Autor: Claudio Guíñez Pacheco Director ejecutivo SLEP Valle Diguillín
Columnas de Opinión: Escuela, una herramienta
Columnas de Opinión: Escuela, una herramienta os incendios forestales que han golpeado a Ñubley Biobío no son hechos aislados ni meras fatalidades veraniegas.
Son una señal urgente de que deL bemos repensar la relación que nuestras comunidades mantienen con su entorno y, en particular, con los bosques que forman parte esencial de la identidad y economía de ambas regiones. Hablar de Ñuble y Biobio es hablar de territorio forestal. No solo porque el paisaje está marcado por extensas plantaciones, sino porque miles de familias dependen directamente de la industria maderera para sostener sus hogares.
De acuerdo con el Centro de Información de Recursos Naturales del Ministerio de Agricultura, casi el 64% de las plantaciones forestales del país se concentra en estas dos regiones, sumando cerca de 1 millón 200 mil hectáreas. Esta realidad territorial vuelve evidente que la prevención no puede limitarse a reacciones de emergencia: debe convertirse en parte de la cultura local. Y es ahí es donde la educación adquiere un rol transformador. Desde la primera infancia, debemos formar ciudadanos conscientes, capaces de comprender el valor de los bosques, los riesgos asociados a su mal manejo y la responsabilidad compartida de protegerlos. La escuela es, en muchas localidades rurales, el principal espacio de encuentro comunitario y el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a observar, interpretary cuidar su entorno.
En esta línea, en diciembre de 2025 firmamos con Corma un convenio de colaboración que permitió la integración del SLEP Valle Diguillín a la Red de Prevención Comunitaria, que es un programa impulsado por las empresas forestales a través de Corma. Este modelo de prevención, que funciona desde Valparaíso hasta Los Lagos, promueve la participación activa de la comunidad mediante comités conformados por vecinos voluntarios. Son ellos quienes identifican riesgos en sus territorios, diseñan planes locales para mitigarlos y coordinan acciones con actores relevantes como municipios, empresas eléctricas, instituciones de gobierno, bomberos, Carabineros y Conaf.
En el caso del territorio del SLEP Valle Diguillín, seis escuelas rurales de las comunas de Yungay y Pemuco, ya son parte de estos comités, demostrando que la educación pública puede y debe ser protagonista en los esfuerzos de prevención. Dar continuidad y fortalecer este trabajo no solo es necesario: es estratégico. Significa transformar el aprendizaje en acción; convertir a estudiantes, docentes y familias en agentes de cambio para sus propios territorios. La oportunidad es clara. Al reforzar la presencia de los establecimientos educacionales en la red, y al explorar nuevas zonas donde implementar el modelo, no solo se está enseñando a prevenir incendios. Se está cultivando ciudadanía, resiliencia y sentido de comunidad. Se está invirtiendo en el futuro. Porque los incendios forestales no comienzan necesariamente en un verano caluroso. Comienzan, muchas veces, en la ausencia de educación, en el desconocimiento o en la falta de organización comunitaria. Por eso, cuando la escuela se convierte en un actor central de la prevención, no solo está formando estudiantes: está protegiendo vidas, bienes y ecosistemas. La educación no apaga incendios, pero puede evitar que se enciendan. Y hoy, más que nunca, eso es una prioridad para Nuble y todo Chile. Autor: Claudio Guíñez Pacheco Director ejecutivo SLEP Valle Diguillín. Opinión