Autor: RAÚL CAAMAÑO MATAMALA, PROFESOR UNIVERSIDAD CATÓLICA DE TEMUCO
Columnas de Opinión: De la inteligencia natural a la artificial
Columnas de Opinión: De la inteligencia natural a la artificial Hace unos años se discutía, se escribía y escribía acerca de la influencia de la televisión en los niños, pero, al fin, reflexiones por medio, estudios por medio, nada concluyente, quizás por lo dinámico que es el medio y porque los contextos, diferentes, también mostraban sus propios cambios y dinamismos.
Y ahora que la televisión, como la conocimos, está en crisis, ya ad-portas de ser movida sino reemplazada por otros medios, no tuvimos la suerte de conocer datos que nos señalaran de manera categórica qué efectos dañinos ejerció la televisión o cómo efectivamente fue remediada, controlada.
En estas circunstancias, casi vale el aforismo: "¡ si no puedes con ellos, úneteles! " Y, al parecer, el común de la gente no supimos ni conoceremos el influjo directo que el indirecto sí ejerce, ejerció el medio televisivo en la población infantil y juvenil. Eso, hoy, ya parece la prehistoria de una línea en el tiempo que contemporáneamente nos muestra un escenario de gran amplitud, y que denota complejidad. El último tiempo, la humanidad ha dado pasos gigantescos en el desarrollo de la comunicación y de la información, muy de la mano con la tecnología, con la informática. Cada año hay ferias en el llamado primer mundo con noticias primas de los avances tecnológicos, y cómo estos llegan a nuestro Chile a pocas semanas o meses, vía adquisición electrónica.
En Chile cada año se realiza un congreso que nos pone al tanto del futuro, y debemos aplaudir ese notable empeño, pues nos anticipa el devenir, y lo acompaña de armónica humanización. ¡ Felicitaciones! Hay que decirlo. ¡Vamos a lo que nos convoca esta vez! Si con la televisión llegamos tarde al banquete de las conclusiones, con la inteligencia artificial no podemos permitirnos el lujo de la mera observación. La historia nos ha enseñado que el medio no solo es el mensaje, sino que termina siendo el molde de nuestra propia estructura mental. Hoy, ante el despliegue de una inteligencia que emula lo humano sin poseer su pulso ético, el desafío no es técnico, sino profundamente pedagógico. No se trata simplemente de "unirse a ellos" para no ser desplazados, sino de integrarlos bajo una soberanía humana que no renuncie a la complejidad. El paso de la inteligencia natural a la artificial debe ser un ascenso, no una sustitución: el uso de la máquina para procesar lo vasto, y el rescate del espíritu para comprender lo profundo. Observamos con preocupación que, para el estudiante, la IA se ha convertido a menudo en un SOS, un grito de auxilio ante la página en blanco que termina por silenciar la voz propia. Creo que es un error de enfoque. La inteligencia artificial debe ser comprendida como un soporte con valor agregado; no es el motor que conduce, sino el combustible que permite llegar más lejos. El valor no reside en la respuesta que la máquina arroja, sino en la capacidad humana de editar, cuestionar y elevar ese insumo hacia algo que solo nosotros poseemos: sentido y propósito.
Leyendo y releyendo a Edgar Morin, al fin de cuentas, la verdadera inteligencia, la que este ensayista defiende y la que el aula debe custodiar, no es la que ofrece la respuesta más rápida, sino la que sostiene la pregunta más necesaria en medio de la incertidumbre.
En fin, que esta nueva era no nos encuentre como espectadores pasivos de un algoritmo, sino como arquitectos de una técnica que, por fin, esta vez, aprenda a estar al servicio de la vida y su inagotable misterio. Autor: RAÚL CAAMAÑO MATAMALA, PROFESOR UNIVERSIDAD CATÓLICA DE TEMUCO. La columna de. ..