron las primeras mujeres de la élite chilena en dedicarse a las bellas artes y a exponer sus obras en los salones oficiales, obteniendo desde muy jóvenes los primeros premios. “Impulsaron también a muchas otras artistas de su tiempo”, señala la historiadora del arte Isabel Cruz. Cada una tenía su estilo y temas de interés y “un sólido dominio de lo plástico”, escribe Antonio Romera. Eran hijas de Gregorio Mira, personaje de profunda cultura y alumno de Monvoisin. Conservadoras en lo personal y rupturistas en lo profesional. Magdalena, la mayor, se dedicó a la figura humana y a retratos de singular intimidad y profundidad. Hizo innovaciones en la pintura como en “El Cochero”, que sorprendió a los críticos por el inusual ángulo de la cabeza pintada, destaca la historiadora. Fue la autora de premiadas obras como “La hermana de la caridad”, “una de las más bellas telas de la pintura chilena”, escribe Romera, y de su nostálgico “Retrato de una desconocida”, reseña Isabel Cruz. Realizó otras composiciones estremecedoras como “La Bruja”. Es considerada precursora del movimiento realista criollista que personificó la Generación del 13. Su obra atravesó lo psicológico y social.
Aurora, en tanto, remeció, a los veinte y tantos años, con su dramática y famosa “Agripina Metella encarcelada”, ganadora de la medalla de Oro del Salón de 1885 (de propiedad de la colección de arte del Banco de Chile). Pintó, a su vez, con notable frescura y belleza, la naturaleza. “Es la autora de composiciones de flores y naturalezas muertas que alcanzan los primeros lugares de la pintura chilena de su tiempo”, escribe Cruz. Al recibir el gran premio del Salón, Juan Francisco González, su maestro, comentó que se convertiría en la gran artista del país. “Su obra Flores y frutas (1910), al que se suma bodegón y florero, es una de las más intrincadas y barrocas de la pintura nacional”, escribe Romera.
Sus trabajos son muy apreciados y buscados como los de Magdalena, pero permanecen en su mayoría en las casas de familiares (ellas no buscaban vender y siguieron pintando luego de retirarse de los salones). Algunos familiares relatan cómo esas talentosas hermanas pintaban cielos, suelos, paredes de la enorme casona en donde vivían. Una de las casas anexas fue pintada como un fresco y habría sido regalada después a un convento que, según cuentan, fue demolido. Una irreparable pérdida.
Rebeca Matte Bello (1875-1929) es reconocida como la primera artista chilena en trabajar la escultura profesionalmente y una de las pioneras del arte latinoamericano de fines del siglo XIX y principios del XX, con importantes premios en Europa y Chile y obras en diversos países. Formada en un ambiente familiar de profunda intelectualidad, inició sus estudios en Roma y luego siguió en París.
Y fueron los horrores de la guerra (la del Pacífico y la Primera Guerra Mundial) los que marcaron el carácter de los monumentos de su obra, señala la experta Isabel Cruz y autora del único gran libro de investigación sobre “Rebeca Matte: Manos de mujer” (Origo). Una de sus más importantes y conocidas esculturas es “Unidos en la Gloria y en la muerte”, monumento a la aviación, de 1922, donado por Chile al gobierno de Brasil, cuya conocida réplica está en el frontis del Museo Nacional de Bellas Artes. Es la autora de piezas fuertes e interpeladoras como el busto “Crudo invierno”. Pero la alegría también integra su creatividad.
La experta en Rebeca Matte destaca “la representación de la figura humana con la mayor delicadeza, como es el caso de “Eco”. Se hizo famosa en París por el retrato que le esculpió el maestro Antoine Bourdelle, llamado “La belle chilienne”, en 1921. Pero Henriette (1894-1983), como la llamaban, fue obviamente mucho más. “¡Enriqueta Petit sobrepasa a todos los artistas de su tiempo. Su vigor expresionista no vacila en llegar a deformar la figura humana. Produjo en Chile un anticipo inesperado del mundo contemporáneo! ”, afirma Waldemar Sommer. En Francia, la artista conoció a Bourdelle y asistió a cursos con Fernand Léger. En Chile, cofundó el grupo vanguardista Montparnasse. Expuso su propuesta pictórica que desafiaba las convenciones establecidas de la figura y el retrato. Hoy es reconocida como una de las exponentes más representativas de los postulados renovadores del grupo vanguardista. Su obra es un referente por la originalidad de su lenguaje visual. “Es una de las mejores exponentes del arte abstracto en Chile”, afirma el curador Pedro Maino. El hecho es que esta artista libre, inquieta y viajera trajo a Chile el método innovador de la enseñanza del arte de Fernand Léger. La obra de Ana Cortés Jullian (1895-1998) se había iniciado con una pintura figurativa de flores y bodegones de AÑUCIVAILICEC ARTES Y LETRAS www.elmercurio.com SANTIAGO DE CHILE, DOMINGO 8 DE MARZO DE 2026 nacional. Escultura “Guardianes del sol”. RECORRIDO Mujeres que marcan la estética nacional ACLATEDU / CILUFARAG Y LIL gran belleza muy cercana a Juan Francisco González. En un video de Gaspar Galaz y Milan Ivelic se cuenta cuando el maestro fue a verla a su casa: “Era su alumna preferida”, cuenta Maino.
