Autor: María Gabriela Huidobro Salazar Doctora en Historia Académica de la Universidad Andrés Bello Decana Asociada EHE, Tecnológico de Monterrey
Columnas de Opinión: Desigualdad digital
Columnas de Opinión: Desigualdad digital urante marzo, la publicación de estudios que analizan la situación de las mujeres en diversos ámbitos de la sociedad se ha convertido casi en una tradición.
Unos que llaD maron mi atención por estos días se referían a las brechas digitales: según investigaciones realizadas en España y América Latina, pese a que el acceso a Internet es casi universal, existe una distancia entre hombres y mujeres en cuanto a competencias y capacidad de apropiación del entorno virtual. De acuerdo con estos estudios, las mujeres poseen menos habilidades digitales y menor participación en áreas tecnológicas, lo que limita su autonomía en estos espacios. Muchas, además, se sienten poco preparadas para enfrentar problemas de ciberseguridad y desconfían de la tecnología. Hace unos días, estuve a punto de caer en una estafa digital. Recibí un correo con un enlace de descarga para las entradas a un concierto. La información coincidía con una compra que había hecho y, por lo mismo, no tuve razones inmediatas para desconfiar. Sin embargo, un detalle mínimo y al mismo tiempo garrafalme hizo dudar. En lugar de invitarme a acceder "a través" del enlace, el correo me sugirió hacerlo "a travez" del mismo. Mi ojo ortográfico me salvó de ser una víctima más del robo de datos personales. Ésta es una anécdota que, aunque parezca banal, nos alerta de un problema cada vez más común, en particular, entre las mujeres. Si lo que dicen esos estudios es cierto, la percepción de inseguridad no sólo es mayor entre nosotras mientras caminamos por las calles, sino también cuando entramos en el mundo digital. No nos sentimos listas para hacerle frente. La evidencia es aún más cruda cuando observamos los efectos de la violencia en ese entorno. Un porcentaje significativo de mujeres ha experimentado acoso o intimidación en línea. La tecnología, lejos de ser un espacio neutral, reproduce y a veces amplifica desigualdades preexistentes. En lugar de corregir las brechas del mundo físico, las traduce, las reconfigura y puede profundizarlas. El problema es que, dado que las mujeres han tenido históricamente menor acceso a formación tecnológica, el riesgo no es sólo técnico, sino cultural. En una sociedad marcada por la inmediatez, la automatización y la delegación del pensamiento, este problema se agrava. Si dejamos de escribir, de leer con detención, de cuestionar, perdemos aquello que nos permite defendernos. Y si esa pérdida afecta más a ciertos grupos que a otros, la brecha se convierte en una forma concreta de vulnerabilidad. Por eso, la alfabetización digital no puede reducirse a enseñar el uso de herramientas computacionales. No basta con incorporar inteligencia artificial en las aulas o capacitar en habilidades técnicas, pero tampoco sirve erradicar las pantallas o las tecnologías de las salas de clases. Lo que hace falta es educar en esas habilidades que las humanidades forman, como el pensamiento ético-filosófico, el juicio crítico o, incluso, la capacidad de distinguir un texto bien escrito aplicadas a las tecnologías. Las humanidades son hoy, más que nunca, necesarias en el sistema educativo. No sólo permiten formar a las personas en una alfabetización crítica, sino en estrategias para reducir brechas a través de habilidades que van más allá de la competencia técnica. Son estas herramientas cognitivas y culturales las que pueden ayudarnos a detectar una estafa, identificar un abuso o una manipulación. En el fondo, se trata de volver a lo esencial: lenguaje, pensamiento, juicio.
En un mundo donde lo falso se perfecciona cada día, la verdadera defensa no radica siempre en saber más de tecnología, sino en forjar otras armas desde la educación, como la atención al lenguaje, la pausa o el juicio. Ahí no existen las mismas brechas de género. Por el contrario, es allí donde radican oportunidades para apropiarnos de un mundo digital que, aunque a veces quisiéramos rehuir, llegó para quedarse.
Autor: María Gabriela Huidobro Salazar Doctora en Historia Académica de la Universidad Andrés Bello Decana Asociada EHE, Tecnológico de Monterrey. "No basta con incorporar inteligencia artificial en las aulas o capacitar en habilidades técnicas, pero tampoco sirve erradicar las pantallas o las tecnologías de las salas de clases. Lo que hace falta es educar en esas habilidades que las humanidades forman".