Autor: Ricardo Díaz Cortés Gobernador regional
Columnas de Opinión: Un pórtico no basta
Columnas de Opinión: Un pórtico no basta alama está de luto. La Región entera está de luto.
Los hechos que lamentablemente han ocurrido en el Instituto Obispo Silva Lezaeta marcan un hito respecto de lo que deberemos entender por convivencia escolar y, en general, por el grave clima de violencia y polarización que como sociedad vivimos. Todo lo que se pudo hacer falló.
Ya lo decía el alcalde de Calama: hace rato se venía detectando un aumento de la violencia entre los jóvenes y, más grave aún, las cifras de quienes intentaban atentar contra su propia vida seguían creciendo. Desde el CORE impulsamos diversos programas para mejorar las condiciones de salud mental en los establecimientos, pero todos resultaron insuficientes. El Estado chileno sigue actuando desde la precariedad y se escuda en el presupuesto en lugar de buscar soluciones que permitan contar con más especialistas en salud mental para la región. Pero no es lo único que falló. Los establecimientos educacionales siguen enfrentando escasez de equipos psicosociales.
Y las familias se ven sobrepasadas por una tecnología que no logran controlar y no logran entender las redes en las que se mueven sus hijos o advertir qué pasa por sus mentes. ¿Qué se hace cuando todo falla? ¿ Cuando el Estado llega tarde, las instituciones no alcanzan con sus recursos y las familias se ven sobrepasadas? Algunos políticos lo saben muy bien: sumarse al miedo y a la queja, emitir denuncias y oficios para ganar unos minutos de pantalla. Pero el problema seguirá existiendo, y ellos irán luego a denunciar otra nueva crisis. Ese no será nunca nuestro camino. Tras lo ocurrido, las familias afectadas y quienes trabajan en ese establecimiento, me pidieron que hiciera algo para recuperar la seguridad: un pórtico. Eran personas devastadas, que necesitaban una señal concreta para volver a confiar. Por eso realizamos las gestiones para instalarlo. El pórtico no es la solución, lo sabemos, pero permite dar una señal de que las cosas deben cambiar. Porque cuando todo está mal, primero hay que acoger, proteger, dar consuelo y, desde ahí, comenzar a reconstruir. Ese debiese ser el rol de todos. Pero ese pórtico no basta si no cambia nuestro modo de convivir y de encontrarnos. No se trata solo de activar un protocolo para su funcionamiento, sino de revisar nuestras formas de convivencia. En primer lugar, fortalecer la alianza entre familia y escuela, para que dejen de verse como rivales y entiendan que toda acción debe orientarse al bienestar de niños y niñas. Estar atentos, a nuestros jóvenes, advertir sus señales, comprender lo que consumen en internet y, sobre todo, cuidar a quienes no se sienten integrados. Y el Estado debe actuar en coordinación y dejar de lado la disputa política en materias que nos competen a todos. ¿ Fortalecer la seguridad? Por supuesto. Pero entender que el pórtico no basta si no enfrentamos la crisis de salud mental ni acompañamos a quienes viven y trabajan diariamente en las comunidades educativas. Necesitamos más centros de atención, más especialistas, mayor uso de telemedicina, mejor infraestructura escolar y espacios donde los jóvenes puedan reencontrarse y convivir. Por eso, aunque levantemos pórticos, reforcemos protocolos y aumentemos controles, nada será suficiente si no somos capaces entre todos de reconstruir lo esencial: el modo en que nos reconocemos y nos cuidamos. Porque al final, la verdadera seguridad no se instala en la entrada de un colegio. Un pórtico no basta. C Columna Autor: Ricardo Díaz Cortés Gobernador regional. C Columna