Autor: María José González Barraza La Estrella de Valparaíso
La nueva vida de las tortugas de orejas rojas en el Jardín Botánico
La nueva vida de las tortugas de orejas rojas en el Jardín Botánico n una pileta cercada, al interior del Jardín Botánico de Viña del Mar, decenas de caparazones asoman entre el agua. Algunas tortugas descansan al sol; otras se deslizan lentamente bajo la superficie. Son cerca de 170, todas de orejas rojas, una especie exótica que, aunque ya se ha adaptado a distintos cursos de agua de la zona, no pertenece a los ecosistemas chilenos. Y justamente por eso están ahí: "Es una actitud de responsabilidad, por eso hemos querido resguardarlas", explica el director del recinto, Alejandro Peirano.
La iniciativa no es nueva: desde hace más de una década el jardín recibe, revisa y también entrega estas tortugas, intentando evitar que sigan proliferando en la naturaleza sin control. "No queremos seguir contaminando nuestro hábitat, porque no tienen controladores naturales", advierte. El problema, dice, no es menor. Esta especie estadounidense ha alterado los equilibrios ecológicos en el país, llegando a competir con fauna nativa. Por eso, en el botánico han optado por un sistema que mezcla resguardo, educación y adopción responsable.
Las historias que llegan hasta ahí suelen repetirse: personas que compraron una tortuga cuando era pequeña en las típicas tiendas de mascotas o ferias locales y que, con los años, ya no pueden mantenerla. "Crecen mucho, comen harto y requieren espacio. Ya no caben en un departamento y tampoco deben vivir dentro de una pecera", resume Peirano. El reciente video publicado en las redes sociales del Jardín Botánico escaló rápidamente. Peirano asegura que decenas de usuarios le escribieron, pensando que podrían acercarse al parque y llevarse una o más tortugas sin más. Pero la realidad es más compleja. Cuando alguien quiere adoptar, no basta con presentarse. Hay un filtro. Se evalúa si la persona tiene experiencia previa cuidando tortugas, si cuenta con el espacio suficiente y si entiende las condiciones que implica el cuidado de un animal que puede vivir al menos dos décadas. Lo mismo sucede con el proceso de recepción cuando una persona no puede seguir cuidándolo. Antes de ingresar, cada ejemplar es revisado para evitar contagios o enfermedades. "No le pasamos a todo el mundo. Si toman la decisión de acompañarse con algún animal que se transforma en una mascota, tiene que ser responsable y cuidarla hasta el último. Y si está complicado, busque opciones. No la libere en cualquier lugar", recalcó el director. Esa evaluación fue justamente la que permitió que el 18 de marzo, Guillermo Cifuentes se llevara una tortuga a su casa en Valle Alegre, en la comuna de Quintero. La decisión no fue impulsiva. En su parcela de 15 mil metros cuadrados, con una laguna, peces y vegetación, llevaba tiempo pensando en sumar una. "Siempre quise tener tortuguitas. Hay todo un mundo biológico ahí en mi patio. La tortuga va a estar feliz", dice, convencido. En su caso, además, la adopción tiene un componente familiar.
Su hija menor, Antonia, amante de los animales y futura estudiante de veterinaria, fue LA HISTORIA ESTRELLA una de las más entusiasmadas con la llegada del nuevo integrante, que por ahora sigue sin nombre: "es un 'NN' todavía", bromea. El oriundo de Quintero se enteró de la iniciativa través de las redes. Llegó con la ilusión de llevarse al menos tres, una para cada pileta, pero la protección va primero. Algo que Guillermo Cifuentes agradece. "Estos animales no son para cualquiera. Requieren de espacio, agua en movimiento y un entorno adecuado. De lo contrario, sufren. El chileno se entusiasma al principio, pero después se descuida", reflexionó Cifuentes.
Así, Peirano y Cifuentes apuntan a un escenario ecológico que podría evitarse con conciencia ambiental y cuidado: esteros como el Marga Marga o en la laguna Sausalito con tortugas bañadas al sol, alimentándose de flora y fauna propia de nuestro suelo difícil de recuperar. Mientras tanto, en la pileta del botánico, el movimiento no se detiene. Cada semana el agua se renueva, veterinarios y estudiantes de esta carrera en las Universidades Santo Tomás y Andrés Bello revisan a los ejemplares, y los guardaparques se encargan de su alimentación diaria. Es un equilibrio delicado: evitar que sigan llegando sin control, pero también impedir que se dispersen. « 175 tortugas de orejas rojas aproximadamente estan resguardadas en la pileta del Jardín Botánico de Viña del Mar. Autor: María José González Barraza La Estrella de Valparaíso. Tras la viralización de una publicación en Instagram, el parque dio a conocer que alberga más de un centenar de estos reptiles, que son ejemplares exóticos. Mientras promueven el cuidado de ecosistemas locales, familias están listas para adoptarlas. No cualquiera puede hacerlo. 175 tortugas de orejas rojas aproximadamente estan resguardadas en la pileta del Jardín Botánico de Viña del Mar. DEBIDO A LOS CUIDADOS Y LAS CONDICIONES ÓPTIMAS, LA "FAMILIA" EN EL ESTANQUE FUE CRECIENDO EN MÁS DE UNA DÉCADA. LA "NN" DE CIFUENTES ESTÁ MUY A GUSTO EN QUINTERO. AGENCIA UNO