“Me da rabia que hablen de sembrar minas antipersonales en la frontera”
“Me da rabia que hablen de sembrar minas antipersonales en la frontera” LUIS WINTER: El día de la entrevista, el perro Sun se ubica a los pies del embajador Luis Winter (86) como si buscara calor, aunque por debajo de las rodillas de su dueño hay dos prótesis. Las mañanas ya no son tan cálidas, pero el sheltie se las arregla para que el sol que entra por el ventanal tempere su nariz mientras acarician su cabeza. El embajador se levanta y camina sin usar bastón para alcanzar unas fotos guardadas en los archivos. Imposible adivinar que el 1 de noviembre de 1990 una mina antitanque mutiló sus extremidades inferiores mientras supervisaba trabajos de mejoramiento de los hitos fronterizos con Perú. Por entonces él era director de Límites de la Cancillería y esa zona había sido sembrada con artefactos explosivos durante la dictadura, anticipando un eventual conflicto bélico con el país vecino. “Estaba tendido sobre la arena. Oí a lo lejos un ruido sordo de conversaciones () Creí estar durmiendo, pero un rápido recuento de la situación me hizo ver la realidad. Hubo una explosión, me dije. La camioneta debe haber pasado sobre alguna mina que explotó, pensé. Un dolor insoportable surgió en mis piernas () No cabe duda de que las perdí, pero ¿ a qué altura? Ojalá lo más debajo de las rodillas posible, rogué.
En ese momento oí las voces lejanas de los otros cuatro integrantes de la comitiva chilena. ¡Tranquilo, señor Winter! ¡Ya vienen a socorrernos! ”, se lee en su libro “Acepta las Piedras: Diario de una Rehabilitación”, que escribió mientras asistía a un hospital en Filadelfia (EE.UU. ) para recuperarse.
El excónsul en Houston y Filadelfia alcanza el archivo y despliega una imagen donde aparece en una jornada de concientización sobre estos peligros fronterizos junto a otras personas mutiladas por minas antipersonales: todos levantan sus pantalones para que el fotógrafo capture las prótesis que deben usar. Luego, toma el diario del día donde aparece la noticia del viaje del Presidente Kast a Arica para monitorear los avances del llamado Escudo Fronterizo que busca combatir la inmigración ilegal.
Estos trabajos no contemplan municiones de guerra, pero sí ocurren en la misma frontera donde Winter casi perdió la vida. ¿Qué le parece un plan que parte con la construcción de zanjas y muros? Es un buen programa que deberá ser evaluado en función de sus resultados.
Ahora, lo interesante es que el plan Escudo Fronterizo no se trata solo de una zanja, sino de una política que reúne cuatro elementos: una barrera física, una tecnológica, una humana (despliegue de personal) y una legal. Esto tiene un efecto disuasivo, porque si logras traspasar las primeras trabas, la última convierte a la inmigración ilegal en un delito. La pregunta es a dónde llevas a toda esa gente. Bueno, ahí entra a jugar la diplomacia. La diplomacia ha sido la vida de este académico de la Universidad Católica de Valparaíso y profesor de Derecho Internacional en distintas universidades.
Tras retirarse de Cancillería, la presidenta Bachelet lo nombró abogado del Consejo de Defensa del Estado y hoy sigue activo como integrante del Instituto Libertad, y acompañando con su experiencia a quienes por distintas razones sufren amputaciones “para decirles que pueden seguir adelante”. Ese fue el caso de su visita a la doctora Daniela García mientras se encontraba hospitalizada tras perder sus brazos y piernas durante un accidente en tren en su época de estudiante.
“Finalmente, ella también se atendió en el Moss Center, en Filadelfia, con el doctor Alberto Esquenazi”, cuenta. ¿Cómo llegó a trabajar por el desminado humanitario? Después de mi rehabilitación en Filadelfia y de ejercer como cónsul en esa ciudad, pedí regresar a Chile. Pues bien, cuando me nombran director de Políticas Especiales de la Cancillería, donde veía el tema del desarme, me correspondió integrar las conversaciones que culminaron en la Convención de Ottawa en 1997.
Se trata de un tratado firmado por Chile y ratificado por 156 países que prohíbe el uso de minas antipersonales y se compromete a su destrucción (Chile fue declarado libre de minas en 2020 por la ONU). La primera vez que tuve que hablar en una de esas reuniones expliqué que quizás era el único de los presentes que podía hacerlo en nombre del Estado al que representaba y de las víctimas de la crueldad (se demora en pronunciar esta palabra) de estos explosivos.
