Andrea Hernández: Del barrio en Parral a las luces de ESPN
Andrea Hernández: Del barrio en Parral a las luces de ESPN Juan José Vega Rodríguez A ndrea Hernández Gutiérrez lleva a Parral en la voz.
No porque lo diga cada vez que aparece frente a una cámara, sino porque hay algo en su manera de contar el fútbol, de emocionarse con una jugada o de mirar el deporte; que todavía conserva el barro de la infancia, el olor a campo húmedo y el ruido de una pelota improvisada golpeando contra los muebles de la casa o los estantes del colegio. Antes de trabajar en televisión, antes de los estadios, de las transmisiones y de los análisis deportivos, Andrea fue simplemente una niña de provincia. Inquieta, desordenada y feliz. "Yo era más de afuera, que de adentro", recuerda. Mientras otros preferían quedarse en casa, ella vivía entre la lluvia, los árboles y los animales. Llegaba empapada después de jugar bajo el agua y eso jamás le preocupó demasiado. El campo era su territorio natural. Creció rodeada de patos, gansos, gallos y gallinas, que para ella nunca fueron simples mascotas, sino compañeros de vida. Todavía habla con emoción de Nick y Tenia, dos perros que marcaron su historia y que siguen habitando sus recuerdos con la fuerza de quienes dejan huella para siempre. En esa casa ubicada en el camino a la montaña, en las afueras de Parral, Andrea aprendió algo que más tarde sería esencial en su carrera, la autenticidad. Nunca intentó parecer otra persona. En clases era conversadora, inquieta, una pequeña tormenta imposible de contener. Pero también era inteligente, cercana a sus profesores y profundamente curiosa. Le gustaban las humanidades, escribir, observar. Y aunque todavía no lo sabía del todo, el periodismo ya comenzaba a abrirse paso en su vida. Mientras muchas niñas de su edad compartían otros intereses, ella encontraba afinidad hablando de fútbol con sus compañeros hombres. El balón era EA pri una extensión natural de su cuerpo. Jugaba durante horas en el patio, armaba pelotas de papel cuando el colegio confiscaba las verdaderas y volvía a casa con las panties destruidas de tanto correr. El fútbol no era una moda ni un gusto pasajero. .. era una forma de habitar el mundo. Etapa de decisiones Por un tiempo creyó -por sus "amiguitos del campo"que su destino podía estar en la veterinaria. Después de todo, adoraba los animales y parecía lógico imaginarla trabajando cerca de ellos. Pero en tercero medio algo hizo "clic". Fue viendo a la selección chilena clasificando al Mundial Sub-20 de A Turquía 2013. Mientras observaba a esa generación dirigida por Mario Salas, sintió por primera vez que el fútbol podía ser más que una pasión. Andrea ya tenía señales. Cuadernos llenos de formaciones, apuntes de partidos, nombres de jugadores anotados con una obsesión casi ritual. "Lo hacía sin saber que años después esa misma costumbre sería parte de mi trabajo cotidiano", comentó. Ahí entendió que quería contar historias deportivas y vivir dentro de ese universo que tanto la había acompañado desde niña. Entonces, llegó la conversación difícil. Irse de Parral a Santiago no sólo era cambiar de ciudad. Era abandonar el refugio del campo, la familia y la vida conocida. Sus padres entendían el riesgo, pero también la convicción de su hija. Andrea apostó todo, y ganó. En 2016, con apenas 17 años y una maleta cargada de sueños, llegó sola a la capital.
