Autor: Andro Mimica Guerrero
Columnas de Opinión: La incongruencia de la dupla Kast-Quiroz (o no)
Columnas de Opinión: La incongruencia de la dupla Kast-Quiroz (o no) Exseremi de Gobierno La contradicción no es un error comunicacional, es una estrategia. Y en política, cuando las palabras del gobierno empiezan a chocar entre sí, lo que queda al descubierto no es sólo desorden, sino intención. El gobierno de José Antonio Kast llegó al poder prometiendo certezas. Una de las más reiteradas en campaña fue clara y es que ningún beneficio social sería recortado. Sin matices, sin letra chica. Hoy esa promesa se ve directamente desmentida por los propios actos de su administración. El llamado “oficio” emanado desde el Ministerio de Hacienda, encabezado por el Ministro Quiroz, no es un rumor ni una interpretación malintencionada. Es un documento oficial que propone recortes concretos en áreas sensibles, incluyendo beneficios sociales como la alimentación escolar. Frente a esto, la defensa del ministro ha sido tan débil como reveladora, “son sólo propuestas”. Pero en política pública, las “propuestas” que se formalizan mediante oficios no son ejercicios académicos, son señales. Y las señales importan. Porque anticipan prioridades, revelan convicciones y preparan el terreno para decisiones que se intentan instalar gradualmente para evitar el costo político inmediato. Decir que no necesariamente se materializarán es, en el mejor de los casos, una evasión. En el peor, una forma de tantear hasta dónde resiste la opinión pública.
Porque si no había intención real de avanzar en recortes, ¿por qué elaborar un documento oficial que los detalla? ¿ Por qué poner sobre la mesa, aunque sea “como propuesta”, la reducción de beneficios que han sido conquistas sociales de años? Aquí es donde la incoherencia escala a nivel político mayor.
La Ministra Sedini acusa que “hay personas que están intentando meterle miedo a la ciudadanía con cosas que no corresponden”. Sin embargo, el origen del “miedo” no está en la oposición ni en la prensa, sino en el propio Ministerio de Hacienda. No es un trascendido, no es una filtración dudosa, es un oficio oficial.
Y luego está la frase del propio Presidente Kast “¿ le van a quitar el alimento de la Junaeb? ¿ Dónde han visto algo así?”. La respuesta es incómoda, pero evidente, en el documento firmado por su propio Ministro. Entonces la pregunta ya no es solo sobre el contenido del recorte, sino sobre la conducción política del gobierno.
Si el Presidente desconoce o desautoriza un oficio de su Ministro de Hacienda, ¿por qué lo mantiene en el cargo? Y si lo respalda, ¿por qué contradice públicamente lo que su administración está impulsando? Pero este debate no ocurre en el vacío.
Ocurre mientras la bencina y el petróleo siguen subiendo, mientras la UF marca nuevos niveles altos y mientras la inflación vuelve a golpear los bolsillos, acercándose al 4%. Es decir, mientras el costo de la vida aprieta, el gobierno abre la puerta, aunque lo maquille como “propuesta”, a recortar ayudas sociales. La señal es doblemente regresiva, siendo menos apoyo estatal cuando más se necesita. En ese contexto, hay una frase que ha comenzado a circular con liviandad: “disfruten lo votado”. Y no, no es una frase con la que se pueda estar de acuerdo. Porque reduce la complejidad social a una consigna y, peor aún, castiga a las personas comunes por decisiones políticas que muchas veces se toman lejos de sus realidades.
El pescador en Puerto Williams, la costurera en la población 18 de Septiembre en Punta Arenas o la agricultora de los huertos familiares en Puerto Natales no son responsables de los oficios del Ministerio de Hacienda ni de las decisiones ideológicas que hoy tensionan al gobierno. Incluso si algunos de ellos votaron por Kast, hoy están enfrentando las consecuencias de un modelo que prioriza el recorte del Estado por sobre las necesidades concretas de las personas. Porque al final del día, las políticas públicas no afectan votos, afectan vidas.
Y cuando esas vidas se ven presionadas por el alza del costo de la vida y, al mismo tiempo, por la amenaza de recortes sociales, lo que queda no es una disputa ideológica abstracta, sino una realidad tangible de incertidumbre. Lo más paradójico, sin embargo, aún está por venir. Porque si la presión pública logra frenar estos recortes, el mismo gobierno probablemente presentará el “no recorte” como un triunfo político. Exactamente como ya ocurre con el presupuesto en seguridad, manteniendo lo que ya existía se comunica como un logro, como si no retroceder fuera equivalente a avanzar. Ese es el problema de fondo. Cuando no recortar se transforma en victoria, se instala una lógica peligrosa, la de gobernar al borde del retroceso, para luego celebrar el simple hecho de no concretarlo. Autor: Andro Mimica Guerrero.