Al filo del hielo: la determinación de Nicolás Bisquertt
Al filo del hielo: la determinación de Nicolás Bisquertt A pocos centímetros del hielo, Nicolás Bisquertt se acomoda en el partidor para iniciar la carrera. Mira la pendiente, sabe que la bajada durará poco más de un minuto, pero ese tiempo concentra meses, incluso años de preparación. En el esquí alpino paralímpico no hay margen para corregir sobre la marcha: la velocidad manda y el cuerpo absorbe todo. Desde ese lugar compite Bisquertt, literal y simbólicamente. En el esquí sentado, cada vibración, cada cambio de terreno y cada impacto se sienten de forma directa. Es un deporte exigente, físico y técnico, donde no hay margen de error. No obstante, este es el escenario desde el cual el esquiador chileno proyecta uno de los momentos más importantes de su carrera: los Juegos Paralímpicos de invierno Milano-Cortina 2026, en Italia. Durante dos semanas ahí disputará cinco pruebas: descenso, súper gigante, slalom gigante, slalom y combinada. Son carreras independientes y separadas por días intermedios, una dinámica que ya conoce bien. “Estamos acostumbrados a esa intensidad en los entrenamientos. Normalmente, cuando uno entrena, hace más bajadas que cuando corre”, explica. En ese contexto, el desafío pasa por regular las cargas y aprovechar los días libres para llegar recuperado a cada nuevo inicio. A los 27 años, y después de haber pasado por Pyeongchang 2018, en Corea del Sur, y Beijing 2022, en China, Bisquertt llega a su tercer Juego Paralímpico desde un lugar distinto. No solo por la experiencia acumulada, sino por el momento físico que atraviesa. “Hoy en día estoy yendo al 100% y eso en la actualidad es mucho más alto de lo que fui a China”, dice. En esa ocasión una lesión marcó su preparación. Esta vez, el proceso ha sido continuo y sin interrupciones. Italia no le resulta ajena. Desde hace años entrena ahí durante los inviernos europeos y conoce bien el circuito. “Entrenamos todos los veranos allá. Ya conocemos las pistas, los centros de esquí, a la gente. Hasta hablo un poco de italiano. Es como nuestra segunda casa”, cuenta. La temporada previa a los Juegos no deja espacio para la improvisación. Entre enero y febrero, el calendario de la Copa del Mundo se vuelve intenso: ocho fechas, viajes constantes y poco tiempo entre carreras. La preparación cambia de lógica. “Se baja el volumen y se cuida mucho la energía”, explica. Dormir bien, recuperar, ajustar cargas. El desafío, dice, pasa menos por “aguantar” que por administrar bien los descansos y llegar recuperado a cada partida. Desde fuera, el esquí parece resumirse en el minuto de la bajada. Desde dentro, la jornada empieza varias horas antes. Reconocimiento de pista, calentamiento, visualización, bajadas de entrenamiento. Luego fisioterapia, gimnasio y análisis. “Mis días son bien intensos y parecidos entre sí”, dice. La rutina no es monotonía, en esa repetición se construye el rendimiento. Esa forma de enfrentar el deporte dialoga con otra parte de su vida. Bisquertt estudia Ingeniería Civil en la Universidad Católica, carrera que ha adaptado a su calendario de esquí. No lo vive como un sacrifico extremo, sino como parte de su estructura. En la bajada, como en los estudios, hay análisis previo y ejecución rápida. “Se analiza la pista, se arma una estrategia, pero después hay que tirarse. No hay que pensar tanto”, comenta. Si hay una prueba que hoy siente más propia, esa es la combinada alpina: una bajada de súper gigante seguida de una bajada de slalom. No es casualidad. La mezcla de ambos exige lectura fina, adaptación constante y tomar decisiones rápidas. En el otro extremo está el descenso, donde la velocidad impone respeto y el margen se estrecha. Ahí, los nervios siguen siendo parte del juego. “Si no estoy un poco asustado, probablemente no me vaya muy bien”, reconoce. Para Bisquertt ese miedo no paraliza: alerta y acelera. Es la señal de que va al límite, consciente de que, en esta disciplina, mientras más rápido se baja, antes se termina la carrera y la adrenalina. En el hemisferio sur, las competencias cumplen otro rol. Aunque su peso internacional es menor, para Sudamérica son claves. “Para nosotros es fundamental”, afirma. Ahí se construye continuidad, s e s u m a n puntos y se mantiene vivo un circuito que todavía está creciendo. Bisquertt no lo ve solo desde lo individual: entiende que competir también es abrir espacio para los que vienen.
“Me encantaría tener más compañeros de equipo, que el esquí paralímpico en Chile crezca y que haya más gente compitiendo”. La temporada 2025 fue especialmente sólida y le valió el reconocimiento como Mejor Esquiador Paralímpico por el Círculo de Periodistas Deportivos. El premio no aparece como una consagración sino como señal de consistencia. Bisquertt lo recibe con gratitud más que como un punto de llegada. “Siempre se agradece estar ahí, en medio de los mejores deportistas de Chile”, comenta. Para él, es un impulso para seguir entrenando y compitiendo. A pesar de todo lo que ha logrado, Bisquertt no se ve a sí mismo como un ícono. “Por ahora no pienso en eso, quiero concentrarme en llegar lo más alto posible”, dice con la tranquilidad y determinación que lo caracteriza. Su obsesión es el próximo desafío, la próxima bajada y seguir empujando sus límites. Para quienes lo observan desde fuera, Nicolás ya se ha convertido en un referente ineludible del esquí paralímpico en Chile y Sudamérica. Cuando vuelve a Chile, después de meses fuera, el ritmo cambia. La familia, los amigos y la casa actúan como un cable a tierra después de la temporada. “Normalmente, lo primero es un asadito con los amigos”, cuenta. No es solo una costumbre: es la manera más concreta de volver a sentirse en casa, bajar revoluciones y reordenar todo lo demás. Más allá de Milano-Cortina, Bisquertt evita proyectarse en términos grandilocuentes. Prefiere pensar en continuidad, en seguir compitiendo y manteniéndose cerca de la montaña. La carrera del esquiador paralímpico es larga, y él siente que todavía tiene margen. Por ahora, el foco está claro: llegar bien preparado, repetir el rendimiento y competir cada bajada como si fuera la primera.
A pocos centímetros del hielo, con el cuerpo alineado y la cabeza fría, Nicolás Bisquertt sigue haciendo lo que mejor sabe: bajar rápido, decidir bien y pensar a largo plazo.. Con 27 años, dos Juegos Paralímpicos completados y rumbo al tercero, el esquiador chileno desafía la velocidad y la gravedad en cada bajada. Entre Italia y Chile, y estudio y entrenamiento, su foco es claro: superar límites, abrir camino y demostrar que el esquí paralímpico chileno tiene nombre propio.