Pintora también de notables paisajes y de naturalezas muertas, evolucionó hacia una abstracción con trabajos icónicos como “La rueda de la vida”. Pero a pesar de ello, de una trayectoria que abarca más de 70 años y de haber sido la primera mujer en obtener el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1974, su pintura sigue siendo hasta hoy poco conocida. Una gran muestra el año pasado en la Universidad Católica con curaduría de Pedro Maino constituyó un significativo aporte en visibilizar más a una de nuestras pioneras del Chile republicano. Zadkine, en la Academia de la Grande Chaumiére en París, el lenguaje de Colvin sobresale por su solidez y originalidad y su profunda relación con el paisaje chileno. Trabajó la madera, la piedra y la tierra esencialmente. Se relacionó, como pocas, con la cantera, con las culturas ancestrales y la cordillera.
Ha sido una de las artistas chilenas más premiadas en su trayectoria, pero con una sencillez y respeto hacia la materia que conservó hasta el último: “Yo escucho detenidamente la piedra en la cantera y lo que me quiere decir Ella es la que manda en mi obra”, decía con su voz suave y silenciosa en sus últimos años, poco antes de su gran retrospectiva en el Museo de Bellas Artes, en 1994, en donde una empresa privada trajo obras fundamentales suyas desde Europa.
Autora de piezas emblemáticas en el espacio público de Chile y Francia como “Andes”, “Caleuche”, “Señal en el bosque”, “Rosa de los vientos”, “Horizonte andino” o sus Machi, ha sido una de las más grandes maestras de este arte en el país, destaca Francisco Gazitúa. Incluso trabajó con Henry Moore en una obra, en Londres. La escultora Marta Colvin (19071995) “fue esencialmente quien rompió la tradición chilena figurativa e introdujo una abstracción muy especial que se relaciona estrechamente con el paisaje”, señala Waldemar Sommer.
Y la apunta como “la más contemporánea de las pioneras del siglo XX”. Alumna destacada del maestro ruso Ossip La historia la reconoce como una de las escultoras fundamentales de Chile, subraya la investigadora Isabel Cruz. Maestra de generaciones en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, Lily Garafulic, con su agudeza y fuerte carácter, abrió caminos Marta Colvin, premio ABNM marcados por el rigor y la creatividad. Mujer de profunda cultura, cercana a Brancusi, discípula y ayudante del maestro Lorenzo Domínguez, su obra en piedra, bronce y mármol cimentó un arte abstracto vanguardista que obtuvo notables reconocimientos en Chile y el exterior. Es la autora de series como Aku Aku, Signos, torsos en mármol, y obras en el espacio público. Lily Garafulic (1914-2015), Premio Nacional 1995, se inició con un trabajo figurativo y es la autora de los 16 profetas en la Basílica de Lourdes en Quinta Normal.
Hay un capítulo de su biografía menos conocido por las generaciones recientes: fue la primera mujer elegida para dirigir el Museo Nacional de Bellas Artes, entre 1973 y 1977, años en que impulsó importantes proyectos como la creación del laboratorio de restauración y conservación de obras del museo, que después se amplió y dio origen al Centro Nacional de Conservación. “No me gusta ser el centro de nada, lo que me gusta es existir en medio del espacio. La verdad es que me gusta flotar”, decía Matilde Pérez ad portas de recibir el gran premio de las Artes Visuales, en los años 90. El hecho es que su obra parecía flotar en el espacio. Relacionada con movimientos como la Bauhaus y de artistas como Mondrian, fue creadora de obras vanguardistas como los objetos y murales cinéticos. Es precursora de ese arte en Chile.
Inició también el llamado arte geométrico duro y marcó un precedente de las instalaciones en lo que fue su túnel cinético interactivo de colores que se activaba con los pasos del espectador: “Yo buscaba que el color jugara con el movimiento”. Trabajó también el famoso mural cinético instalado hace décadas en el centro comercial Apumanque, que fue recuperado e iluminado por la Universidad de Talca para su Parque de esculturas.