No quería que a otros les ocurra lo mismo. ¿Por qué se detiene en la palabra “crueldad”? Porque llegué a la conclusión de que se trata de la forma más cruel que se puede usar para detener el avance de personas. La mina antipersonal está diseñada para mutilar y no para matar, ya que, en la lógica de la guerra, una persona herida causa más problemas a las tropas que un soldado muerto. Sí pueden ocurrir muertes en el caso de una mina antitanque que son tan poderosas como para inutilizar uno de estos vehículos militares... Es difícil que una persona sobreviva a una de estas últimas. Usted sobrevivió a una. Sobreviví por milagro. Me desvanecí 10 segundos. Cuando recuperé el conocimiento y sentí ese dolor en las piernas, de inmediato supe que las había perdido. No podía abrir los ojos, pero me senté en la arena, porque la parte delantera del auto se fundió y caí a tierra. Finalmente, me rescató un oficial que vio la explosión a lo lejos: tendido sobre el suelo, y con una llave-cruz de automóvil, cavaba y reptaba hasta que me alcanzó. Me arrastró y subió a una camioneta rumbo al camino Arica-Tacna. Allí había una ambulancia. La explosión no solo convirtió mis piernas en unos jirones de carne de las rodillas hacia abajo, sino que dañó mis ojos, oídos y pulmones. En el Hospital Juan Noé de Arica me amputaron, pero seguía en estado crítico y debieron trasladarme en avión hasta el Hospital Militar en Santiago. Ahí me llegó a ver el arzobispo de Santiago, Carlos Oviedo. También me visitó en mi casa el ministro de Relaciones Exteriores, Enrique Silva Cimma.
“Al día siguiente (en el Hospital Militar) tuve otra visita inesperada” escribe en su libro “la del comandante en jefe del Ejército, general Augusto Pinochet. ¿Me reconoce?, preguntó. ¡Usted como diplomático debe suponer por qué se pusieron explosivos en el norte! ¡Que se recupere!, concluyó”. ¿Y cuál era el “por qué”? Esas minas fueron sembradas cuando en los 70 estuvimos en una situación muy difícil, ya que bajo la administración peruana de Juan Velasco Alvarado incluso se llegó a determinar fechas para invadir Chile. Ahí se minó el sector. ¿Qué pensaba entonces de las minas antipersonales en la frontera? Nunca me preocupé y ni siquiera pensé en una situación así de concreta. Pensaba que en las fronteras hay controles y que en los controles hay minas, pero nunca en el efecto concreto que podía provocar una mina antipersonal. Durante un debate presidencial, el excandidato Franco Parisi propuso volver a usar estos artefactos para controlar la inmigración ilegal. Recientemente, algunos de los miembros del PDG reflotaron la idea de minas antitanques. Leí por ahí algunos artículos a propósito de la frontera donde plantean volver a sembrar minas.
Aparte de ser cruel, Chile estaría rompiendo un tratado internacional, como es la Convención de Ottawa que prohíbe las minas antipersonales. ¿Qué siente cuando lee este tipo de propuestas? Me da rabia que hablen siquiera de la posibilidad de volver a sembrar la frontera con minas antipersonales. ¿No hay otros medios más lógicos y humanos para detener a la gente que pretende cruzar ilegalmente la frontera? ¿ Como cuáles? No me atrevería a decir cuáles, porque no soy especialista en el área, pero hay que olvidarse de poner un sistema que mate a civiles. Eso no puede ser.
Ahora, la migración es el gran tema internacional que cruza a todos los países. ¿Considera que migrar es un derecho? Se habla de que migrar es un derecho, pero también los países que reciben inmigrantes ilegales tienen derecho a querer mantener las buenas condiciones de vida de su propia gente. Hay un choque de derechos. Es un tema complejo para el cual no existen recetas universales.
Lo eficaz sería conseguir que las naciones donde se origina este fenómeno alcancen un nivel de desarrollo que no empuje a sus poblaciones a emigrar irregularmente. ¿En qué momento estima que la inmigración se convirtió en un problema para Chile? Nuestras condiciones de vida eran superiores a las de otros países de la región, pero mantuvimos las mismas normas migratorias.
