Autor: Bernardo Álvarez Tapia Obispo Auxiliar de Concepción
Columnas de Opinión: La luz en medio de la oscuridad
Columnas de Opinión: La luz en medio de la oscuridad La región del Biobío transita nuevamente una crisis devastadora producto de los incendios forestales que han afectado especialmente a las zonas de Penco, Lirquén, Punta de Parra, Florida, Concepción, entre otras.
Esta tragedia no es un evento aislado en nuestra historia reciente; en menos de diez años, nuestra región ha sido testigo de tres grandes incendios que han perjudicado duramente la vida humana, comunidades enteras, fuentes laborales, bosques y biodiversidad. A pesar de este gran dolor, en medio de la oscuridad ha surgido, una vez más, el signo de la luz de Dios que mueve los corazones.
Durante estas jornadas de tristeza, hemos sido testigos de la respuesta generosa y solidaria de miles de compatriotas, en particular de muchos jóvenes, que se han movilizado hacia las zonas afectadas, creando una verdadera corriente de caridad, manifestando compromiso y fraternidad con las personas damnificadas, y generando cercanía y esperanza en tantos corazones heridos por la pérdida de sus seres queridos, hogares y proyectos de vida.
La crisis provocada en estos días no puede dejarnos indiferentes; debe despertar las conciencias de dirigentes y ciudadanos para vincularnos en el proceso de reconstrucción que, sin duda, no es solo material, sino también social y espiritual.
Un primer punto de reflexión: el Bien Común: El Bien Común se define como el "conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible el logro más pleno de la propia perfección" (CDS 164). En el contexto que hemos vivido a causa de la tragedia de los incendios, este principio nos ilumina para reflexionar sobre las condiciones de vida de las comunidades afectadas.
Ciertamente, corresponde al Estado la función de garantizar a los ciudadanos un ambiente seguro para el desarrollo de sus vidas; no obstante, todo lo vivido implica una profunda reflexión sobre la corresponsabilidad de todos los actores de la sociedad, en particular de las empresas y privados que se dedican al rubro forestal.
Es importante que esta tercera crisis provocada por los incendios, en menos de diez años, genere cambios sustantivos en la política pública y en la autorregulación de los privados, de modo que se creen nuevas condiciones de vida que permitan una adecuada convivencia entre las zonas de plantación forestal y las zonas habitadas por comunidades o familias, tanto urbanas como rurales.
Un segundo punto de reflexión: el cuidado de nuestra Casa Común: El Papa León XIV, en el marco de la X Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, nos invitaba a redescubrir el mandato bíblico de «labrar y cuidar» el jardín del mundo (Gn 2,15). Este mandato establece una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza, rechazando cualquier forma de "dominio despótico" e irracional sobre lo creado. De diversos modos y en sus distintas manifestaciones, las crisis ambientales deben movernos a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza, el bosque, la flora y la fauna, y el aprecio por la biodiversidad.
Las palabras de León iluminan el modo de relacionarnos con la creación: el ser humano debe ejercer su señorío no como un tirano, sino como un rey sabio que cuida de su pueblo o como un pastor de su grey, respetando la fisonomía y el destino que Dios ha dado a cada criatura.
Tercer punto de reflexión: un testimonio de vida, San Francisco de Asís: Recientemente, el Papa León ha convocado un año especial de gracia con motivo del VIII centenario del "Tránsito de San Francisco de Asís". En su carta a los ministros generales de la Conferencia de la Familia Franciscana, animaba a cultivar una "visión franciscana de la paz" que trasciende las relaciones humanas y abarca toda la creación.
San Francisco de Asís cultivó una visión de paz que renovó su vida y generó un movimiento que traspasó el ámbito eclesial, provocando un impacto social basado en una nueva relación con Dios, con los demás seres humanos y con la creación. En definitiva, una única llamada a la reconciliación universal, tan necesaria para estos tiempos. Autor: Bernardo Álvarez Tapia Obispo Auxiliar de Concepción. COLUMNA