Para Milan Ivelic, un salto cualitativo importante en su trayectoria fue su viaje a Francia: fue acogida por artistas como Vasarely y Le Parc, “que le dieron un impulso final”. Matilde Pérez contaba que “hablábamos el mismo lenguaje”. Para ella, el lenguaje geométrico no tenía límites. “Su trabajo semeja la música en donde uno ve contrapuntos de líneas y fugas”, añadiría Sommer.
Premio Nacional de Artes Plásticas 2011, fue una de las fundadoras del Grupo signo, creado en 1962 junto a José Balmes, Eduardo Martínez Bonatti y Alberto Pérez, quienes luego de la Segunda Bienal de la juventud en París decidieron unirse y traer los postulados de la modernidad a la pintura. Hasta antes la escena chilena permanecía esencialmente en un posimpresionismo.
Con ellos irrumpió el informalismo pictórico y como escribiera el teórico Guillermo Machuca: “El Grupo Signo puede ser considerado como el primer movimiento genuinamente moderno”. Gracia Barrios fue tal vez la más plácida entre ellos, cultivó en su informalismo pictórico y abstracción temas más cotidianos como interores de casas y ventanas con ropa tendida. Pero ella no rehuyó lo que el grupo Signo planteaba de que el arte abordara lo político y social, sin ser panfletario. La pintora, hija del premio nacional de literatura Eduardo Barrios, se centró en la condición humana, en los sueños y sufrimientos del ser humano. En sus composiciones resuena el gesto pictórico y la experimentación de la materia.
“Apostar por el arte es hacerlo por la belleza total”, dijo la artista en estas páginas, en 2022, al obtener el premio a la trayectoria con el León de Oro de Venecia, estar próxima a exponer en la Tate Modern y con una reciente participación en la Documenta de Kassel, junto al Premio Velázquez, que la consagró internacionalmente. Allí acudió con uno de sus Kipus de lanas enormes de color rojo que sumergió en un río de Kassel, y que luego colgaron en una sala de la Documenta.
Pero mucho antes, en los años 50, la poeta y artista visual había dado inicio en las arenas de Concón, casi silenciosamente, a las performances e instalaciones con la mítica tribu NO, en donde dibujaban, enterraban palitos, recitaban y se tendían por largo tiempo en silencio. Era una cita también a Rimbaud, Breton y Hölderin. Décadas después, fue filmada en acciones que partían desde un lugar cordillerano donde se encuentra el Niño del Plomo.
Ganó el Premio Velázquez en Madrid y poco antes de recibir el Premio Nacional y exponer en el Museo de Bellas Artes, el curador español Miguel López confirma de esta artista y activista feminista: “Sus destellos inventivos literarios, visuales, performáticos y sonoros exceden las categorías convencionales”. n Rebeca Matte: Primera en abrazar el oficio de la escultura n Enriqueta Petit: Anticipó lo contemporáneo n Ana Cortés: Primer Premio Nacional de Arte n Marta Colvin: “La más contemporánea de las pioneras” LAJAVRACOLBAP Matilde Pérez, gran exponente del arte cinético. n Lily Garafulic: Cimenta un arte abstracto n Matilde Pérez: Precursora del arte cinético n Gracia Barrios: Cofundadora del Grupo Signo n Cecilia Vicuña: Desde su mítica Tribu NO. Los aportes de las pintoras, escultoras, instaladoras y performancistas de la escena nacional han sido notables. Muchas, desafiando sus tiempos, con enorme valentía son pioneras en lo suyo.
Escogimos a 10 de ellas, que van desde las talentosas hermanas Mira, de fines del siglo XIX, hasta Cecilia Vicuña. n Rebeca Matte: Primera en abrazar el oficio de la escultura n Enriqueta Petit: Anticipó lo contemporáneo n Ana Cortés: Primer Premio Nacional de Arte n Marta Colvin: “La más contemporánea de las pioneras” LAJAVRACOLBAP Matilde Pérez, gran exponente del arte cinético. n Lily Garafulic: Cimenta un arte abstracto n Matilde Pérez: Precursora del arte cinético n Gracia Barrios: Cofundadora del Grupo Signo n Cecilia Vicuña: Desde su mítica Tribu NO Henriette Petit quebró esquemas con su lenguaje y desnudos que anticipan lo contemporáneo. Aurora Mira: "Agripina Metella encarcelada”. Medalla de oro 1885, en el Salón oficial. Cecilia Vicuña, con uno de sus Quipus que sumergió en el mar. Lily Garafulic. Abrió el camino a la abstracción en la escultura. Rebeca Matte, autora de “Crudo inverno”. Lily Garafulic. Abrió el camino a la abstracción en la escultura.