Ni China ni EE.UU.: radiografía a los países que más invierten en Chile
Ni China ni EE.UU. : radiografía a los países que más invierten en Chile millones) y más de cuatro veces lo enviado a Japón (US$ 8.197 millones). Pero si bien el comercio con China ha alcanzado niveles récord, cuando se trata de inversión extranjera directa (IED) el capital que entra para instalar empresas, generar empleos y financiar proyectos productivos la historia cambia. CANADÁ: EL INVERSIONISTA SILENCIOSO Desde 2018, Canadá ostenta el primer lugar como mayor inversionista extranjero en Chile. De acuerdo con cifras del Banco Central, la IED proveniente de ese país alcanzó en 2023 los US$ 40.233 millones, la cifra más alta registrada y unos US$ 5.000 millones más que en 2022. El dato no sorprende si se considera la fuerte presencia canadiense en el sector minero chileno, particularmente en la extracción de cobre, oro y litio. Empresas como Teck, Lundin Mining y Barrick Gold llevan años invirtiendo grandes en proyectos, convirtiendo a Canadá en un socio clave para uno de los pilares de la economía nacional. “Canadá ha tenido una estrategia sostenida, no ruidosa, pero muy efectiva, especialmente en minería, donde no sólo aportan capital sino también tecnología y estándares ambientales”, explica Claudia Godoy, economista y asesora en comercio internacional. Desde 2012, las inversiones canadienses en Chile han mostrado una tendencia ininterrumpida al alza. En ese año, la IED apenas superaba los US$ 17.000 millones, menos de la mitad del monto actual. El crecimiento refleja no solo interés estratégico, sino también confianza institucional en el país. ESTADOS UNIDOS Y ESPAÑA: JUGADORES TRADICIONALES Estados Unidos, a pesar de sus vaivenes geopolíticos y del descenso de su liderazgo en IED en Chile desde 2017, se mantiene en segundo lugar. En 2023, sus inversiones alcanzaron los US$ 28.820 millones, un 14,6% más que el año anterior. Si bien fue superado por Canadá, su posición sigue siendo relevante, especialmente en sectores como energía, tecnología, alimentos y servicios financieros. Históricamente, EE.UU. lideró la IED en Chile, con un promedio anual cercano a los US$ 27.000 millones durante la última década. Su presencia, además de ser cuantiosa, es diversificada, lo que le otorga resiliencia frente a cambios de ciclo económico.
En tercer lugar aparece España, con US$ 26.687 En un mundo marcado por la inestabilidad geopolítica y económica, donde las guerras comerciales entre potencias como Estados Unidos y China amenazan con redibujar las reglas del juego global, Chile observa con atención desde su posición estratégica como la economía más abierta del planeta. Con más de 30 tratados de libre comercio (TLC) firmados, el país se ha convertido en un actor sensible a cualquier cambio en el entorno internacional. Y aunque en el imaginario colectivo las grandes potencias figuran como los principales motores de inversión, la realidad es otra. La mayor parte del dinero que llega a Chile desde el exterior no proviene ni de Washington ni de Beijing. UNA APERTURA COMERCIAL QUE MARCÓ EL RUMBO El TLC con Estados Unidos, firmado en 2003 y en vigencia desde 2004, fue el punto de inflexión para Chile. Desde entonces, el país firmó la acuerdos similares con Unión Europea, China, Corea del Sur, Japón y una larga lista de socios comerciales, posicionándose como un referente global en liberalización económica. Esta estrategia de apertura ha sido clave para dinamizar el comercio exterior. De hecho, China se convirtió en el principal destino de las exportaciones chilenas, con envíos que en 2024 superaron los US$ 37.000 millones, más del doble que lo exportado a Estados Unidos (US$ 16.286. Aunque las potencias mundiales dominan el comercio exterior chileno, los principales flujos de inversión extranjera directa provienen de economías menos visibles. Canadá lidera con una fuerte presencia en minería, seguido por Estados Unidos y España. ¿Y China? Lejos del podio, su impacto es más complejo de medir. Ni China ni EE.UU. : radiografía a los países que más invierten en Chile millones invertidos en 2023, un alza del 8% respecto al año anterior. El país europeo ha tenido una relación histórica con Chile, especialmente en infraestructura, telecomunicaciones, servicios financieros y concesiones. Gigantes como Abertis, Enel (de matriz italiana pero con fuerte participación española), Banco Santander y Telefónica tienen una larga data de operación en el país. PAÍSES BAJOS Y UNA IED QUE CAE El cuarto puesto lo ocupa Países Bajos, con una inversión que llegó a US$ 19.496 millones, aunque con una baja del 6% respecto a 2022. Este descenso no significa necesariamente un retiro de capitales, sino más bien ajustes contables o ventas de activos.