Así, comenzaba su vida independiente, donde cada jornada era un aprendizaje. .. la ciudad, la universidad y la adultez al mismo tiempo. "Como muchos estudiantes provincianos tuve que enfrentar el cambio de pasar del pueblo a la capital. No conocía nada de Santiago (. .. ) Era un mundo totalmente lejano, pero cuando me embarqué, sabía que para llegar a destino debía atravesar eso", recalcó. Inicios y consolidación La Universidad de Chile fue su alma mater hasta el 2021 y allí dio sus primeros pasos. No fue en un estadio repleto ni una transmisión nacional; fue en los campus de esa casa de estudios, liderando un programa radial enfocado en los campeonatos inter facultades. No había glamour ni grandes cifras de audiencia, pero sí algo esencial, historias reales donde palpaba la esencia del periodismo. La radio Bío-Bío fue su siguiente estación. Ahí realizó su práctica profesional, experiencia que amplió radicalmente su mirada sobre el deporte. Corría enero de 2020 y llegó el llamado de ESPN. Detrás de esa oportunidad había años de trabajo silencioso, jornadas cubriendo partidos sin grandes audiencias, horas aprendiendo a dominar el micrófono y la perseverancia para abrirse espacio en un medio altamente competitivo. Andrea ingresó al canal deportivo más importante del continente y rápidamente comenzó a consolidarse. Con 23 años, su carrera dio un salto. Desde los estudios de ESPN Argentina condujo SportsCenter Chile, enfrentando el desafío de trabajar en una de las capitales más intensas de América Latina. "Me sondean para un proyecto que se estaba armando recién. Buscaban una mujer y me llaman a la prueba de casting. No pensé que quedaría, pero terminan eligiéndome a mí para reportear a la 'U'. Ahí vino la pandemia y en eso Grace Lezcano se devuelve desde Argentina y me ofrecen la posibilidad de conducir allá. Acepto y un año después me voy a Buenos Aires", señaló. La experiencia al otro lado de los Andes amplió su mirada, fortaleció su oficio y la preparó para una nueva etapa. "Fue la mejor escuela. Fue pura ganancia, porque te va puliendo. Además, está el desafío de vivir en otro país y otra cultura. Hoy con una perspectiva más consolidada, puedo decir que me ayudó bastante. Crecí mucho", comentó. La chica del violín Entre el campo y las canchas improvisadas, entre los ladridos de sus perros y los recreos agitados de la infancia, también existía espacio para la música. El violín apareció como un refugio íntimo, delicado, casi secreto. Una disciplina distinta, más silenciosa, que convivía con esa personalidad eléctrica que nunca pudo quedarse quieta. Tal vez ahí comenzó a construirse el equilibrio que hoy la define. Intensidad y sensibilidad en partes iguales. Así, la historia de Andrea no estaría completa sin mencionar el violín, y es que música y periodismo son, en el fondo, oficios que comparten raíz. Ambos requieren escuchar antes de hablar, entender el ritmo antes de intervenir, saber cuándo guardar silencio.
En cierta forma, la síntesis perfecta de quién es. .. la periodista deportiva que puede analizar un partido y a la vez tocar el alma con las cuerdas. "El violín aparece como a los 9 años, mi hermana mayor tocaba y lo sigue haciendo hasta ahora. Un día de curiosa rocé las cuerdas de su violín y ahí ingresé a la orquesta de Parral (. .. ) Sé leer partituras, pero nunca me gustó estudiar el violín como tal", señaló. Hoy el instrumento sigue ocupando un lugar privilegiado en su vida.
Descansa en su casa como un refugio silencioso al que vuelve cuando los días se tornan difíciles, "y es que cuando la vida se pone media ruda, toco violín, y ayuda un montón". Su vínculo ha sido tan profundo que incluso fue su compañero de viajes al irse a vivir a Argentina. El violín cruzó la cordillera junto a ella y también regresó a Chile.
Por eso, entre risas y emoción, lanza una frase que resume ese amor incondicional. .. "el día que me muera, que me entierren con el violín". " Consagración televisiva Durante el año 2022, el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile, la galardonó como la mejor profesional joven. Un reconocimiento que venía a confirmar que el camino elegido era el correcto. En 2023 regresó al país convertida en una de las figuras con mayor proyección dentro de ESPN. Hoy, ese metódico trabajo la posicionan como panelista y conductora en el programa Futbol Show de esa cadena televisiva. En ese transitar, también se integró al área deportiva de Mega. Pero ni el ascenso profesional ni la posibilidad de convertirse en "rostro" le quitaron el sueño a esta joven parralina.
Al contrario, con una mezcla de nostalgia y honestidad, reconoce que en su carrera hay una etapa pendiente, una experiencia que el vértigo de los medios y las oportunidades profesionales terminaron postergando. "Al pasar tan rápido de una etapa a otra, gané y perdí mucho en el camino. Agradezco mi posición actual pero no niego que me hubiese encantado reportear muchos más años. Es una de las disyuntivas que pesan un poco, sobre todo cuando hay partidos de Copa Libertadores o Sudamericana", argumentó. Así y todo, con los años, la niña que corría empapada detrás de una pelota, terminó frente a las cámaras, analizando partidos y construyendo un espacio propio, en un ambiente históricamente difícil para las mujeres.
Pero hay algo que nunca cambió; y es que sigue siendo esa niña de Parral que prefería el patio antes que el encierro, que encontraba libertad en el fútbol y emoción en las cuerdas de un violín. Y es que algunas historias, como la de Andrea, no empiezan en un estudio de televisión, más bien se escriben y forjan en el barro. "Soy afortunada de hacer esto. Es lo que siempre quise. (. .. ) Fue una apuesta estudiar periodismo, sin saber que iba a pasar.
Hoy puedo decir que lo logré", puntualizó.. Antes de las cámaras, los estadios y la TV, Andrea Hernández fue una niña que corría bajo la lluvia, abrazada a sus perros, al sonido de su violín y a una pelota que jamás soltó Andrea Hernández: Del barrio en Parral a las luces de ESPN.