Autor: Hardy Knittel V. Analista político
Si yo fuera venezolano
Si yo fuera venezolano ció alguna vez que, a pesar de que en el lugar de su exilio tuvo todas las facilidades para rehacer su existencia, nunca sintió que estaba en su hogar. Por alguna razón -me dijola empanada que hacíamos con los mismos ingredientes que utilizábamos en Chile no tenía el mismo sabor. Estoy seguro de que a un venezolano avecindado entre nosotros le debe ocurrir lo mismo, que la arepa del exilio no debe saberle igual a la arepa de Venezuela.
Por esa razón, que puede parecer demasiada sencilla, quizás vulgar, es que si yo fuera venezolano estaría en este momento feliz ante la perspectiva, ahora más cierta que antes, de poder regresar algún día a mi país.
DETENIDO EL DICTADOR Si yo fuera el ingeniero que maneja un Uber por las calles de Puerto Montt o el abogado que es camarero de un restaurante, o aun si mi profesión hubiese sido reconocida y pudiera estar trabajando como médico en una clínica o como experto en una salmonera, estaría feliz de que tropas, aviones y helicópteros de los Estados Unidos hayan entrado a Venezuela, hayan detenido al dictador Nicolás Maduro y que ahora lo estén juzgando en una corte de justicia de ese país.
No me importaría mucho que Donald Trump amenazase con hacerse cargo de nuestro petróleo o que nos impusiera cuotas obligatorias como compensación por lo que él estima viejos agravios: después de todo, la misma actitud, el mismo abuso y la misma expoliación la han estado cometiendo Cuba, Rusia, Irán, China y quien sabe cuántos más durante las últimas décadas, amparados por ese dictador que ya no está en Venezuela.
Tampoco me importaría que la operación de detención de Maduro haya significado una verdadera invasión a mi país: después de todo, ya estaba invadido desde hace muchos años por esos mismos países y especialmente por cubau n amigo que vivió más de una docena de años exiliado me confidennos que actuaban como represores directos de quienes no habían tenido la suerte, como yo, de escapar a tiempo de la furia liberticida y homicida de esa dictadura. Si yo fuera venezolano, seguramente la noticia de la detención de Nicolás Maduro por el gobierno de los Estados Unidos habría hecho que mi alma volviera a vibrar como no lo hacía desde hace tiempo. La esperanza, que alguna vez sentí perdida, habría regresado a tocar mi puerta. Por primera vez en mucho tiempo, el futuro no se vería como una neblina espesa, sino como un horizonte despejado al que podría correr y en el que podría respirar a todo pulmón. Si yo fuera venezolano, probablemente estaría consciente de que el camino que queda por recorrer no será fácil. Reconstruir un país requiere más que ganas: implica trabajo, perdón y unidad. Pero también sabría que el pueblo venezolano tiene una capacidad infinita para renacer, para crear y soñar.
Y por eso yo, si fuera venezolano, como tantos otros venezolanos estaría feliz y listo para regresar y aportar, para reconstruir no sólo mi vida, sino también la de mi patria; y eso sería lo único que me importaría. REGLAS INTERNACIONALES Pero yo no soy venezolano, soy chileno.
Y como chileno, sé que en un sistema internacional marcado por profundas asimetrías de poder político, militar y económico, el derecho internacional constituye uno de los pocos instrumentos capaces de introducir reglas, previsibilidad y límites a la acción de los Estados. Sé que su importancia no radica únicamente en esa capacidad de reglamentar, sino en que ofrece un marco para la convivencia pacífica y la solución de controversias por medios distintos al uso de la fuerza.
Como chileno, sé también JE que desde la Paz de Westfalia hasta la creación de las Naciones Unidas, el desarrollo del derecho internacional ha estado estrechamente ligado al intento de sustituir la lógica del poder por la lógica de las reglas. Este esfuerzo se vuelve especialmente relevante cuando los conflictos armados, las tensiones geopolíticas y la competencia estratégica entre grandes potencias amenazan con erosionar los mecanismos multilaterales construidos tras la Segunda Guerra Mundial.
NECESIDAD PRÁCTICA Como chileno, sé que frente a esa realidad, el derecho internacional no es un ideal abstracto, sino una necesidad práctica para evitar que la fuerza se convierta en el principio rector de las relaciones internacionales. Y no es que los chilenos seamos especialmente legalistas o unos fanáticos del orden.
Lo que ocurre es que sabemos que principios tales como la ERSIDA igualdad soberana de los Estados, la prohibición del uso de la fuerza, el respeto a los tratados y la no intervención en los asuntos internos tienen un significado especial cuando se trata de países pequeños y más débiles como Chile o Venezuela.
Para países pequeños o medianos como los nuestros, insertos en un mundo globalizado en el que pueden verse enfrentados a la arbitrariedad del más fuerte, el respeto a esos principios puede significar la diferencia entre la defensa de sus intereses mediante argumentos jurídicos, o someterse a los designios del más fuerte.
RETORNO DE PINOCHET Por eso fue que estuve de acuerdo con el Gobierno de Chile cuando exigió que se regresase a Augusto Pinochet a nuestro país para que aquí, en la medida de nuestras circunstancias y en el marco de nuestra soberanía, lo juzgáramos o lo dejáramos de juzgar. ***** Por eso, como chileno, sé que defender el derecho internacional implica algo más que un compromiso jurídico: supone una opción política y ética por un mundo regido por normas antes que por la fuerza. En un tiempo de incertidumbre global, reafirmar ese compromiso es especialmente urgente. No hacerlo equivale a aceptar un retorno a un orden internacional más inestable, más impredecible y, sobre todo, más desfavorable para los países que carecen de poder suficiente para imponer por sí mismos sus derechos.
Por eso es que, como chileno, no puedo sino rechazar el atropello total al derecho internacional perpetrado por el Gobierno de los Estados Unidos al decidir, por sí y ante sí, hacer lo que ese país o su gobernante entienden unilateralmente como justicia. Aunque siga sintiendo la felicidad que sentiría por lo ocurrido. .. si yo fuera venezolano. 03 Autor: Hardy Knittel V. Analista político. NICOLÁS MADURO, TRAS SER DETENIDO. "SI YO FUERA VENEZOLANO ESTARÍA EN ESTE MOMENTO FELIZ ANTE LA PERSPECTIVA, AHORA MÁS CIERTA QUE ANTES, DE PODER REGRESAR ALGÚN DÍA A MI PAÍS", DICE KNITTEL.