Talca es una ciudad hostil con las personas no videntes o de visión reducida. Hay avances, muy tímidos. Pero falta. Falta que las autoridades les consulten y coordinen actividades. Falta educación, mucha educación
Talca es una ciudad hostil con las personas no videntes o de visión reducida. Hay avances, muy tímidos. Pero falta. Falta que las autoridades les consulten y coordinen actividades. Falta educación, mucha educación o que Luis Obreque no ve, lo recuerda. Como cuando salía de su casa y recorría de memoria el trayecto hasta el negocio donde compraba L sus cigarros. Hoy ya no fuma. Era un recorrido largo y lleno de obstáculos para un ciego. Pero lo hacía. O como cuando iba de su casa en La Florida a un paradero cercano en la Avenida Colín. Un día se sienta junto a un señor que le pide el favor de avisarle cuando viniera la micro que le servía. Ambos se rieron cuando le contó que él también era ciego. El de la anécdota era Mario Rojas Fuentes y ese encuentro fue el germen de lo que sería el Centro de Capacitación para Ciegos y Limitados Visuales, Cencacyliv. Rojas Fuentes fue su primer presidente. Eso debió ser el 2007. Un año antes Luis había estado estudiando en la Escuela de Ciegos de Santiago, donde aprendió a "bastonear", a leer y escribir. El grupo estuvo un tiempo reuniéndose en la Escuela Carlos Spano. Después en un local donde había funcionado un jardín infantil. Ahí no terminaron de acostumbrarse a los pequeños WC adaptados para los niños. Hasta que les ofrecieron cambiarse a su sede actual en la 6 Oriente con 13 Sur. Ya no se puede confiar ni en Google Map. La aplicación me llevó, con foto y todo, a una dirección en la 2 Oriente. Anduve largos minutos perdido. Hasta que recordé un letrero descolorido que había visto al pasar por un pasaje de la Población Brilla El Sol. En una de esas. .. pensé. Además, no quedaba tan lejos de donde andaba. Tuve suerte. No tan solo di con la sede de Cencacyliv, sino que me topé con una reunión del grupo con Catalina Carrasco, terapeuta ocupacional, para trabajar en un programa del Fondo Nacional de Proyectos Inclusivos, Fonapi. Los astros estaban conmigo esa media mañana. María Jorquera, María Bravo, Marina Rojas, José Luis Montecino, Claritaluz Melo, Eliana Saavedra y Gabriela Perozo, aceptaron conversar de sus experiencias como personas no videntes o de visión reducida, en una ciudad como Talca.
Spiton chomiliony Regola Colora Peçola inclusión ¿ Es Talca una ciudad inclusiva con las personas no videntes? Casi a coro, todos respondieron con un rotundo "No". Aunque con el correr de la conversación fueron apareciendo matices. María Bravo, con una expresividad y energía que contagia, cuenta que empezó a usar bastón cuando chocó en la calle con una señora que vendía churrascas. Ni que hablar de los hoyos y de los que caminan pendientes del celular. De los que les dicen, "saca tu palo de ahí. .. ", refiriéndose al bastón. Un bastón al que distinguen con distintos colores para señalar el nivel de discapacidad visual. Falta señalética Braille, hay veredas en mal estado y, especialmente, escasa conciencia social. Pero existen avances.
Como un par de paraderos tecnológicos en donde apretando un botón una voz advierte la llegada de las micros, o los cruces de calles que cuentan con un sistema sonoro que indica, dependiendo de la intensidad y rapidez, la luz roja o verde del semáforo; y también las baldosas con diseños especiales para que las personas puedan guiarse con sus bastones. Todos avances que están presentes en Talca, siempre en el centro de la ciudad, pero que, acotan, no alcanzan a esconder las deficiencias. Es más, ninguna autoridad se acercó a su organización para consultarles por estas mejoras inclusivas, ni les explicaron nada una vez implementadas.
Mínimo un taller o una actividad en terreno que permitiera, a la vez, visibilizar estas obras y concientizar a la comunidad sobre lo que viven los ciegos a la hora de integrarse a una ciudad hostil. Pero no hubo ningún tipo de coordinación. Así, las buenas intenciones se pierden y sigue predominando una mirada crítica hacia el concepto de inclusión. Porque a veces las líneas de las baldosas terminan o son interrumpidas por un grifo de agua. Cuando María Bravo salió por primera vez sola a la calle, fue como si caminara por un campo de batalla. A lo que se suma la poca empatía y falta de educación de la gente. Sin embargo, optimista, acota que las personas tienen disposición a ayudar. Un día salió a celebrar un cumpleaños con otras dos amigas no videntes. Fueron a un restaurante y la atención fue muy buena. Luego visitaron una tienda. Tres mujeres con bastones eligiendo ropa. María le pregunto a una dependienta dónde estaban los probadores y ella le contestó que allí, señalándole el lugar. Paciente, le explicó que las tres eran limitadas visuales. Le dijo que la iba a tomar del brazo (y no al revés) para que la guiara al mostrador. Es decir, enfatiza María, las personas, que por naturaleza tienen disposición a ayudar, necesitan que alguien las eduque. Y María está dispuesta a educarlas. Claritaluz Melo dice que alguna vez propuso ir a los colegios a charlar con los niños y explicarles cómo es la vida de los no videntes. Luis Obreque comenta que el ciego que pide dinero en la calle no es la realidad. Hay mucho prejuicio respecto a las personas ciegas, como la idea de "pobrecito el cieguito". Y no es eso. Quieren integrarse, quieren aportar, quieren que Talca sea, efectivamente, su ciudad. Lo de pedir dinero evidencia, por otro lado, las dificultades para encontrar trabajo. Gabriela Perozo, que tiene la visión disminuida, señala que cuando va a una entrevista de trabajo las cosas van bien hasta que se dan cuenta que tiene problemas para ver. Ahí le dicen que así no puede trabajar. Pero ella sí puede, está segura. Solo necesita la oportunidad. La reunión termina. La terapeuta ocupacional les comenta que retomarán el proyecto en marzo. María Bravo toma a "Chayane", su bastón, bautizado en honor al cantante, ya que fue con una de sus canciones que se enamoró de su esposo, y sigue conversando animadamente con sus compañeros. Me despido y agradezco la oportunidad. Aprendí mucho.. Rodrigo Contreras Vergara Fue la última reunión del grupo antes de las vacaciones. En marzo retoman el proyecto Fonapi.