Autor: María José González Barraza La Estrella de Valparaíso
Lejos de Rapa Nui, pero vivo: el Toromiro resiste en el Botánico
Lejos de Rapa Nui, pero vivo: el Toromiro resiste en el Botánico uando el megaincendio de 2024 C avanzó sobre gran parte del Jardín Botánico de Viña del Mar, hubo especies que no resistieron el paso del fuego y otras que quedaron seriamente dañadas, empujando al recinto a resguardar y nutrir aquellos suelos que se creían calcinados. Pero entre ellas, una logró mantenerse en pie. El toromiro, una planta que ya no existe en estado silvestre, resistió el calor, el humo y el impacto del entorno que ardía a su alrededor. "Estuvieron expuestos a temperaturas altas. Sufrieron algo, pero rebrotaron rápidamente porque las condiciones aquí son muy buenas", explica el director del recinto, Alejandro Peirano.
Aunque su característi ca flor amarilla, similar en forma a un copihue, no florecerá hasta la siguiente primavera, Peirano se muestra optimista en cuanto a su crecimiento. "De hecho, es cosa de ver la cantidad de semillas que tienen ahora. Están llenos de semillas, eso es un buen indicio de que las plantas están cómodas aquí", subrayó el encargado del Botánico. La escena no es menor. El toromiro es una especie originaria de Rapa Nui y considerada extinta en la naturaleza desde la década de 1960. Lo que hoy crece en Viña del Mar no es solo un árbol: es la continuidad de una historia que estuvo a punto de desaparecer por completo.
Patricio Novoa, ingeniero forestal y curador del herbario en el Jardín Botánico relató que las primeras semillas llegaron a Viña del Mar debido a la expedición en Rapa Nui del agrónomo chileno Efraín Volosky, en 1956. "Él colectó las semillas del último toromiro que quedaba en el volcán Rano Raraku y las donó al jardín botánico", sintetizó. De esas primeras plantas siete u ocho ejemplares originales hoy no queda ninguno. Su ciclo de vida, explica Novoa, es limitado. "Estos árboles tienen una vida útil de 25 o 30 años y luego mueren. Entonces se han ido reproduciendo nuevas generaciones y ya vamos en la cuarta presente en este parque. Estos toromiros son nietos de esos primeros que llegaron", enfatizó el curador. Pero esa supervivencia tiene un costo: "Todos los árboles que hay aquí y en otras partes del mundo son hijos de un solo individuo. La diversidad genética es muy baja, porque son clones, entre comillas. La planta pasó por un cuello de botella genético y perdió ciertas características de adaptación", mencionó Novoa.
Esa fragilidad se refleja en su comportamiento: viven menos de lo esperado, son sensibles a las condiciones del entorno y requieren cuidados específicos. "Para que sobrevivieran acá, hemos tratado de imitar el suelo volcánico donde crecían, que es muy aireado. Agregamos arena, piedra, incluso creamos hasta la forma de un volcán en la tierra. La idea es que se sientan en casa", detalló el experto. Aun así, el desafío mayor está fuera del jardín.
Reinsertar el toromiro en su lugar de origen no ha sido sencillo. "Actualmente hay esfuerzos para reinsertarlo en el suelo volcánico de la LA HISTORIA ESTRELLA Isla, pero no ha sido fructífero, teniendo que cambiar la estrategia", comentó el director Peirano. En ese sentido, "lo que están buscando es llevar el paquete completo: no solo la planta, sino también el suelo y los microorganismos que cohabitaban con ella", aseguró el profesional. Una de las empresas reconocidas por sus labores de conservación de Tolomiro es CMPC, en la región del Biobío. Recientemente, recibieron la visita de las investigadoras suecas sa Krüger y Stina Weststrand del Jardín Botánico de Gotemburgo, quienes se llevaron 22 ejemplares de Toromiro para ampliar su genética a través de propagado in vitro. Todos estos estudios tiene una razón de ser: "Se perdieron aquellos microorganismos que vivían con el toromiro, bacterias que fijan nitrógeno y que son fundamentales para su desarrollo. El proceso es lento y complejo, pero no imposible", concluyó Peirano. Mientras tanto, en Viña del Mar, el toromiro sigue creciendo. Lejos de su origen, pero vivo. Resistiendo no solo el paso del tiempo, sino también el fuego.
Y en ese pequeño espacio protegido, entre suelos preparados y cuidados constantes, se mantiene como un recordatorio de lo que se perdió y de lo que aún se puede recuperar. « Todos los árboles que hay aquí (. .. ) son hijos de un solo individuo. La diversidad genética es muy baja". Patricio Novoa, curador del Jardín Botánico Autor: María José González Barraza La Estrella de Valparaíso.
Considerado extinto en su habitat natural desde la década del 60', este árbol sobrevive en Viña del Mar gracias al trabajo de conservación liderado por el Jardín Botánico, logrando incluso superar la devastación del incendio en 2024. Todos los árboles que hay aquí (. .. ) son hijos de un solo individuo. La diversidad genética es muy baja". Patricio Novoa, curador del Jardín Botánico SU SUPERVIVENCIA DEPENDE DE CUIDADOS ESPECIALES. LA PRIMAVERA ES SU ESTACIÓN PREFERIDA, YA QUE LOS FRUTOS SE TRANSFORMAN EN FLORES AMARILLAS TRADICIONALES DE LA POLINESIA. AGENCIA UNO