En todo caso, la importancia de Países Bajos como puente financiero es clave, ya que muchas multinacionales europeas usan sus filiales en ese país como vehículo para sus operaciones en América Latina. ¿Y CHINA? Aquí es donde el relato da un giro inesperado.
Si bien Chile y China tienen un TLC vigente desde 2006 y el intercambio comercial es robusto, la inversión directa china en Chile apenas alcanzó los US$ 764 millones en 2023, apenas un poco más que los US$ 727 millones de 2022. ¿POR QUÉ TAN POCO? La explicación tiene que ver más con la metodología de registro que con la realidad económica. El Banco Central chileno, siguiendo recomendaciones de la OCDE y el FMI, mide la IED según el país desde el cual se originan los fondos, no por el país de control final. Así, si una empresa china invierte en Chile a través de una filial en Hong Kong, Suiza o Panamá, la inversión se registra como proveniente de ese país intermedio. Esta limitación metodológica invisibiliza el verdadero alcance del capital chino en sectores como energía, distribución eléctrica, telecomunicaciones y recientemente, el litio.
Según InvestChile, el organismo estatal encargado de promover la inversión extranjera, en 2024 la cartera de proyectos chinos cerró con 17 iniciativas por un total de US$ 3.965 millones, lo que muestra una realidad muy distinta a la que reflejan las cifras oficiales del Banco Central. “China no tiene todavía una posición dominante en inversión directa, pero está creciendo en sectores estratégicos, sobre todo en energía e infraestructura crítica.
Es una tendencia que va a continuar”, advierte Rafael Alfaro, analista de relaciones internacionales de la Universidad de Chile. ¿QUÉ IMPLICA ESTO PARA CHILE? La guerra comercial entre Estados Unidos y China, más que un conflicto arancelario, representa una lucha por la hegemonía tecnológica y geopolítica global, con efectos colaterales para países intermedios como Chile. Con TLC firmados con ambos actores, y con flujos de capital cruzados, Chile enfrenta el dilema de mantener equilibrios diplomáticos sin poner en riesgo su apertura económica.
Además, con una economía profundamente conectada al comercio exterior, cambios abruptos en las reglas del juego internacional como la imposición de aranceles, restricciones a inversiones tecnológicas o sanciones financieras pueden generar efectos significativos en los flujos de inversión y en la estabilidad del tipo de cambio. UNA NUEVA GEOGRAFÍA DEL CAPITAL El mapa de la inversión extranjera en Chile está cambiando.
Si antes eran solo las grandes potencias quienes lideraban los flujos, hoy también aparecen actores intermedios como Canadá, España o Países Bajos, y en menor medida, nuevos actores como Corea del Sur o Emiratos Árabes Unidos. Más que el volumen, lo relevante será la calidad de la inversión, su aporte a la innovación, a la transferencia tecnológica, a la empleabilidad local y a la sostenibilidad ambiental. Chile, con una institucionalidad reconocida y una red de tratados inigualable, está en buena posición para atraer capital. Pero en un mundo en transformación, deberá definir con claridad sus prioridades estratégicas y evitar quedar atrapado en disputas que no controla. Porque mientras las potencias se enfrentan en los grandes tableros geopolíticos, Chile sigue siendo, silenciosamente, un destino atractivo para quienes buscan estabilidad, reglas claras y un puente al Pacífico Sur. La clave estará en saber mantener ese prestigio, sin ceder soberanía ni poner en riesgo su modelo de desarrollo..