Editorial: Gestos necesarios cuando la Patria arde
Editorial: Gestos necesarios cuando la Patria arde n tiempos de polarización extrema, cuando la política parece reducida a trincheras irreconciliables, el gesto protagonizado por el Presidente Gabriel Boric y el Presidente electo José Antonio Kast irrumpe como una señal poderosa y, para muchos, inesperada.
En unidad, ambos líderes decidieron enfrentar la devastadora emergencia provocada por los incendios forestales que azotan a las regiones de Ñuble y Biobío, poniendo por delante al país y a las víctimas antes que cualquier cálculo ideológico o electoral.
La imagen de Boric y Kast reunidos en La Moneda, acompañados por el ministro del Interior y el equipo del mandatario entrante, y luego entregando una declaración conjunta, es algo que en otras latitudes resultaría casi impensable. En un mundo donde las crisis suelen ser utilizadas como munición política, Chile ofreció una postal distinta: la de un Estado que, aun en transición, actúa coordinadamente frente al dolor de su gente. No se trató sólo de un gesto simbólico. Hubo contenido, información compartida, planificación y una clara comprensión de los roles. Boric asumió la responsabilidad que le corresponde como Presidente en ejercicio, desplegándose en terreno y reconociendo la magnitud humana de la tragedia. Kast, por su parte, entendió que la emergencia no admite protagonismos paralelos y se puso a disposición, pensando ya en la reconstrucción y en la continuidad del Estado. Esa madurez política es, quizás, el mensaje más valioso. Las palabras de ambos reflejaron una convicción común: Chile es más fuerte cuando actúa unido. En medio de la pérdida de vidas humanas, de viviendas reducidas a cenizas y de comunidades enteras golpeadas por el fuego, la señal de colaboración ofrece un mínimo de consuelo y esperanza. No borra el dolor, pero dignifica la respuesta. Este episodio debería quedar como precedente. No para idealizar a la política ni para negar las profundas diferencias que separan a Boric y Kast, sino para recordar que, frente a las catástrofes, la patria es una sola. En tiempos difíciles, la grandeza no está en imponer una visión, sino en saber ceder, coordinar y servir. Ese gesto, tan simple y tan escaso, es el que hoy distingue a Chile y lo eleva por sobre el ruido habitual de la política global. E. Boric y Kast dieron una señal inédita de unidad y responsabilidad política frente a la tragedia que golpea al sur de Chile. E Editorial