Autor: El trabajo,
Columnas de Opinión: Una brújula espiritual para comenzar marzo
Columnas de Opinión: Una brújula espiritual para comenzar marzo San Mateo (17,1-9) Marzo siempre irrumpe. Cierra la pausa veraniega y nos devuelve, sin demasiada cortesía, a las rutinas: al año académico que comienza, a las labores que retoman su ritmo, a los proyectos personales que vuelven a reclamar atención. Dejamos atrás la “montaña” reparadora del descanso para descender nuevamente a la “llanura” de lo cotidiano. Y este retorno no es neutro: ocurre en un mundo tensionado por desconfianzas globales, donde reaparecen lógicas de fuerza que amenazan la paz. Ocurre también en un Chile que se prepara para un cambio de gobierno, con las legítimas expectativas y ansiedades que acompañan todo traspaso de poder. En medio de este paisaje, la liturgia del segundo domingo de Cuaresma nos ofrece una brújula espiritual: la escena de la Transfiguración. Para comprender la identidad profunda de Jesús, los discípulos debieron alejarse del ruido y de las categorías mundanas que miden a las personas según su poder o su utilidad. Tuvieron que subir una montaña para entrar en la mirada de Dios. Del mismo modo, también nosotros necesitamos, a veces, distanciarnos interiormente para recuperar perspectiva; escalar ese “monte espiritual” donde la vida revela su sentido más hondo. Esa altura no es evasión. En la cima, los apóstoles contemplan un rostro que resplandece como el sol y unas vestiduras que brillan como la luz. No es un cambio repentino: ven, por fin, lo que siempre estuvo ahí y no alcanzaban a percibir. Descubren la verdadera gloria, la que no se sostiene en éxitos humanos ni en derrotar enemigos, sino en la transparencia del amor. La gloria resplandece en quien elige servir y entregar la vida por los demás. Esa es la belleza deslumbrante de la condición humana transfigurada, donde lo divino y lo humano se unen de forma perfecta. La reacción de Pedro nos resulta cercana. Quiere quedarse ahí, levantar chozas, prolongar la experiencia. Así también nosotros quisiéramos extender indefinidamente el descanso o refugiarnos en nuestras certezas sin arriesgarnos demasiado. Pero el Evangelio es claro: la montaña no es el destino final. Hay que bajar.
Y no para volver igual, sino para transformar la llanura con la luz recibida. la familia, los estudios, las responsabilidades sociales: todo se renueva cuando comprendemos que el propósito no es la vanagloria ni el provecho personal, sino el servicio. La voz del Padre “Escúchenlo” resuena con especial fuerza en tiempos marcados por tensiones internacionales, incertidumbres éticas y miedos que suelen ensordecer el corazón. Escuchar a Jesús implica transformar actitudes, relaciones y decisiones. En el Chile que se prepara para un nuevo gobierno, esta invitación no podría ser más pertinente. Los verdaderos cambios en la vida personal, comunitaria o política rara vez nacen de gestos grandilocuentes. Brotan, más bien, de la construcción paciente de confianzas, del diálogo sincero, de la renuncia al egoísmo y de la apuesta por el bien común. No es el mundo de los dominadores el que irradia belleza; es el mundo de los que sirven. Este marzo, entonces, volvamos a la llanura. Pero hagámoslo revestidos de luz, con la determinación de disipar desconfianzas, de reconstruir vínculos, de contribuir a un país más humano, donde la grandeza se mida por la capacidad de servir. Esa es la transfiguración que está al alcance de todos.
“Mientras estaba aún hablando, apareció una nube luminosa que los envolvió y de la cual salió una voz que dijo: Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!”. (Mt, 17,5) Los verdaderos cambios en la vida personal, comunitaria o política rara vez nacen de gestos grandilocuentes. Brotan, más bien, de la construcción paciente de confianzas, del diálogo sincero, de la renuncia al egoísmo y de la apuesta por el bien común.
Autor: El trabajo,. EL EVANGELIO HOY “Mientras estaba aún hablando, apareció una nube luminosa que los envolvió y de la cual salió una voz que dijo: ‘Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo! ’”. (Mt, 17,5) Los verdaderos cambios en la vida personal, comunitaria o política rara vez nacen de gestos grandilocuentes. Brotan, más bien, de la construcción paciente de confianzas, del diálogo sincero, de la renuncia al egoísmo y de la apuesta por el bien común. PADRE OSVALDO FERNÁNDEZ DE CASTRO. Párroco de la iglesia de la Veracruz y vicegran canciller de la UC.