Eso es como abrir las puertas y hoy tenemos un 10% de inmigrantes en Chile, o sea, por cada 10 chilenos hay un extranjero, y este llega con más niños en un momento en que los chilenos tenemos menos hijos. () Se ofrecieron condiciones especiales para quienes venían a desarrollar tareas que no eran cubiertas por chilenos, como recoger fruta, pero no existió una mirada global, y en esto existen responsabilidades compartidas por todos los estamentos y sectores políticos.
Tampoco ayudaron los problemas internos en el segundo gobierno de Piñera con un estallido social que no nos dejó ver el bosque. ¿Y cómo evalúa hoy el llamado “Cucutazo”? ¡ Un error garrafal! Un país no debe meterse en los problemas de un tercero. Esa ha sido nuestra política de Estado desde siempre. Había otros medios para poder hacerlo. Está la OEA, Naciones Unidas, pero no llegar a celebrar un golpe que no se produjo.
No conozco cómo se gestó desde adentro, pero si le preguntabas a los 20 diplomáticos de los grados más altos, todos hubieran dicho “no se meta en eso”. Para el régimen venezolano, Chile se convirtió en el símbolo de un país que quiso intervenir en sus asuntos internos y fracasó. Nunca lo perdonaron. ¿Cree que este error de no confiar asuntos internacionales a expertos continuó durante el gobierno de Gabriel Boric? Se lo pregunto por lo ocurrido con el cable chino. Todo apunta a que ese tema lo llevó el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones. Estimo que Cancillería de todas maneras se hubiera opuesto al desarrollo del cable chino, ya que teníamos antecedentes suficientes como para suponer que se iba a generar un conflicto con Estados Unidos. La adjudicación y posterior cancelación de la confección de pasaportes chilenos a una empresa china era un caso clarísimo. Los diplomáticos hubieran dicho “momento”, aunque es finalmente el Presidente quien tiene la última palabra. Ahora, desconozco en qué términos se lo plantearon. ¿Cómo así? Puede que alguna gente pensara que si ponían el cable de EE.UU. y el cable chino podían sacar provecho de ambos.
Pero ese es un pensamiento ridículo desde el momento en que estamos en la órbita occidental y somos muy dependientes de la tecnología de punta norteamericana. ¿Pero cómo se toma una decisión así cuando un 60% de nuestras exportaciones van a China? Bueno, justamente es ahí cuando opera la diplomacia y ocurren cosas que uno nunca va a llegar a saber. ¿Incluso hoy cuando la diplomacia parece olvidada? Sí, porque, tal como el derecho internacional continúa existiendo, el espíritu de la diplomacia sigue siendo el mismo. ¿Se rompen las relaciones diplomáticas? Sí, y también se rompen los acuerdos que se han hecho con anterioridad. Sin ir más lejos, la guerra suspende las relaciones entre los países y todo parece un papel en blanco. Pero por debajo hay un tinglado completo que continúa trabajando, por ejemplo, a través de terceros países que actúan como intermediarios. La diplomacia no duerme. ¿Cómo evalúa que el actual gobierno haya retirado el apoyo a Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU? El presidente Kast nunca apoyó esa candidatura.
Es cierto que el expresidente Boric la presentó en uso de sus facultades constitucionales, pero no consultó a los demás sectores políticos y, ante los chilenos, pasó a considerarse como representativa de las fuerzas políticas que adherían al gobierno pasado, no obstante sus credenciales.
En ese sentido, el nuevo presidente, también en uso de sus facultades constitucionales, procedió a su retiro. ¿Queda mal Chile internacionalmente considerando que Brasil y México mantienen su apoyo? Como la política exterior es una política de Estado, lo esperable es que las candidaturas sean representativas de un país y no de un sector del mismo.
Esto dejó al descubierto una falla que, ojalá, no vuelva a repetirse.. Desde que perdió sus dos piernas por una mina antipersonal en 1990, mientras cumplía una misión en el norte, el embajador Luis Winter viene advirtiendo de la crueldad de estos explosivos “diseñados para mutilar”. Hoy observa cómo se implementa el plan Escudo Fronterizo para frenar la inmigración ilegal y comenta los errores cometidos por gobiernos anteriores por no escuchar las voces de Cancillería en temas internacionales sensibles como Cúcuta y el cable chino. Para él “la diplomacia no duerme”. POR SONIA LIRA El 1 de noviembre de 1990, una mina antitanque mutiló sus extremidades inferiores mientras supervisaba trabajos de mejoramiento de los hitos fronterizos con Perú.